lunes, 21 de mayo de 2012

El Yuriría



El 11 de mayo del pasado año, un terremoto sacudió la ciudad murciana de Lorca. En marzo fue el de Japón, que provocó el tsunami en la costa del Pacífico y hoy  domingo, la tierra ha temblado de nuevo en Ferrara, Italia. Estos luctuosos e imprevistos acontecimientos, me hicieron recordar algo que leí u oí hace mucho tiempo y que trataba sobre la predicción de dicho fenómeno.
En el valle de Santiago, en el estado de Guanajuato, en el centro de Méjico, se alzan siete volcanes extinguidos en un radio de 7 km. Antes de la llegada de los conquistadores españoles, el lugar se denominaba Camémbaro, o País de las siete Linternas, por las fumarolas que estos volcanes producían. Para cuando ellos llegaron, el magma en recesión total, había dado paso  a unos cráteres donde se formaron lagos de profundas aguas de color turquesa. En uno de ellos, el de Yuriría, las aguas cambiaban de color antes de los terremotos.
Biólogos y vulcanólogos pudieron comprobar, que de pronto, las verdes y apacibles aguas adquieren una coloración rojiza, y que es el anuncio de un movimiento sísmico en cualquier parte del mundo.
En julio de 1985, los habitantes del valle contemplaron como las aguas del Yuriría se tornaron rojizas y de pestilente olor. El 19 de septiembre un seísmo sacudió la ciudad de Méjico. En septiembre de 1989, las aguas se tornaron del color de la sangre nuevamente, y nuevamente, dos movimientos sísmicos se produjeron en California y China.
Los habitantes de un antiquísimo asentamiento junto al volcán, llaman a este sitio Yuririapúndaro, que traducido significa "lago de sangre". Al parecer, el cambio de tonalidad se debe a un microorganismo protozoario flagelado de color rojizo que asciende hacia la superficie de las aguas. Lo extraño del caso, es que en los lagos de los restantes volcanes no sucede.
Esta historia, posiblemente escuchada al fallecido doctor Jiménez del Oso, necesitaría continuidad, es decir; saber si las aguas continúan cambiando de color, y si hay quien le siga los pasos a la decoloración y la aparición simultanea de los terremotos.

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