sábado, 11 de febrero de 2012

El Mulo.

Podría jactarme de haber sido un buen futbolista; no lo haré. A pesar de que hasta los 37 estuve en activo, no voy a presumir. Me siento orgulloso de ser conocido en la ciudad y tengo amigos en todas partes. Bueno, lo cierto es que siempre milité en el mismo equipo de tercera división, lo que ayuda. Creo que debía de haberme dedicado al futbol americano, mido 1.95 y peso 110kg., aunque no por esto, sino por la máxima de la que siempre he sido defensor -nunca mejor dicho- "la pelota puede pasar, el hombre, no". Me decían "el mulo", por las patadas que le daba al cuero desde el borde del área donde defendía mis colores y que obligaban a mis compañeros a jugar siempre al ataque. Hemos renunciado varias veces a la categoría superior, pues para un pueblo pequeño, resultaría difícil de afrontar. Hace tiempo que soy el presidente del club, y he reunido simultáneamente los cargos de presidente, entrenador y jugador. Para ver el motivo, es preciso hacer un poco de historia.

Mi abuelo paterno, con constancia y tesón, logró reunir una vacada bastante importante la cual heredó mi padre. Este, mi padre, al que no le gustaba ni estudiar ni la ganadería, se dedicó a la construcción, primero como albañil, "el oficio hay que mamarlo desde abajo" y luego como maestro de obras con almacén propio de materiales.

Se casó con mi madre esperando tener larga descendencia, y en ello, parece ser, puso todo su empeño. Sin embargo, solamente transcurridos catorce años logró tener un hijo; Yo. Mi madre murió en el pos parto y a mi me tuvo que criar un ama.

Como hijo único, mi padre no se volvió a casar, tuve todos los caprichos, pero poco padre; no era dado a demostraciones de cariño paterno filiales y tampoco tenía demasiado tiempo.

Comencé a jugar al futbol en el colegio, convirtiéndose la afición en pasión. A trancas y barrancas logré terminar aparejador, más por complacerlo que por interés. ¿Para qué? Jugaba al futbol, iba de caza, si se me antojaba un coche lo tenía, vestía bien y jamás me faltaban cuartos en el bolsillo.

El club no andaba sobrado de recursos; poca taquilla y muchos gastos. Mi padre era el "benefactor" en la sombra. Por esa razón llegué a presidente. No, no seáis mal pensados. El cargo estaba vacante y nadie quería cargar con el enfermo. Toda la junta, egoístamente, me señaló con el dedo tras ofrecérselo a mi progenitor, que declinó la oferta. A lo sumo habría visto media docena de partidos.

Es posible que aquella largueza de mi padre, se debiera a un sentimiento de culpabilidad, aunque jamás me percate de ello hasta que se murió. Y fue tras el entierro, que el notario, viejo conocido, se acercó a mi y me dijo "tenemos que leer el testamento, señala día".

¿Y para qué coño había hecho testamento? No había familia cercana, aunque tal vez quisiera dejar algo a Juan, el viejo encargado de las vacas, o al ama de llaves, fiel guardiana de la casa. Si, tal vez fuera eso.

Amanda, preparó el despacho a petición de notario. Él ocuparía el sillón que hasta hacía cuatro días ocupara mi padre, luego, frente a la mesa, cinco butacas. Esas las ocuparíamos; Amanda, ama de llaves, Felicia, la secretaria que llevaba el almacén, Remedios, mi antigua ama, Juan el caporal, Jacinto, un hijo que Amanda había tenido de soltera y que era la mano derecha de Juan, y Yo.

No me sorprendió la presencia de ninguno, pues todos habían participado activamente en los quehaceres de la casa y los negocios.

- Antes de dar lectura al testamento de Manuel, según su disposición, he de leer esta carta. Queden para el final las preguntas aclaratorias, si las hubiese.

"Quiero como primer paso de este acto, donde espero estén todas las personas que me han importado en la vida, pedir perdón. He sido un hombre huraño desde que mi esposa falleciera. No huraño en cuanto a las relaciones con los de fuera, pero si al cariño que les profesaba a los míos y que no he sabido demostrar.

A ti Juan, mi amigo querido, que desde siempre estuviste a mi servicio por encima de cualquier vicisitud.

A ti Felicia, que aguantaste estoicamente mis malos humores y berrinches sin culpa.

A ti, mi querida Amanda, el sostén de esta casa, que me lo diste todo sin pedir nada a cambio. Que mantuviste en silencio el secreto que te mancillaba y que no fui capaz de reparar. Tú, única amante y madre de mi ilegítimo hijo Jacinto, perdóname.

A ti Jacinto, por el silencio compartido, por la vergüenza de ir por la vida sin poder decir quien era tu padre. Por mantenerte lejos de todo lo que te pertenecía, por considerarte un bastardo cuando era yo el que te deseaba.

A ti, Armando mi hijo tan querido, que te culpe de la muerte de tu madre y negué el cariño que te profesaba. Por ocultar mis sentimientos con dádivas, por no decirte que tenías un hermano".

"Armando, legítimamente eres mi único heredero y así lo hago constar, pero es mi deseo, aunque conociéndote no hiciera falta ponerlo por escrito, que tras la firma de los documentos que te hacen acreedor de mis bienes, hagas lo siguiente:

a) Darás los pasos necesarios para que se reconozca a Jacinto como hijo mío y hermano tuyo, si alguna duda se suscitase sobre la declaración jurada que hago más abajo.

b) Reconocerás que es dueño al cincuenta por ciento de la fortuna que te dejo, una vez detraída la parte correspondiente a los demás herederos que se citan. Si así lo hicieres que Dios te acompañe, si no, que te lo demande".

