miércoles, 28 de diciembre de 2011

La letra, con sangre NO entra.

A menudo me cuesta trabajo expresar mis pensamientos, siendo incapaz de razonar y exponerlos de manera clara y concisa. Sin embargo, hay cosas en las que creo firmemente -auque luego resulten equivocadas- y que en mi mollera aparecen perfectamente nítidas. Creo, que el título de este panfleto  es cierto, aunque aún hay personas  a las que nos invade la nostalgia de tiempos pasados.

Fui a un colegio - perdón, ya comienzo mal- fui a una escuela de aquellas de antes- lógico, pues ya pasé los sesenta-  que ni siquiera tenía rango de "Nacional" y que trataré de rememorar.

La pared que da al norte es donde se halla la puerta, en el centro, a ambos lados, dos grandes ventanales con los cristales translúcidos para que nadie moleste hacia el interior, o entretenga sus miradas hacia la calle.
Al sur, otros tantos ventanales que dejan pasar sol y luz y desde donde se divisan los tejados de las casas situadas en un plano más inferior. Entre ambos, tejados y pared, está el patio de recreo al que se accede por una escalera al fondo de la estancia.

En el lado que da al este, hay una tarima y en el centro, la mesa del maestro. Justo detrás, un crucifijo en lo alto y el cuadro de Francisco Franco debajo. A la derecha, un pizarrón y a la izquierda, distintos mapas cuelgan de un clavo. Bajo el cuadro del "Caudillo", una leyenda escrita en letra gótica de color rojo:
"La Letra, con Sangre Entra" y para aseverar este dicho, sobre la mesa, palmetas de distintos grosores.

Tres pasillos flanquean los pupitres dobles de madera, que a cada a cada lado tienen encastrado su tintero de porcelana. En cada fila se sientan doce chicos - la escuela no está concebida para niñas- y hay ocho filas de pupitres, lo que significa una capacidad de noventa y seis alumnos.

En la pared del fondo, al oeste, varias estanterías contienen libros que ocupan la mitad de esta, y la otra mitad está dedicada a perchero.


El suelo es de tablazón, la calefacción funciona con calor humano y los baños - dos lavabos y tres placas turcas- están ubicados en el sótano, al pie de la escalera del patio.

Los educandos, van desde los seis años a los diez y seis, ocupando las filas primeras los de más edad, hasta llegar a las últimas con los más jóvenes.

Las materias que se imparten, lógicamente, inherentes a cada edad, así, los mayores estudian básicamente mucha matemática y cálculo, física, y literatura, mientras que los pequeños damos mucha lectura, caligrafía, dictado, ciencias naturales, matemáticas, e historia.

Visto a través de los años, no dejo de admirar la capacidad; aptitud, talento, inteligencia, habilidad y experiencia de aquél hombre para manejar tan abigarrado conjunto de mocosos y mozalbetes, tanto unos como otros en su peor edad. Los primeros por inconscientes, y los segundos por contestatarios.

Mientras los primeros se dedicaban a resolver problemas complicados- la mayor parte de ellos pasarían de allí a ocupar puestos administrativos en bancos y empresas- los pequeños leíamos, cantábamos la tabla del cinco, o aprendíamos a voz en cuello los cabos y ríos de nuestra península. Cuando unos hacían dictado, otros cuentas de dividir, raíces, o daban de memoria la lección impuesta el día anterior.

Hasta los diez años, todos los días teníamos lectura, comenzando por libros sencillos y con historias sencillas pero atrayentes. De uno en uno subíamos al estrado, y allí, al lado del maestro, empezábamos una aventura. Corregía los acentos, o la pronunciación, y tenía la habilidad de interrumpir cuando se ponía más interesante, dejando para el día siguiente la continuación.

Por aquellas lecturas supe de lugares, personajes, mitos y leyendas. Supe que había en Escocia un lago donde habitaba un monstruo al que llamaban Nessie, que en las nieves perpetuas del Himalaya se escondía el tímido Yeti. Que Transilvania fue la patria del conde Drácula, y que su mención trae aparejados al Hombre Lobo, y a Frankestein. Que en los bosques americanos se esconde también Pies grandes o Big Foot, y que el Hombre del Saco y el Sacamantecas, correspondían a dos criminales españoles con el que nuestras madres nos asustaban.

También aprendimos de la importancia del paralelo 38 en la guerra de Corea, quien era Chan Kai Check y Mao Zedong, donde estaba Indochina y el motivo de la huida de los franceses de esa su colonia, la batalla de Dien Bien Fu y Ho Chi Minh, el hundimiento del Maine y la guerra de Cuba… que hubo en la antigüedad un tal Homero que nos describió héroes como Aquiles o Ulises, un Cervantes, que relató las andanzas de un loco maravilloso que prometió una ínsula a su escudero, o un bardo que nos regaló Romeo y Julieta, y que escribió este epitafio para su tumba, la que nadie ha osado tocar por miedo a la maldición.

Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.

Aprendimos, para no olvidar jamás, quien fue Pelayo, el Cid Campeador, los Reyes Católicos y aquel moro que lloró como mujer, lo que no había sabido defender como hombre. De las traiciones de Audax, Ditalcos y Minuros, aquellos a quien Roma no pagó por la muerte de Viriato. La de Don Julián a Don Rodrigo, que propició la entrada de los muslimes en España, la de Bellido Dolfos a don Sancho II de Castilla

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real: ¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,
por las calles de Zamora va dando voces y gritos:
Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.

Con ninguna de las lecturas de estas historias, ficticias o verdaderas, jamás el maestro hizo uso de las reglas y varas de castigo. Esas las empleaba para los tozudos, que como yo no éramos capaces de aprender la tabla del siete.

Por eso digo, que la letra no entra con sangre, tal vez los números si entraran en aquella época, pero no la letra.

Hoy se enseña de forma distinta, y los pedagogos no utilizan la palmeta, pero a mi me queda alguna duda... ¿tan equivocado estaba aquel hombre?

7 comentarios:

Marina-Emer dijo...

ya un poco recuperada vengo a desearte un feliz año nuevo ...un abrazo muy fuerte Marina

Rubén Álvarez dijo...

Yo creo que ni tanto ni tan poco, Alfredo... ahora parece que a los guajes se les deja campar por sus respetos... y así nos va... aunque siempre habrá afortunadas excepciones...
Saludos y feliz 2012

Marina-Emer dijo...

Eres para mi un amigo tan especial que vengo a desearte que el brindis de la noche te deje mucha felicidad y la simpatia que ya tienes por arrobas ,gracias Alfredo
un fuerte abrazo
Marina

Esilleviana dijo...

:)

más tarde vuelvo y te leo con tranquilidad...

ahora se me hace tarde.

hasta luego amigo.
(no te lo creerás, pero hacía varios meses que te echaba de menos...).

:)

Alfredo dijo...

También yo Marina, brindaré por mis amigos entre los que te cuento.
Salu2 cordiales.

Alfredo dijo...

Rubén.
Desde la humedad de Asturias, un recuerdo entrañable para los que vivís en la nieve de León.
Salu2.

Alfredo dijo...

Esilleviana.
Ya te dije una vez, que yo siempre estoy ahí, aunque con mis silencios no lo parezca.
Salu2.