domingo, 18 de marzo de 2012

Naranja y limón.

Ella era de la izquierda recalcitrante, yo, un converso, a la derecha de todo aquello que en mi juventud me había desencantado, a la derecha de mi mismo, sin fe siquiera en la acracia.

Era de baja estatura y algo más que rellenita. Yo alto, espigado y al que le gustaban más que delgadas, flacas, de esas que cuando las tomas por la cintura, llegas a tocarte con la punta de los dedos el riñón del lado contrario.

De pelo negrísimo cortado a lo garçon, tez blanca como de porcelana, con los pómulos coloreados como las manzanas starking, aquella que la madrastra ofreció a Blancanieves. Por el contrario, mi pelo era de color pajizo, de rostro un tanto macilento.

Su hablar rápido, pero no nervioso, con esa manera de decir que tienen los agudos de inteligencia y que saben en todo momento el cómo y el qué, arrastrando un poco las eses. Yo más bien callado, escuchando e interpretando los silencios entre frases, paladeando el tono de su voz y el convencimiento con que decía las cosas, para tratar de meter una cuña que resquebrajase sus planteamientos en cuanto tuviese la ocasión. ¡Inútil pérdida de tiempo!

Se decía atea por convicción, pero sin embargo, entraba a la iglesia antes de comenzar el rosario, cuando el recinto estaba casi desierto. Se sentaba en la penumbra de los últimos bancos; quizá pensando en su solitaria vida, ¿rezaba tal vez?, ¿buscaba la paz de su espíritu? No sé. A mi la iglesia siempre me ha parecido un sitio de pedigüeños; pedigüeños a la puerta con olor a humo de hoguera y pedigüeños dentro con olor a humo cerúleo. Prefiero el yoga o el tai chi, para encontrarse a si mismo aunque no practique ninguno.

Se daba a los demás de forma tan natural, que parecía no le costara trabajo. Encaminaba al perdido, se compadecía y acompañaba al enfermo, restaba de su sueldo cuanto podía para socorrer a los necesitados. Aparentaba, tal vez lo fuese, ser feliz, contagiando a aquellos con los que trataba, su ánimo y fortaleza. ¡Que distinta era, a todos cuantos yo había conocido! ¡Que distinta a mí!

Me bastaron dos conversaciones con ella, vi su comportamiento con amigos, conocidos y gente de toda condición, y supe como era. Pero mi interés, no sé el motivo, iba más allá. He de reconocer que la seguí. La espié tratando de averiguar si en verdad era su proceder solamente apariencia. Al tercer día lo dejé; estaba avergonzado por mi forma de actuar, pero contento de no haberme equivocado.

La llamé por teléfono y concertamos una cita con una disculpa banal. Ella llegó primero y ya se había tomado media taza de cacao, cuando puntual llegué yo. ¡Que fina y fresca se me antojó su mejilla!

- Verás, Violeta… tengo un pariente… Raúl se llama, que ha vivido en Argentina durante cuarenta años. Se vino en busca del dorado en mala época, cuando ya el trabajo escaseaba. Apenas si ha cotizado seis meses y necesitaría unos cursillos o algo semejante para hacerse acreedor a una pequeña pensión. Va a cumplir sesenta y cinco. ¿Sabes como conseguir algo?

Y ella preguntó y anotó en su libreta. Luego, habló y habló. Perdí el hilo de la conversación; solamente veía sus labios que me tenían subyugado y un poquito de los dientes. Se me antojaba la naranja jugosa, perfumada y dulce, yo el limón agrio y lleno de pepitas. ¿Formábamos acaso, parte de ese yin y yang universal, o quizá llegara yo a contaminarla con mi cáustica acidez?

- Violeta, somos muy distintos - la interrumpí - pero… ¿quieres hacer el amor conmigo?

- Fernando, tengo treinta y ocho… ¿y tú… serás el padre del hijo que deseo?

9 comentarios:

Ruben dijo...

Sí, sí, con 38, no se puede dejar pasar más tiempo, hay que hacer ese favor que es de buen cristiano, si hay que hacer un hijo pues se hace...

Vicente Manuel SANCHEZ DIAZ dijo...

El caso es que este tipo de historias suenan a algo "dejà vu"; es como si la historia, aunque no vivida, formara parte de tu pasado. Con las variantes necesarias para adaptarlas a tu pasado, claro.
Gracias Alfredo.

Marina-Emer dijo...

Vengo de rapida visita a darte un abrazo a desearte feliz dia del padre y dejarte mi agradecimiento por ser mi amigo ...gracias Alfredo
un abrazooooooooooooooooooo
Marina

Marina-Emer dijo...

CON GRAN AFECTO HOY TE FELICITO EL FIN DE SEMANA ..QUE LO PASES FELIZ
UN ABRAZO
mARINA

Marina-Emer dijo...

No llorar por el olvido
Ni sufrir el des-amor,
También al cortar la flor
Sangra el tallo sin motivo.
**************************
Muy bueno tu relato,quizas el hijo no podia darlo ella
un abrazo
Marina

Alfredo dijo...

Pues si señor,mejor que la aguja con "bichitos" de alguien desconocido.
Salu2.

Alfredo dijo...

Perdona Rubén, se me olvidó el nombre en el comentario a ti destinado. Estoy algo agarrotado tras la ausencia.

Alfredo dijo...

Vicente.
Las historias han de tener algo de verosimil y para ello hay que observar a los demás y a uno mismo.
No me hagas mucho caso, lo cierto es, que a veces pienso que escribo siempre el mismo cuento con otras palabras.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marina.
Gracias por tu presencia, siento la tardanza obligada. Me pondré al día.
Un abrazo.