lunes, 26 de diciembre de 2011

Atacir.

(Del ár. clás. tasyīr, curso de los astros).

1. Astr. División de la bóveda celeste en doce partes iguales o casas por medio de meridianos.
2. m. Astr. Instrumento en que se halla representada esta división.

Bonita palabra, como tantas otras que provienen del árabe. De esta cuestión saben bastante los astrólogos, y aunque yo no creo en estas cosas, algo debe de haber; los pescadores buscan siempre la hora en que la luna es propicia, y los agricultores andan a vueltas con el creciente y el menguante a la hora de sembrar sus pepinos.

Ya sabemos que no es lo mismo astrología - relación entre los sucesos del cosmos y los sucesos terrenos- que astronomía - conocimiento por medio del estudio de los cuerpos celestes del universo- aunque hace mucho tiempo ambas iban de la mano.

Ya digo que no creo mucho en la astrología, pero lo cierto es, que me aterra la astronomía. Me gusta ver el cielo, pero sin pensar demasiado; ese concepto de firmamento sin fin, de eternidad, hace que me sienta mucho más ínfimo que la deposición de una mosca entre las arenas del desierto.

Y ahora vienen los científicos y dicen que están a punto de encontrar la "partícula de Dios" y saber la composición del universo. Tal parece que quieren descubrir como Dios se las arregló para crear el cosmos. Con lo sencillo que era aquello que dice el Génesis; "en el primer día Dios creo el cielo y la tierra La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo. Dios hizo la luz y las tinieblas. A la luz la llamó "día", y a las tinieblas, "noche". El segundo día Dios creó el firmamento y al firmamento Dios lo llamó "cielo".

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