lunes, 2 de mayo de 2011

El herrero que no tenía cuchillo de palo.


Hefestos, Efestio o Vulcano nació en la volcánica isla de Lemnos. Personificó en un principio el fuego celeste y el dios de los rayos. El fuego permitió a los hombres el trabajo de los metales haciendo progresar la civilización, razón por la que aparece como el forjador divino, el dios artesano que creó obras admirables y enseñó a los hombres las artes mecánicas.

Hefestos, concebido por Hera según Exíodo sin intervención de hombre o dios alguno, fue representado como un robusto obrero forjador; con barba y cuello poderoso, pecho peludo, chaqueta corta y sin mangas que dejaba al desnudo su hombro derecho, y portando en sus manos el martillo y las tenazas. Hizo su aprendizaje como herrero en la isla de Naxos bajo la supervisión del enano Kedalión que le inició en el arte, y ayudado en sus trabajos por los Silenos y los Sátiros.

Contrariamente a los demás inmortales, era contrecho, patizambo y de andar poco seguro, despertando la risa de los otros dioses. Tenía también mala salud, probablemente, como cuenta Homero, porque su madre Hera, disgustada por la fealdad de su hijo, lo lanzó desde lo alto del Olimpo al mar. Nueve años permaneció oculto en una profunda gruta forjando ingenios mientras preparaba su venganza.

Cierto día Hera recibió como regalo de su hijo un trono de oro bellamente cincelado en el cual se sentó llena de alegría. Pero, cuando se quiso levantar, observó con sorpresa que estaba retenida en él por invisibles lazos. Ni los dioses fueron capaces de liberarla y solamente Dionisios, embriagándolo, consiguió conducirlo al Olimpo a lomos de un asno donde sellaron la paz.

En una disputa entre Zeus y Hera, intervino Hefestos a favor de esta última, y el enojado Zeus, lo cogió por un pie y lo precipitó a los espacios. Nuevamente a volar y esta vez durante todo un día dando vueltas y más vueltas hasta que a la puesta del sol cayó en Lemnos. Zeus tenía malas pulgas, ya que está admitido en forma general y contradiciendo la Teogonía, Hefestos era hijo de Zeus.

A pesar de estas desventuras, poseía un espíritu sutil y lleno de inventiva, y suyo era el arte de trabajar los metales. Construyó los palacios de los dioses en el Olimpo y su propia morada a base de cobre incorruptible, y se le podía ver en su taller rodeado de hornos en llamas, bañado en sudor y martilleando sobre un enorme yunque el ardiente metal.

En las profundidades del monte Mosiklos había establecido sus forjas y de aquí le robó Prometeo el fuego divino que entregaría a los hombres. Cambió el emplazamiento de sus fraguas instalándose en monte Etna y era tanta su actividad, que los navegantes podían ver los penachos de humo cuando se acercaban a las costas sicilianas. De aquí salieron trabajos delicados como el trono de oro, el cetro y los rayos de Zeus y Júpiter; las flechas de Apolo y Artemisa; la coraza de Hércules; la guadaña de Deméter y el carro de Helios; la diadema de Ariadna y el cetro de Agamenón; los toros de cobre de cuyas narices brotaban llamas; los perros de oro y plata del palacio de Alcinoo; el arpa de Perseo y creó a Pandora, la primera mujer a la que moldeó con agua y barro dotándola de vida y voz humana convirtiéndola en virgen de deslumbrante belleza.

4 comentarios:

OZNA-OZNA dijo...

bellisima leyenda nos regalas, muchisimas gracias por hacernos participes de ella , un besin muy grande de esta asturiana.

rubo dijo...

Ahora estoy acabando de leer un libro titulado "las mejores leyendas de la antigüedad clásica". La verdad es que es todo un mundo; mejor dicho, un universo.
Salu2.

Alfredo dijo...

OZNA-OZNA.
Gracias a ti por leerla.
Salu2.

Alfredo dijo...

rubo.
Aunque casi todas las hemos leído ya alguna vez, no está demás recordarlas.
Salu2.