domingo, 1 de enero de 2012

¿Dónde está la verdad?

El.

Unos leves golpes sonaron en la puerta. Bajé el volumen del televisor y abrí.

¡Y allí estaba ella!

Como en esos trances peligrosos, en que uno ve aparecer toda su vida en décimas de segundo, así rememoré circunstancias, y palabrería de la semana anterior.

Estábamos en aquella oficina tres hombres y cuatro mujeres; un momento de charla mientras tomábamos el café mañanero. Marta y yo planificábamos el viaje que emprenderíamos en unos días por motivos laborales, los demás, interviniendo en una conversación que poco les atañía. Unas nos lanzaban indirectas y los otros  no se cortaban un pelo...

- Oye, que vais a trabajar, no de ligue.

- Eso, que la distancia es larga, las noches de hotel solitarias… y nadie os vigila.

- Roberto es formal, no hay cuidado ¿verdad vida?

- Ya, pero tras una buena cena y unas copas…

Yo, callaba mientras aquellos mentecatos daban por sentado lo que iba a suceder, tal vez por que en alguno de ellos era costumbre, y los otros, en su fuero interno, ansiaban tener la oportunidad de ese ligue.

Y Marta decía que yo era formal. ¿Acaso en esta afirmación, no iba implícita cierta aquiescencia?

La respuesta a aquel augurio estaba ante mi puerta.

- Soy yo, ya estoy aquí.

Pero mi menda no estaba para líos de esos que, aún estando a más de mil kilómetros, se llegan a conocer. Y no es que importara, que me importaba, es que yo era… no sé si decir, demasiado formal, o tonto de remate. Pero ambos estábamos casados, y yo enamorado de mi mujer. Me fastidiaba enormemente engañar a un hombre al que conocía, consideraba buena persona, y que confiaba en una mujer, que a la vuelta de la esquina se la quería pegar.

Tenía la puerta entreabierta; la mano derecha sobre el pomo, el brazo izquierdo apoyado en el marco. Le estaba indicando con mi actitud, que aquel espacio era mío, y que por allí no pasaría.

Ella lo comprendió al instante. Los nudillos de sus manos, que asían los laterales del tres cuartos, se colorearon por la rabia contenida. La estratagema de exhibicionista que intuí pretendía, no le iba a dar resultado. Cruzó los brazos bajo el pecho y dijo…

- Oye, como soy muy dormilona y tú te levantas temprano, ¿me podrías dar un toque para el desayuno?

- De acuerdo, no te preocupes.

Tonta escusa, pero había de mantener su dignidad mientras se alejaba por el pasillo en busca de su habitación. Los zapatos rojos de aguja y el corto abrigo que dejaba ver sus desnudas piernas más arriba de las corvas, era, a buen seguro, la única vestimenta que portaba.

Varios taxis nos esperaban por la mañana para llevarnos al lugar de la reunión. En el nuestro se acomodó también Pili, una compañera de otro centro a la que conocíamos de antiguo.
Cuchicheaban atrás mientras yo prestaba atención al tráfico y hablaba con el taxista. En un momento determinado, Marta se inclinó hacia delante y colocando su mano sobre mi hombro, me dijo…

- Oye vida, ¿me despertarás un poco más temprano mañana? Es que apenas si me dio tiempo a peinarme.

Contesté un de acuerdo sin prestar atención a la celada, pero Pili creyó que allí había contubernio. Lo notaba en sus miradas de los días posteriores.

Aquella especie de acoso cesó. Aunque la tranquilidad total no vino a mí, tenía la sensación de que aquella victoria pírrica suya, me traería funestas consecuencias.



Ella.

Tomé aire antes de llamar a la puerta de su habitación. Tenía que tranquilizar aquella quemazón que había comenzado unos días antes allá en el trabajo. Todos eran culpables del incendio, pero sin duda Tere fue la principal:

- Será un buen amante, no desaproveches la ocasión.

- ¡Jesús, que cosas dices! ¿Recuerdas que estoy casada y tengo dos niños?

