domingo, 29 de enero de 2012

El camarero, el químico y el indigesto pulpo.

- Buenas tardes, camarero.

- Dámaso, me llamo Dámaso, para servirle.

- Pues que quieres que te diga, el nombre no acompaña al oficio.

- ¿Cómo dice?

- Que no te va el nombre para ser camarero, suena más para escritor. Yo sin embargo me llamo Arturo, que es nombre para cualquier oficio.

- Si usted lo dice…

- ¿Me recuerdas verdad?

- ¡Como no! Señor Arturo, el químico e inventor. ¿Un sol y sombra?

- Vale, veo que sí. No, voy a cambiar de bebida. En un vaso con dos piedras de hielo, me pones; dos chupitos de vermú, uno de vodka y media botella de cola.

- ¿Y no será demasiado fuerte?

- Ya veremos. Es que creo que el anís me sienta mal. Aunque también pudiera ser el pulpo.

- ¿El pulpo?

- Si. Es que el otro día había comido pulpo… pero mejor será que comience por el principio. En el trabajo tengo una hora para comer. Mi mujer, tacaña hasta decir basta, me manda la tartera todos los días pensando que así evita el que coma en el bar. El último día que estuve aquí, me mandó cocido de garbanzos. Los hace bien, pero a mí no me gustan. Cuece la leguminosa, con su tocino ibérico, su carne, su jamón, su longaniza, un hueso con bastante tuétano, una zanahoria, puerro y un par de patatas. A parte, prepara repollo, que después de rehogado con ajo y pimentón, añade unos minutos antes de retirar del fuego. Para entonces ya ha hecho el relleno, que añadirá junto con la verdura. El relleno, es como una tortilla francesa que en su interior guarda parte de las materias cárnicas extraidas del cocido y muy picadas, ligando todo ello con miga de pan y perejil. Es lo único que me gusta. Odio el repollo, y los garbanzos me dan alergia, así que, me como el relleno como pincho hacia las once, y tiro lo demás. Esta muy bueno este combinado, oye.

- Creo que lo dulce le gusta en demasía.

- Posiblemente, de ahí el vodka. Bueno, lo que te decía; Yo le suelo distraer del sobre, las horas extras que realizo, para lo que he de falsificar la nómina. Se me da de maravilla. Con ese dinero, de vez en cuando voy a comer a un bar allí al lado. En esa fecha de la que hablamos, celebraban "las jornadas del pulpo". Ensalada de pulpo de primero; varios tipos de lechuga, algo de maíz para dar color, brotes de soja y pimiento rojo y verde finamente cortado, aceite y vinagre de Módena. De segundo, pulpo con patatines, y de tercero, pastel de pulpo, que es un hojaldre al que en el momento, y para que no se ponga patoso, le ponen por encima unas chalotas confitadas, con los rayos más finos del pulpo. Yo creo que meten chipirón.

- Hoy está muy gastronómico.

- Hombre, de alguna manera he de justificar que fue el octopus el que me sentó fatal. El caso es que cuando llegué a casa, allí mismo, en el pasillo, me dio una arcada con lo que los rayos del cefalópodo quedaron esparcidos a troche y moche.

- ¿Y si la culpa la tuvo el pulpo, por que cambiar la bebida?

- Hay que explorar nuevos caminos. Anda pon otro de estos "verwodcata" que está de rechupete.

- ¿Y como va el invento? Parece que aún no se hizo rico.

- Calla, por dios, que me trae loco.

- ¿El ateo mentando a dios?

- ¿Quién te dijo que yo fuera ateo?

- Dijo que no había dios.

- Y lo mantengo. No creer en ningún dios o negar su existencia, no implica necesariamente no pertenecer a ninguna religión; existen religiones, como el budismo que niegan la existencia de dios. Aunque este no es mi caso, soy de una religión especial. Mira, ¿Qué ves?

- Un crucifijo, luego usted es cristiano. ¿Qué tiene de especial?

- Bien, como suelen, o solían, rellenar en algunos documentos en el apartado referente a la religión, yo era CAR; católico, apostólico y romano practicante. Por entonces era demasiado joven, pasó el tiempo, dejé de practicar y comencé a negar como tantos otros, que sin embargo, en los momentos de apuro, ruegan con fervor para que el trance pase rápido y con bien.

- Si, es que hay mucho ateo de boquilla.

- Tú lo has dicho, soy cristiano, es decir, seguidor de Cristo, que era solamente un hombre. No creo en ese dios todopoderoso que creó el cielo y la tierra, creo en Jesucristo, que fue concebido por María y gracias a José, su padre. Que padeció bajo el poder de Poncio Pilato, que fue crucificado, muerto y sepultado, que es imposible que descendiera a los infiernos, puesto que de allí, siendo coherentes, si lo hubiera, nadie sale. Que resucitó de entre los muertos y que cada día nos da pruebas de ello. Que no creo, vista su manera de obrar, juzgue ni a vivos, ni a muertos. Creo en el perdón de los pecados, en los pobres de espíritu, en los mansos, en los que lloran, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos, en los limpios de corazón, en los pacíficos, en los que sufren persecución por la justicia. Creo en él porque perdona nuestras ofensas, esperando que nosotros perdonemos a los que nos ofenden, en eso creo, y en algunas cosas más.

- Hasta más ver, Dámaso. Hoy me voy sobrio y serio, la ocasión así lo ha requerido. El mes que viene te diré como va mi invento.

- Adiós, señor Arturo. Me ha emocionado usted.

6 comentarios:

jose luis dijo...

habra que probar esa mezcolamza

jose luis dijo...

Habrá que que probar esa mezcolanza

jose luis dijo...

Habrá que que probar esa mezcolanza

Vir dijo...

Pues me empieza a caer bien este Arturo, sí, ;) Y además, ¡me tiene intrigada! Un saludo

Alfredo dijo...

jose luis.
Ya veo que tienes algún problemilla. La mezcla está rica, te lo digo yo.
salu2.

Alfredo dijo...

Vir.
Se acabó la intriga, acabo de subir el final. Que te preste.
Salu2.