viernes, 17 de febrero de 2012

Dos verdades y un imposible.

En esta entrada se consignan dos verdades, de las cuales una de ellas, lleva consigo un imposible:

Primera verdad.

William Shakespeare escribió en 1599 Julio César, considerada como una de sus cinco mejores tragedias y que recrea la conspiración en contra del dictador romano y su homicidio acaecido en los idus de marzo del año 44 a. C.

Segunda verdad.

El primer reloj construido sobre principios de mecánica es el de Richard Wasigford, abad de San Albano, que vivió en Inglaterra hacia 1326. El segundo es el que Santiago Dondis mandó construir en Padua hacia 1344 y en el cual se veía el curso del sol y de los planetas.

El imposible.

En uno de los escasos diálogos mantenidos por César con Bruto, Cesar pregunta: ¿Qué hora ha dado ese reloj? a lo que Bruto responde: César, son las ocho.

Escena 2ª, acto II, línea 114.

Ahora pregunto Yo; ¿está claro?

Sobre el mecanismo de la ilustración, hablaremos otro día. Es muy interesante.

5 comentarios:

Rubén Xixón dijo...

Esta claro que en la época en la que transcurre la obra de Shakespeare era imposible que un personaje escuchara unas campanadas de un reloj... entonces eran de sol, o supongo que, como mucho, de arena.
Feliz Antroxu.

Ruben dijo...

anacronismos en shakespear, bueno, en muchos libros se encuentran anacronismos (sobre todo en novelas prehistóricas), en una obra tan estudiada y analizada como la de este escritor, se encontrará hasta el más mínimo error.

Alfredo dijo...

Rubén X.
Pues si, además el reloj de sol no da las campanadas en días nublados. El de arena, como esta protegido, el cristal hace que las campanadas sean opacas. (Me estoy tomando una birra)
salu2.

Alfredo dijo...

Rubén X.
Perdona, me comí un acento.

Alfredo dijo...

Rubén.
Tan anacrónico como ver en una película de romanos alguien con reloj de pulsera.
Salu2.