viernes, 27 de mayo de 2011

El espejo del alma.

Dicen que la cara es el espejo del alma. Yo lo niego. Bueno, no seré tan rotundo; quizá estaría mejor que hubiera dicho… yo soy incapaz de ver el alma en la cara de Nadíe.
Y es que Nadíe era tan hermosa, sus ojos tan arrobadores, sus maneras tan suaves, que parecía imposible que aquellas facciones escondieran un alma tan perversa.
Nos hicimos novios por casualidad; ¿bailas?- Si. Me llamo Jorge. Yo Nadíe. ¿Nadie?- No, Nadíe. ¡Ah! ¿Te quedas otra pieza? - Bueno. Y al final, con las palmeras, nos arrimamos. Muy juntitos, mejilla con mejilla. Había nacido algo.
Pocas palabras, manos unidas, algo parecido al escalofrío recorriendo mi espalda, y en el portal de su casa, el primer beso. ¡Oh gozo inconmensurable!

Quedamos para el siguiente y el siguiente y el siguiente del siguiente. Yo estaba hasta las cachas, enamorado, se entiende. Hasta que un día, en que me esperaba en cierto lugar céntrico en el que unos obreros trataban de abrir una zanja, oí como la decían cosas impropias; ¡oye nena, yo me meto a torero si con esos dos pitones lidiamos en el ruedo de tu cama! Animados por la superioridad, cuatro contra una, se sentían valientes y descarados; ¡y yo como el otro, quisiera ser tu tampón para estar todo el día dentro de ti! Y ella ni se inmutaba, ni se marchaba. Me encaré con ellos y casi llego a las manos; ¡Tu mejor lidias al cabestro de tu padre, so mierda! ¡Y tú, que tanto aceite pierdes, te metes el tampón en el culo, so maricón!

Lo recuerdo bien. Fuimos a celebrar la noche vieja a una sala de fiestas. A una mesa estaban dos matrimonios. Uno de los hombres, gordo y calvo, con traje de buen corte no hacía más que, a escondidas de su mujer, guiñarle el ojo a mi novia. Cansado ya me levanté y me fui hasta ellos; ¡oye, gordo seboso, pudiera ser que el guiño que continuamente le haces a mi novia fuera un tic, pero la lengüita se la metes en el coño a tu...
El gordo quiso protestar; ¿Sabe quién soy yo? Pero su mujer comprendió que quien antepone su estatus social a cualquier otra disculpa, es culpable. Lo agarró por el cuello de la chaqueta y tratando de izarle le dijo; ¡Hala, para casa, que me tienes que explicar un par de cosas!

También nosotros nos marchamos, revuelta la bilis de mi cuerpo, agriado el estomago y con una pena infinita. Pero aquella noche ella supo resarcirme. Hacerme olvidar los fantasmas que por mi cabeza rondaban. ¡Quiero ser tuya! Pero yo lo fui de ella. Solamente al otro día me di cuenta. Iluso de mí. Pensé que su flor sería mía, más pude comprobar que de ella ya había libado algún zángano.

No me molestaba. Bueno, sí, me molestaba, pero podía soportarlo. Lo que no soportaba eran los engaños, las medias verdades, la duda siempre omnipotente.

Deberíamos irnos a un lugar lejos, donde solamente estuviéramos nosotros dos, sin familia, sin ataduras. Yo hice lo posible porque aquello que deseaba, se materializara.

Mis compañeros de trabajo quisieron darme una despedida. De esas de buena cena, bastante vino, camaradería, chistes picantes y final de traca. Acabamos en un Top-lees para tomar unas copas. Pero yo no dí cuatro pasos más allá de la puerta. Mi rostro se tornó lívido, las piernas me flaquearon y de no ser por alguien, casi me vengo al suelo. Me sacaron a la calle. La cena sin duda. El aire fresco me vendría bien. ¡Que poco sabían ellos! Aquella conejita de altos tacones, medias con costura, faldita corta, muy corta, y busto al aire, era Nadíe. ¡Y ella que me decía; los pechos no, que serán los cántaros de miel donde se alimentarán nuestros hijos!

Me miré al espejo. Verdaderamente mi cara tampoco reflejaba mi alma. Esa alma, celosa, egoísta, que prejuzgaba, que veía maldad en lo que bien pudiera ser solamente un trabajo.

5 comentarios:

Rubén dijo...

no si se veía venir, que algo malo se avecinaba.
¡qué cuanto más buena esté la moza más tiempo anda uno espantando moscones! conque si encima se dedica a vender miel, vienen a miles.

Esilleviana dijo...

HOla Alfredo, amigo.

yo soy la que apenas está por blogger.
No sé que me pasa, pero estoy en mi estación seca de palabras jaja.
Escasamente leo blog y siento tampoco leer el tuyo.

qué tal va todo?
sigues con tu pesca de fin de semana?
te envio un correo.

ahora te leo.

Esilleviana dijo...

jajaja
vaya Alfredo...

no sé por qué?
pero, ¿quien puede verse reflejada en este cuento, tan bien narrado?
:)

A veces nos centramos en personas que no tienen nada que ver con nosotros, no solo en intereses, edad, ideas... -y sé de lo que escribo-, sino también en formas de plantearse y organizar su vida.

Sin duda, esta chica (Nadíe)no era lo suficientemente buena para tu protagonista. Él se merecía alguien que le pretendiera y deseara con cierta rotundidad?, sin ninguna discusión jajaja.

un abrazo, amigo.

Alfredo dijo...

Rubén y Esilleviana.
Sois un tanto inmisericordes en vuestros comentarios.
Rubén, ¿quién te dice a ti, que esa chica no esté simplemente trabajando? Hasta el final, nada malo había hecho, si es que servir copas con el pecho al aire, se puede decir que es una mala cosa. La necesidad obliga a veces a cosas inauditas.
Esilleviana, ¿no crees que el protagonista, es cuanto menos, un mala leche? ¿no muestra signos algo machistas?: Yo quiero esto para mi solo y al que ose guiñar un ojo, lo descalabro. ¿Qué le haría a ella si cometiera el más leve desliz?

Normalmente, trato de disculpar a las personas, a sabiendas de que somos complejos y de que hay numerosos factores que pueden alterar el modo de ser de cada cual.
¿Por qué juzgamos siempre a primera vista? No lo sé, debe de ser innato, pero ocurre con frecuencia. Por eso yo no serviría como jurado, siempre quedaría en mí la duda, y, aunque los hechos fueran probatorios, posiblemente no sabría enjuiciar la decisión que llevó a cometer un crimen.
Salu2.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
Dudo mucho es afirmación, por tus escritos veo que no hay sequía de palabras, al contrario.
Esi, los fines de semana no voy a pescar, lo hago de lunes a viernes desde las 2 hasta las 9 una vez que doy por finalizadas las "labores campestres".
Slu2.