domingo, 19 de febrero de 2012

La tía Irene.

Estábamos casi toda la familia en el salón de la casa. Era el cumpleaños del abuelo y esperábamos a que él y mi padre, que en la habitación le hacía un nudo moderno a la corbata, se incorporasen al grupo para ir a celebrarlo.
Estaba mi tío Armando y su esposa Laura, con sus dos hijas; Rosa y Laura. Mi tía Lola, soltera y hermana de mi padre y de Armando, mi madre Ester, los gemelos "TBO" - Te por Teófilo, Be por Benito, O por cachondeo, y yo; Nando, por Fernando para distinguirme de mi padre, ya que nunca nos ha gustado eso de Junior.

Solamente faltaba Irene, la benjamina de mi abuelo, y que llegó al poco repartiendo besos y abrazos. Me dejó para el último, aún sabiendo, o quizá por eso, que no me podía levantar fácilmente; tenía el talón roto y mi pierna descansaba sobre un taburete. Se agachó para besarme, pero yo la cogí de manera tal, que vino a parar a mi regazo; las piernas sobre uno de los brazos del sillón, su pecho contra el mío. Risas, un "que me tiras, burro" y sus labios en mi mejilla, cerca de la comisura de los míos.

Nuestros ojos quedaron por un instante prendidos mientras hacía ademán de darme un piquito, pero entreabrió la boca lo suficiente para hacerme dueño de aquél labio gordezuelo que destilaba ambrosía.

Del ensueño nos sacó mi madre - Bah, bah, cuanto besuqueo para solo seis meses que no os veis - tal vez inocentemente, posiblemente molesta, quizá queriendo atajar algo que no le gustaba.

Los verdes ojos de Irene cambiaron de color, ahora eran marrones, como la piel de las castañas viejas, pues gracias a ella, a mi madre, comprendimos al instante dos cosas se suma importancia.

A partir de aquél instante la actitud de la pelirroja Irene cambió. En el banquete se colocó en un sitio alejado de mí, siendo sus miradas huidizas o a hurtadillas. Pero ahí no acabo todo.

- Irene es diez y seis años mayor que tú. La quiero y le estoy agradecida por cuidarte mientras estuve postrada en cama para que tus hermanos no se malograran. Pero es además tu tía. ¿Sabes lo que significa? ¿Has oído alguna vez la palabra incesto? Si, eres buen estudiante. Ten cuidado.

El cariño de tantos años había dado paso a algo más profundo y ambos lo habíamos percibido. ¿Porqué nuestro comportamiento - hasta ahora intachable- estaba prohibido? ¿Que culpa teníamos nosotros de las costumbres sociales? ¿Qué nos importaba una ley injusta?

Cuantas más preguntas me hacía, menos respuestas hallaba.

Una necesidad imperiosa se anteponía a todo lo demás; había de preguntar a Irene, si estaba enamorada como yo lo estaba. Si lo que percibía era verdadero… allá el mundo, sus prejuicios y sus tabúes.

Pero Irene se marchó nada más acabar el ágape, apenas sin tiempo para preguntarle. "Ya hablaremos, sobrino". Y recalcó aquél "sobrino" de forma que no cupiera duda de cual era el rol que cada uno había de interpretar. Yo entendí algo más; "siento algo por ti, pero no es posible".

Tal vez los que percibieron que allí había materia, suspiraron aliviados; la distancia cura el mal de amores, es el olvido, brinda otras oportunidades. ¡Que ciegos estaban!

Yo tenía diez y nueve y las abejas me rondaban o se insinuaban, pero la flor estaba cerrada y de ella nadie libaba. Mi rendimiento académico bajó y entré en el abatimiento. Irene respondió al teléfono por fin; "Siempre te he querido como algo más, pero lo que es imposible, es imposible y además, no puede ser. Pongamos fin a lo que no tuvo inicio, ya que, de tenerlo, sería nuestro fin".

Y en mi casa, que no soportaban verme de aquel modo, hablaron con el abuelo. Y el abuelo reunió a la familia.

- Me veo en la necesidad de revelar un secreto solamente conocido por Armando y Fernando.

- Junto con mi difunta esposa, estimamos en su día que era la mejor solución, el tiempo me ha dado la razón, Ahora es tiempo de volver las cosas a su sitio, aunque nada cambiará para mí. Todos vosotros, hijos, os habéis tratado como buenos hermanos, sin embargo, uno no es hermano de los demás. Irene, eres hija de mi primo Antonio y de su mujer de quien tomaste su nombre y que murieron como sabéis en accidente de ferrocarril. El color de tu pelo y de tus ojos, son los de ella. Tenías entonces un año, te adoptamos y tratamos como hija y hermana. Posiblemente debiera haberte comunicado este hecho, pero hasta ahora jamás hubo motivo. Los que creíste tus hermanos, y sobrinos, no lo son. ¿Te facilita algo saber esto, hija?

El grado de parentesco había cambiado sustancialmente, y aquella losa que pesaba sobre unos más que sobre otros, saltó hecha añicos. Aún quedaban reticencias, reserva, desconfianza… pero se disiparon pesares y se abrió paso el amor.

8 comentarios:

Ruben dijo...

Pues menos mal, porque al primo me arrimo, pero siendo tía y sobrino, no rima...

Vicente Manuel SANCHEZ DIAZ dijo...

"Un imposible me mata, por un imposible me muero; un imposible es querer al imposible que quiero." (Frase De Cine De Anonimo)

Marina-Emer dijo...

Después de estos días festivos de carnaval
Paso para visitarte y dejarte mi recuerdo
Y cariño agradeciendo tu visita.
Siempre con cariño mi amistad, un abrazo
Marina

Vir dijo...

Mmmmm... El amor superaría la barrera del parentesco, ¿no crees? Porque el parentesco no es cuestión de sangre, al final siguen siendo tía y sobrino. Y mucho más.

Alfredo dijo...

Rubén.
Hasta no hace mucho -ahora no lo sé- los primos, e incluso tío y sobrina, tenían que solicitar dispensa canónica, pero si no estoy mal informado, podían casarse.

Salu2.

Alfredo dijo...

Vicente.
Está muy bien, pero me gustaría saber en el contexto en que está escrita. Posiblemente el que la dijo no tenía ante si el dilema moral, que aun hoy, representan las bodas entre parientes cercanos.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marina.
Siempre grata tu visita.
Salu2.

Alfredo dijo...

Vir.
Según iba escribiendo, se me antojaba que por encima de todos los tabúes, aquello debía de llegar a feliz término. Pero he querido quitarle algo de hierro al asunto, no fuera que me metiera en un jardín de ortigas. ¡Cobarde que es uno!
Salu2.