- ¿Y? Una semana es muy larga, las noches frías y él está de toma pan y moja. Yo no lo dudaría.

- Que cosas se te ocurren, vida.

- Dale gusto al cuerpo aunque solamente sea por esta vez. Olvida unos días al muermo de tu marido, las ocasiones hay que pillarlas aunque sean por los pelos.

- Roberto nunca se propasaría, es demasiado serio para estos temas. ¿Acaso a ti te ha piropeado en alguna ocasión? ¡No! No es su estilo, eso son cosas del babas de Juan o de Pepe.

En el avión quise hacer una tentativa. Sabía que Roberto no daría el primer paso, pero tampoco yo estaba segura de querer darlo. Con la disculpa del miedo, le dije que me tomara de la mano, luego, cerré los ojos y recosté mi cabeza contra su brazo. Noté como se ponía tenso. Por la rendija de mis párpados vi como su humanidad aumentaba. Del respaldo del asiento delantero cogió un folleto publicitario que colocó sobre las piernas, abrió el aire a tope sobre su cabeza, llamó al timbre y pidió un whisky con tres piedras de hielo, a continuación bajó la bandeja para cuando vinieran con la bebida, ya más tranquilo, estiró las piernas.

La primera reunión comenzó por la tarde tras la asignación de habitaciones en el hotel y el encuentro con los otros participantes. Luego, todos juntos, cenamos en un restaurante, tomamos unas copas, se formaron grupos, y cada cual se dispuso a disfrutar de la noche a su modo.

Esperé en mi habitación durante veinte largos minutos, y como él no llamó a mi puerta, me decidí a hacerlo yo a la suya. Abrió no más de un palmo para ver quien era, luego, la puerta quedó franca. Estaba desnudo, con una toalla alrededor de la cintura y el pelo mojado. Lo había pillado en la ducha. Yo con mis zapatos rojos y la trenca sobre la piel. Cruce una pierna para tapar la parte baja del pubis y dejé ver el resto de mi cuerpo. Cayó la toalla al suelo, me agarró por una muñeca y me introdujo en la habitación. Nos abrazamos con pasión y fuimos cayendo hasta el suelo.

- ¡No! sobre la moqueta no, aunque sea de cinco estrellas, siempre hay ácaros.

Y la noche transcurrió voluptuosa. Tere tenía razón.

3 comentarios:

Vir dijo...

¿Y cuál de las dos será la real? ¿O habrá una tercera versión? Muy buena, ;)

Alfredo dijo...

Vir.
Gracias por el comentario y sobre todo, por la paciencia.
Contestando a tu pregunta, ya te digo, que no habrá una tercera. Sin embargo quiero darte mi opinión. Roberto, me parece un "matalascallando", va de buena persona y tal vez lo sea, pero…
Ella llama a la puerta y dice "YA estoy aquí". ¿Significa que habían quedado? Si la respuesta fuera afirmativa, no hay más que hablar; él es el mentiroso. Si hubiera sido negativa, simplemente denotaría que Marta estaba segura - la situación en el avión lo confirma- de que sus encantos no pasaban desapercibidos. Se la puede acusar de atrevida, pero no de mentir. Además, las palabras las pone él en su boca.
Tan bien pensado como es Roberto y, ¿se deja coger en "la trampa" con lo de despertarla? ¿No lo pueden hacer desde la recepción? Ha dejado sembrar la duda en la mente de Pili, ¿conscientemente?, ¿está buscando nuevo ligue?, ¿simplemente ego?
Quien miente una vez, miente un ciento y, sino la haces, no la temas. En Roberto concurren las dos circunstancias. Yo creo que Roberto miente, pero… quien sabe.
Salu2.

Vir dijo...

Y es que yo soy fácil de engañar. Al principio no dudé de Roberto, al leer su visión, digo. Pero al leer la de Marta... y es que, ¿qué ser humano se resistiría a semejante tentación? Siempre me quedará la duda, ;)