martes, 7 de junio de 2011

Los cuentinos de los sentidos. El tacto de la vecina.

Tenía yo una vecina cuyo marido era tratante de ganado, razón por la cual, pasaba bastante tiempo fuera de casa. El indicio más claro de que no estaba, era la falta del pequeño camión donde transportaba las vacas.

Aquella mujer, siempre estaba a la puerta cuando venía de vuelta de la escuela y me miraba con ojos de deseo. Yo, un niño tímido y crecido para mi edad, al que en la clase todos llamaban gordito relleno, le tenía un poco de miedo.

- Hola Robertin ¿ya saliste de clase? Un si, y apretaba el paso.

Poco a poco me fue acosando, y un día me dijo… ¿ya te salieron los pelillos en esa parte? Yo, que aun ni tenía bozo, cuando estuve solo me fui al cuarto de baño, cogí jabón, la brocha y la navaja de afeitar de mi padre. Mi mano temblaba, pero me afeité el pubis y no dejé ni un pelo.

Lo malo fueron los días siguientes con los picores del rebrote, pero nuevamente tiré de navaja, y así ha venido sucediendo durante muchos años.

La culpable fue ella. Me engatusó diciendo que tenía queso de Villalón y dulce ¡con lo que me gustaba! que pasara. Me atraqué de dulce y queso, pero eso fue después de que ella, con delicado tacto, acariciara todo mi cuerpo, de que me metiera sus voluminosos y caídos pechos por la cara… y de que hiciéramos "cuchi cuchi".

Con el pasar del tiempo comencé a exigir regalos que siempre complacía, y, aunque me causaba repelús, me fui haciendo el dueño de la situación; ¡hoy lo haremos así! y se convirtió en mi esclava. Ella fue la culpable de que hoy sea un vulgar chulo, que ya no se afeita el pubis, porque ha querido dejar de ser niño.

4 comentarios:

Rubén dijo...

bueno, bueno, si el marido era tratante de ganado, ya estaba acostumbrado a los cuernos.

Esilleviana dijo...

jajajaja
además del comentario de Rubén...
ehhh
este no es el Alfredo que conocí hace meses jajaja.
Pero sobre todo, me alegro de que Roberto haya crecido y aquella mujer dejara de intimidarle, nadie merece estar sufriendo así como tampoco, infundir miedo a otros, mientras les asusta.

un abrazo
buen escritor.

Alfredo dijo...

Rubén.
Como a la Esi,se me saltó la risa al leer tu comentario. Muy bueno.
Salu2.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
¿Acaso me encuentras más picantón?
Roberto creció, pero convertido en un rufián que se aprovechaba de las mujeres. Mi cuanto es un alegato contra la pederastia de cualquier género. ¿O es que solamente los hombres atacan a los niños/as? ¿Cuántas madres, por contemplar demasiado a sus hijos, hacen de ellos unos machistas empedernidos?
Salu2.