Y no hizo falta que Dios me lo desmandase; Juan acabó feliz sus días con nosotros. Felicia se convirtió en su propia jefa. Amanda se quedó en su casa, la nuestra, como siempre. Mi hermano, siete años mayor que yo, se dio una vuelta por el mundo, obligado, más que por gusto - creo que llegó a Valladolid- y a los cinco días se volvió con sus vacas. Y yo, como ya os dije, soy el presidente del club Amanecer, pero no penséis, ahora que no juego, trabajo algo; mi hermano me lleva a las ferias y Felicia está emperrada en que revise las cuentas a fin de mes.

11 comentarios:

Vicente Manuel SANCHEZ DIAZ dijo...

Todo bien en el mejor de los mundos.

Ruben dijo...

Este cuentino, se desvió un poco del fútbol... y del título, ya me esperaba yo una historia parecida a la del burro de Bainoa o el burro pancho (bebedor de cerveza).

Alfredo dijo...

Vicente.
Creo que los cuentos, aunque no tengan mucha "chicha", han de acabar bien.
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Mira Rubén, yo empiezo un cuento y lo suelo acabar de un tirón. Lo construyo sobre una frase, o una pequeña idea, y no llevo a los personajes, son ellos los que me llevan a mí. Esto, y la falta material de tiempo, hacen que el 90% de ellos sean malos, pero me entretengo. A veces suena la flauta por casualidad y sale algo mejor; estupendo. Lo que no se puede negar, es que para publicar un cuento cada tres o cuatro días y que sean todos buenos, hay que ser un superdotado o un profesional. Yo no soy ni lo uno, ni lo otro, y agradezco los comentarios, aunque sea para criticar. No es tu caso, que siempre te muestras amable y generoso; gracias.
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Se me pasó; no tengo ni idea de futbol, veo los partidos el sábado con mi cuñado cuando vamos a cenar.
De un burro bebedor de cerveza, tengo una anécdota que te contaré un día.

Salu2.

Ruben dijo...

Nada más lejos de mi intención que criticar, es más, no soy el más adecuado, dados los giros que toman mis propias entradas. Por otra parte, me gustó la historia igualmente, y además, con mi comentario, seguro que me gratificas otro día con la anécdota del burro bebedor de cerveza.
Aprvecho para decir también, que me ha sorprendido la muerte de "la Voz", a pesar de su situación personal, nunca te esperas un final así. Una lástima.

Vir dijo...

Me encantan las historias amables que hablan de redenciones y buenos sentimientos. Me encanta leerte. Dejas un buen sabor de boca. Ojalá algo de tu historia se traspasase a todos esos pleitos odiosos e infinitos que vivimos hoy en día. Un saludo.

Alfredo dijo...

Rubén.
La critica, siempre que sea constructiva y no insultante, es muy sana. Se aprende, se contrastan pareceres y al final todos salimos ganando.
En los cuentos que escribo, sean buenos, regulares o malos, gusten o no, siempre trato de dejar algo en que pensar, algo así como una moraleja.
En este cuento, y a pesar de que Vir opina que es amable, va implícita una crítica a aquella forma de pensar de principios del pasado siglo y que aún perdura: cinismo, machismo, autoridad exacerbada, intransigencia, sentido equivocado del honor…
El viejo Manuel era de esos; en vida de su mujer, le pone los cuernos ante el temor a no tener descendencia. Tien relaciones con la criada a la que deja preñada, pero lo mantiene en secreto sin importarle que a ella la puedan señalar con el dedo, y no se preocupa ni lo más mínimo de un hijo que él ha buscado. Culpa a su segundo vástago de la muerte de su madre y lo aparta, aunque le conceda sus caprichos, cosa que con el otro no hace. Aunque en el testamento se acuerda de todos y reconoce su culpa, continúa en sus trece sin dar a torcer el brazo; la herencia a de ser para el legítimo.
Que fácil hubiera sido; reconocer al hijo extramatrimonial en primer lugar, y no fiarlo a la buena voluntad de su hermanastro.
Salu2.

Alfredo dijo...

Vir.
Gracias por tus comentarios que significan para mí un plus. Quisiera tener más tiempo para pensar y escribir mejor, pero como siempre digo, "Yo no vivo aquí". Tampoco sé si sería capaz de dar más, así, que me conformo con esos cuentinos que voy escribiendo a salto de mata.
Lee por favor, aunque solamente sea por alusiones, el cometario a Rubén y dime que no estoy equivocado.
Salu2.

Vir dijo...

Alfredo, suelo leer todos los comentarios y, por alusiones, te cuento. Mi abuela, que es una de las personas más generosas que conozco, lleva envuelta en historias de testamentos desde hace más de 30 años. Por eso digo que es amable, porque la gente, por muy buena que sea, no suele ser tan dadivosa. Y, porque pocos, aunque sea después de muertos, son lo suficientemente valientes para reconocer sus errores. Se lee la crítica, claro, pero también se lee ese lado humanista que ya he visto en otros cuentos tuyos. Crees en las personas, eso es bonito, es amable. Un saludo.

Alfredo dijo...

Vir.
Si no creemos los unos en los otros, mal vamos. Se puede ser escéptico respecto de algunas cosas, pero no para todo. Eso de que el hombre es un lobo para el hombre, posiblemente sea cierto, pero me rebelo ante esa idea.
Gracias por creer que soy como quisiera ser.
Salu2.