domingo, 5 de junio de 2011

In memorian.



Esto no es un panegírico al uso, los que me leen ya saben como soy, y tal vez el título sea un tanto rimbombante, sin embargo, solamente quiere ser un simple recuerdo para alguien que se fue, que formó parte de nuestra vida, que nos pudo causar sinsabores o momentos agradables y placenteros, con quien disfrutamos y que guardaremos ya en nuestra memoria. Al final, lo que cuenta siempre será lo positivo, y las más de las veces, quedará el cariño forjado durante tantos años de convivencia.

Llega un momento, en que nuestros mayores se van. Según se dice, es ley de vida. Una ley injusta a decir de mi tía Pilar, que cuando con ochenta años le empezó a ver las orejas al lobo, decía: ¡hay Dios! ¿Por qué tenemos que morir? Jamás le oí decir tal cosa antes de esa edad, a pesar de que mis abuelos, primero él y luego ella, no llegaron a los sesenta. Mi tía aguantó hasta los noventa y dos.

Lo cierto es, que cuando los que te preceden van desapareciendo, nos dejan a los que venimos detrás en la primera línea de fuego, somos - y con mucha suerte, pues hay quines cayeron primero, sin atender la ley- los próximos. Y eso posiblemente nos marque; ya somos "los viejos". Aunque nuestro espíritu siga siendo joven, aunque pensemos que aún nos quedan muchas cosas por hacer, aunque creamos mantener nuestra fuerza vital.

Ángeles, la madre de mi mujer, o "suegra" como yo la llamé durante mucho tiempo para hacerla de rabiar, era la última de nuestros mayores y que ahora me deja a mí en vanguardia. Otra que alargó la vida hasta los 91 y eso que como ellos decían, "somos los del tiempo la fame". Seguro es que pasaron privaciones, que pasaron por momentos difíciles, antes, en, y después de la guerra, pero yo siempre les he oído contar, primando sobre todo esto, la alegría con que vivieron su juventud, su madurez y la tranquilidad de la vejez.

Viviste bien "guela", como siempre digo, lo tuyo. Eso nadie te lo pudo quitar. Te fuiste rodeada de tu familia, en tu habitación, en tu cama y posiblemente sin dolor. Aunque ese trago tan amargo, tú sola lo pasaste. Espéranos por allá siquiera otros 30, así estaremos a la par, pues también a nosotros nos tocó algo de aquella "fame", y quiera Dios, si es que hay otra vida, que en ella te encuentres con los tuyos y goces de las bienaventuranzas. Descansa en paz.

4 comentarios:

Esilleviana dijo...

Irse rodeada de los que te quieren, en tu habitación, en tu cama es ser afortunada, por tanto, el dolor es menos áspero y doloroso... bueno, esto es escribir sin saber de pleno.
Pero sobre todo, que espero 30/35 años para el encuentro.

un abrazo y
que descanse en paz.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
Gracias.
35 para mí ya serían muchos. No los quiero a no ser que me encuentre como ahora. Claro que entonces necesitaría 30 más.
salu2.

rubo dijo...

Lamento la noticia que me pilló en el extranjero. Mi más sinceras condolencias para ti y los tuyos. Un abrazo.

Alfredo dijo...

rubo.
Gracias rubo, espero ver pronto las fotos del viaje.
Salu2.