martes, 23 de agosto de 2011

El sueño, la conciencia y el oro del Bigaral.

Por fin hoy me siento con ánimo para escribir y leer algo. La semana pasada, y debido a una avería de telefónica que nos dejó sin Internet, tuve un accidente doméstico, no demasiado serio, pero de esos que en milésimas de segundo te hacen ver toda tu vida. ¡La palmo! pensé cuando sentado en el sillón del ordenador, me caí de espaldas escaleras abajo. Tres cuadros rotos, dos macetas, las ruedas fuera de sitio y el respaldo de la silla reventado. Magulladuras y heridas de cristales en brazos y piernas, amen del costalazo que se va suavizando gracias a las pastillas que la médica de urgencias me recetó. Y menos mal que la predicción no se cumplió, pues a ella le parecía que podía tener un par de costillas rotas.

En fin, os contaré un cuentin, que aunque sea malo, siempre será de más interés que los lloros de un quejica.


El sueño, la conciencia y el oro del Bigaral.

Tuve un sueño la otra noche, de esos largos y bien urdidos, como hacía tiempo no tenía. Supongo que será influencia de la mar a la que como sabéis acudo casi a diario. Veamos si soy capaz de recordarlo.

Salí de un organismo oficial - no sé cual, no importa y me temo que tampoco la forma sería la correcta, pero quedamos en que esto era un sueño- con la autorización para recoger toda chatarra que encontrara en los fondos marinos desde la orilla hasta cinco millas mar adentro y desde el cabo Vidio en Cudillero hasta el cabo Torres en Gijón. Podía recoger todo aquello que no fueran restos arqueológicos, de los que estaba obligado a dar cuenta a fin de que alguien más competente que un simple chatarrero, se hiciera cargo de ellos.

Me hice a la mar con mi pontona, tras muchas horas de charla con viejos marinos que habían tenido naufragios y previo estudio con detector de metales de distintas zonas que había marcado en el mapa por cuadriculas.

Ya la primera semana de trabajos, dimos con un pesquero a no mucha profundidad y comenzamos el desguace. Los buzos cortaban la chapa que luego la grúa subía a la superficie y aunque la rentabilidad era prácticamente nula - con eso ya contábamos- nos servía de entrenamiento para presas de mayor envergadura.

Cerca de la playa del Bigaral, el detector que llevábamos en la zodiac de rastreo, dio señales de vida. Eran tenues, pero lo suficiente como para bajar a investigar. Tal vez un ancla perdida. Pero lo que encontramos fue una lancha con seis motores fuera borda, que había sufrido un incendio y provocado el hundimiento subsiguiente. A todas luces aquél no parecía el lugar donde ocurrió el suceso, pero el temporal la había llevado hasta allí. Como quiera que barco de tales características no era habitual en esas aguas, decidí rebuscar en todos los recovecos sin subirla a la superficie, cosa fácil para la pontona, pero demasiado llamativa para los fisgones.

Bendita la hora en que tal cosa se me ocurrió, pues en un pequeño compartimento, descubrimos cincuenta lingotes de oro de 24 kilates y un kilo de peso. La pequeña inmersión nos iba a reportar más o menos unos tres millones de euros. Pero tras la alegría, comenzaron nuestras dudas; ¿Lo estarían buscando los traficantes? Sin duda. ¿Nos estarían vigilando? ¡Quien sabe! cada tipo con unos prismáticos era un posible sospechoso. ¿Y la guardia civil, sabría del asunto? Según el contrato suscrito con la administración, nos pertenecía. ¿Seguro? Desde luego chatarra no era. ¿Era lícito, achantar el pico y repartir, sabiendo que era un bien ilícito? ¿Cómo cambiaríamos el oro por dinero sin levantar sospechas? ¿Hablaría alguien más de la cuenta?

Nuestro equipo estaba formado por ocho personas y todos participábamos en el negocio a partes iguales, es decir; nueve a repartir ya que la pontona - Yo -tenía derecho a una parte, y la toma de decisiones se llevaba a cabo por votación.

Lo lógico y lo sensato hubiera sido dar parte del hallazgo y que el organismo competente nos recompensara con lo que nos correspondiera, pero, ¿os habéis fijado, que ninguna de las preguntas que nos planteamos, iba en ese sentido? ¿Acaso la avaricia, no acabaría rompiendo el saco?


