lunes, 1 de agosto de 2011

La tía Cordula.

La tía Cordula era mayor, beata, soltera, rica y tacaña, aunque no precisamente por ese orden. Colocando unas cortinas, cayó de la silla donde se había subido y a decir del médico, había muerto como consecuencia de un golpe en el occipucio.

El velatorio fue de aquellos que se hacían en casa- no había tanatorios- donde familiares y vecinos se regalaban con rosquillas, cazalla y coñac mientras glosaban las virtudes de la difunta, aunque no tuviera ninguna. Cuando la gente fue disminuyendo, los rosarios rezados pasaban de treinta, y las sombras de la noche avanzaban, reunidos todos los sobrinos con sus respectivos y respectivas en la cocina, empezaron a preguntarse donde podía estar y cuanto sería el dinero de la fallecida.

La casa era grande y había bastante donde buscar. Lo seguro es que estaba allí; no se fiaba de los bancos. Se repartieron por parejas mixtas, pues como buenos herederos de los genes familiares, todos recelaban de los demás. Alguien encontró un arca primorosamente tallada escondida en un hueco de la pared que ocultaba un baúl. Apartaron las botellas y la colocaron sobre la mesa de la cocina. El arca tenía cerradura, pero la llave no aparecía. Calientes por las continuas libaciones, decidieron forzarla, momento en que alguien menos tomado, tuvo la feliz idea de ir a buscar al cuello de la tía. Un respingo recorrió la espalda del sobrino al entrar en el comedor. Sobre unos caballetes descansaba el ataúd con la tapa abierta y la mortecina luz de los cuatro velones causaba un efecto nada agradable. Efectivamente, la llave pendía al cuello. Antonio alargó la mano y de un tirón arrancó el cordón. Entonces creyó oír un leve quejido, y hasta le pareció ver aparecer en el rostro de la muerta una mueca de disgusto.

¡Imaginaciones!

Escrituras de propiedades, acciones de empresas importantes, alhajas y unos buenos fajos de billetes aparecieron ante sus ojos. Pero también un testamento ológrafo, donde claramente especificaba a quien dejaba su herencia. Todos los ojos se fijaron en aquella línea:

-"A mis sobrinos, que poco se han preocupado hasta ahora de mi persona, que les den a partes iguales lo que por ley les corresponda, y ni un céntimo más"

Y allí comenzaron las discusiones. Se cuantificó a groso modo lo que había y cuanto les podía corresponder, optando como en Fuenteovejuna, todos a una, y sin reparo alguno, por quemar el papel, esperar un tiempo prudencial y si no había reclamación u aparición de testamento ante notario, vender y repartir. Mejor era que ellos lo disfrutaran y no curas y monjas.

Antonio, que no las tenía todas consigo, o tal vez se sentía culpable por no respetar el deseo de la finada, se acercó de nuevo hasta los pies del féretro para contemplar a su tía. Fue entonces cuando apreció que una de sus manos se movía, soltaba el crucifijo que sostenía sobre el pecho y trataba de buscar un asidero para incorporarse. Acojonado como estaba, corrió hacia la pared donde habían dejado arrimada la tapa, la levanto y a toda prisa trató de colocarla en el lugar que le correspondía. Dos de los cirios cayeron al suelo, y estaba tratando de encajar la tapa, cuando alarmados por el ruido llegaron los demás.

- ¡Hay que atornillarla - decía echado sobre el ataúd- que me da mucho yuyu!

Y la atornillaron, y Antonio no se quitaba de encima, lloriqueando y balbuciendo…

¡Tía, yo no quería esto, pero no hay más remedio. Ya está todo repartido, no es posible hacer lo que deseabas!

Todos entendieron que tenía remordimientos.

4 comentarios:

Rubén dijo...

Quedaría dinero al pobre, y algo de insomnio seguro que también.

Esilleviana dijo...

Entonces Antonio hizo que la silla de la que se cayó su tía se moviera, provocándole la rotura del occipucio (esto es, el cuello -tuve que buscar la palabra en cuestión...-)?
porque leyeron el testamento que ella había redactado e hicieron lo que ella exponía: todo para los sobrinos?
aclarame esta duda.
tengo que dormir la siesta jajaj.

un abrazo

Alfredo dijo...

Esi.
Esi, ¿no te has dado cuenta, que yo solo escribo cuentos sencillos? El testamento ológrafo, es el que se escribe de puño y letra, sin pasar por el notario. Si desaparece, aquí paz y después gloria, es decir; los familiares son los herederos de todo. Ellos lo queman por la sencilla razón de que solamente les deja una pequeña parte, lo otro, lo gordo, va destinado a monjas y curas- era muy beata.
El meollo de la cuestión, es que Antonio, al ver moverse a su tía, corre a cerrar el féretro para que se asfixie; ha cometido un posible homicidio, del que no quiere se enteren los demás. De ahí que se arroje sobre la tapa ya puesta, y pide que se atornille.
¿Me expliqué?
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Supongo que el disfrute de la pasta le devolvería el sueño.
Salu2.