jueves, 12 de mayo de 2011

Catalepsia.

(Del lat. catalepsis, y este del gr. κατάληψις, acción de coger, sorprender).

1. f. Med. Accidente nervioso repentino, de índole histérica, que suspende las sensaciones e inmoviliza el cuerpo en cualquier postura en que se le coloque.

En realidad aún no sé como etiquetar esta palabra, si como fuera de uso, o como un cuentin más; de ambos hay algo y veréis el motivo.
Desde que era niño, oí a mi padre la siguiente recomendación: "Cuando alguien diga que estoy muerto, aseguraos bien, no vaya a ocurrir que me entierren vivo". Y es que estando en Coruña, ya lo daban por muerto a resultas de una infección. Lo llevaron a la sala de donde solamente se salía para la fosa, donde permaneció varios días. Comentaba que allí vio la famosa luz y que gracias a una enfermera que se percató de que aún vivía, no lo enterraron. Estaba entonces haciendo la mili y llegó a los 92.
Alguien le dijo que como consecuencia de la enfermedad, había sufrido un estado cataléptico y que anduviera con ojo.

La segunda parte de esta pequeña historieta, tiene lugar en el rastro. En ese rastro de Madrid que comienza a los pies de Cascorro y en los años cincuenta llegaba hasta Lavapiés. Si alguno recuerda aquella secuencia de la película de Isbert, Ozores y compañía en este mismo lugar, entenderá de forma más clara lo que yo trato de explicar.
Un hombre abre una mesa de tijera, patas de madera y base de tela caki. Sobre ella coloca una maleta de aquellas de cartón, asa metálica, color marrón claro con unas estrechas bandas a los lados; rojas y marrón oscuro. La abre. En su interior pueden apreciarse cajas de bombillas "Osram". La gente se va arremolinando y defraudados por lo que creen es un vendedor de cosa tan simple, empiezan a dar media vuelta. Entonces y a voz en cuello grita que no se vayan, que él no vende aquello. Los mirones se detienen, él aprovecha para colocarse un micrófono conectado a una batería y altavoz. Pero algo no marcha bien, aunque no se da cuenta y comienza su discurso;

- Ñoras, ñores, yo .oy una ..pecie de mago de lo. que no han vi.to ..tedes po. aquí. Van a pode. apreciar el es.ómago ma. fu.ete que jamás han vi.to. Voy a procede. a la inge.ta de e.tas bon.illa. sin truco del almen..uco…

Y mientras hablaba, abrió una de las cajas, sacó la bombilla, la envolvió en un pañuelo y con un golpe la hizo añicos. Cogiendo un pedacito lo mete en la boca, lo mastica y lo traga, luego otro y otro.

Aplausos, pasada de gorra y el más difícil todavía…

- Seño.as y s..ores, van a pod.. ap.ecia. algo aun má. difícil…

Entonces, uno de los espectadores, situado en la parte posterior del corro, grita…

- "Cambia el micro, que tie catalesis"

Las dos anécdotas son ciertas, el tragaldabas comió bombillas a bocados y de postre unos clavos, pero no fue capaz de reparar el aparato con "catalesis".

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