sábado, 7 de abril de 2012

Los magos.

Se llamaba magos a los sacerdotes persas instruidos en las matemáticas y en las ciencias astronómicas. Gozaban de enorme crédito y sus oráculos eran infalibles. Sus enigmáticas prácticas y sacrificios los realizaban en los lugares más elevados, allí donde estaban más cerca del sol y donde era fácil que las multitudes los contemplaran. Consideraban que las almas debían de pasar por siete puertas, constituida cada una de ellas de un metal distinto antes de ascender hacia el sol, al que consideraban la morada de los bienaventurados. Este tránsito duraba millones de años.

Un día determinado, los magos no podían aparecer en público, y si el pueblo los encontraba por la calle, podía matarlos sin temor a represalias o castigos. Esto fue debido a que un mago llamado Gaumata se autoproclamó rey fingiendo ser Smerdis, hijo menor de Ciro II rey de Persia, que designó a Cambises II como gobernador de las provincias orientales. Antes de partir en campaña contra Egipto, Cambises, temiendo que pudiera intentar una rebelión durante su ausencia ordenó matar secretamente a su hermano Smerdis.

Cambises confesó públicamente antes de morir al regreso de Egipto, el asesinato de su hermano, quedando al descubierto el fraude del usurpador Gaumata que se hacía pasar por Smerdis. El reinado del falso Smerdis duró siete meses, durante los cuales destruyó varios templos tratando de eliminar los cultos locales para introducir otra divinidad, hubo alteraciones en el orden económico, social y religioso y provocó el malestar del pueblo al trasladar casas y rebaños,

Gaumata fue ajusticiado por Darío I, sucesor de Smerdis, que queriendo justificar su legítimo ascenso al trono, ordenó la creación de "La inscripción de Behistún".

Esto es un escueto resumen, si te interesa el tema has de investigar algo más. Como decía aquel anuncio ¡aqui hay tomate!

2 comentarios:

Ruben dijo...

Acabo de recordar una novela "El enigma de Cambises" del escritor Paul Sussman, libro que me gustó muchísimo.

Alfredo dijo...

Rubén.
El problema que tienen las novelas históricas, es que luego no sabes que es verdad y que ficción.
La cuestión es entretenerse y si de paso se aprende algo, mejor.
Procuraré leerla por tu recomendación.
Salu2.