Parece extraño, pero casi siempre sucede que cuando estás a punto de cometer una falta, aparece la conciencia. Y la conciencia apareció en forma de patrullera de la guardia civil. Botaron la zodiac y se acercaron hasta donde nosotros estábamos, cerca de la rompiente. Preguntaron que era lo que hacíamos y nos pidieron los papeles. Todo en regla, pero pasado el susto, una avioneta civil comenzó a dar vueltas en torno nuestro; de la pontona, al bote, luego la vuelta por Luanco, para girar nuevamente en Aboño hacia la plataforma y al bote. Comenzamos a ponernos nerviosos. Cuando el aparato se alejó, un barco comenzó a levantar nasas cerca de donde estábamos, luego los veleros, los botes que iban al calamar, dos tipos haciendo esquí acuático, y creo que hasta el vendedor del cupón. Aquello pareció de pronto como el paseo que se hacía antiguamente en la calle Corrida; vuelta va y vuelta viene.

Metimos nuestro oro en una bolsa y lo fondeamos con el ancla de la barcaza hasta decidir tras un sueño reparador lo que haríamos. Al día siguiente, cuarenta y un lingotes pasaron a la caja fuerte de un banco en presencia de juez, notario y altos mandos de la policía. Salimos con un resguardo en la mano, y la conciencia muy tranquila, pero que muy tranquila.

7 comentarios:

Rubén dijo...

Bonito sueño, más original ocho en un barco que seis en la primitiva, típico sueño para hacerse millonario. ¡Quiá!, yo me quedo con el romanticismo del mar, el barco y el ¿"tesoro"?

rubo dijo...

Afortunadamente te has llevado un susto y unas magulladuras pero sigues sano como un roble para seguir escribiendo historias como ésta que publicas hoy.
Saludos.

rubo dijo...

Quiero decir, afortunadamente SOLO te has llevado un susto y unas magulladuras. A buen entendedor...

Marina-Emer dijo...

bueno ...me alegro que la caida no haya sido nada por lo que pudo ser ya que yo ya me he caido dos veces del sillón de ruedas del ordenador pero caigo en llno y sólo es el golpe que.....el culo.....
me ha encantado tu sueño al menos oye soñar con tanto oro ...yo si que una vez soñé con muchos billetes dentro de una caja grande de camisas que yo tenia en un cuarto de enredos yb la caja llena de planos y dibujos de mis estudios..pero como mi marido acostumbraba a esconderse algun billetito ...me puse la escalera ,me subi a la ultima estanteria donde estaba la caja ...la cojí y se me resbaló y cayo la tata y....BINGOOOOOempezaron a caer billetes decien y de cincuenta y yo con los ojos como platos y la que se formo entre mi Asturiano y yo...me regaló todos los billetes y (fiesta mayor)para contentarme...ese si fue real que acabo con mucho dinero y mucho amor.
un abrazo
Marina
***ESPIGAS DEL ALMA III ***

Alfredo dijo...

Rubén.
Me alegro te guste el mar tanto como a mí. Lo del barco ya es punto y aparte, dicen que está muy hondo allá por donde navegan y que se mueven mucho. Yo soy de tierra firme, tanto, que aún las islas me dan algo de repelús.
Salu2.

Alfredo dijo...

rubo.
Gracias por el interés, aunque aún estoy dolorido. Yo pensé que me ibas a decir o preguntar donde está la playa del Bigaral. Supongo que lo sabrás, pero por si acaso te diré que se llamaba así por que daba gran cantidad de bígaros. Ahora la llaman la playa de los cristales, y está en Antromero. Antiguamente tiraban allí la basura junto con las botellas, que rotas, se mezclaron con las arenas y guijarros, dando un colorido distinto y no muy conocido al reflejarse el sol en las perlas de colores formadas por el viven de las olas.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marina.
Gracias Marina. Aún estoy tomando pastillas y no puedo hacer movimientos bruscos o levantar pesos, pero va todo mejor.
Me has recordado con tu anécdota a un vecino de mi madre, muy querido para mí y fallecido hace muchos años. La mujer no le dejaba fumar- lo tenía prohibido por el médico- así que él le sisaba de la paga algunos cuartos que iba metiendo en una caja y de donde sacaba para el vicio. El hombre se murió, y al poco su mujer. A mis padres le tocó desmontar la casa en ayuda de un sobrino- no tenían hijos- y mi padre encontró la caja con los billetes que a punto estuvieron de ir a la basura.
Salu2.