viernes, 29 de junio de 2012

El Tempus y el niño Foro.



Decían de aquel crío, que era simple. Es cierto que comenzó a andar pasados los dos, y a hablar casi a los tres, pero con ocho, era observador, parco en palabras -no podía ser de otra forma- y guapo; piel fina y blanca, pelo rubio ensortijado y dientes casi perfectos; los incisivos; de embustero.
Le pusieron de nombre Telesforo. Capricho de su abuelo paterno, que había dicho:
- Ahora que la Engracia ha pasao a mejor vida, y mando yo, como siempre, que se le imponga mi nombre.
Y sacando la preñada cartera, atada con una goma cual vulgar paleto o tratante, puso tres mil del ala sobre la mesa - Estas pa la canastilla y otras dos mil pal convite. ¿Queda claro?
El chico, creció al lado de su abuelo, ya que sus padres trabajaban en el campo, y cuando se dice, al lado, es exactamente literal; se pasaba las horas en la cuna, fuera de la casa y junto al poyo que el viejo Telesforo tenía pulido de posar la culera. El hombre, que padecía de reuma severo, empujaba aquella cuna con ruedas bajo el sombrajo de la parra y allí se estaban todo el día.
Los vecinos saludaban al viejo que siempre andaba navajeando palos y raíces, con un - ¡Que tal, Foro! - a lo que invariablemente respondía: "Na, aquí, esperando matar el tiempo", por lo que las primeras palabras del infante fueron; Foro, aquí, matar y tiempo.
Asoció el niño la palabra matar, a estar sentado a la sombra tallando palitos con la chaira que su abuelo le regalara, pero se hallaba confundido con eso del tiempo. No lograba saber quien era el tiempo; nunca lo había visto, y cuando alguien decía "ha pasado el tiempo", corría desaforado en su busca en todas direcciones.
Un tanto escamado, no tuvo más remedio que preguntar al abuelo quien era aquel al que tanto esperaban y nunca aparecía. Cuando Foro comprendió la pregunta, respondió:
- No es quien, si no, que. El tiempo es el que pasa, el que hace a los niños mayores y a estos arrugados como las pasas. Es un traidor al que habría que poner un freno de carro bien grande. Y el niño Foro, se quedó rumiando para sus adentros, quien sabe que pensamientos.
Había en la sala un gran reloj de péndulo, que en la parte superior de la esfera tenía inscrita la leyenda: "Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra" y en la inferior la traducción: "El tiempo vuela, como las nubes, como las naves, como las sombras".
Sucedió no mucho después de aquella charla, que el abuelo pensó haber olvidado dar cuerda al reloj, pues en todo el día no había oído el carillón. Pero se quedó sentado.
Cuando al oscurecer llegaron nuera e hijo, un grito tremebundo, lo levantó del poyo cual si no tuviera reuma. Dentro de la caja y forrando el péndulo, se hallaban sendos calzos del freno del carro. Garrapateado en la esfera se podía leer; "Muere, traidor".


9 comentarios:

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo, sigo creyendo que eres un gran relator y tienes una habilidad especial para describir ambientes, sobre todo rurales y personajes especiales. Además lo haces con cuatro trazos, sin detenerte en muchos pormenores y sin embargo uno los está viendo. Tengo la imagen del abuelo perfectamente dibujada en la cabeza. En fin, Alfredo, ves que sigo siendo una gran admiradora de tu escritura. (por eso no entiendo que no hayas querido narrar el final del relato de Ihnacio Aldecoa. Seguro que lo habrías bordado)
Sin embargo, en este relato el final, no sé si lo he entendido bien: después de ese grito "tremebundo" no he acabado de captar la imagen que ven los padres, quizás la palabra "calzos" me ha desorientado. No sé, hay algo que no he sabido ver en ese final.
Un abrazo, Alfredo.

Marta C. dijo...

Por cierto, que vas a una velocidad publicando, que voy detrás tuyo con la lengua fuera! Abrazos

Alfredo dijo...

Marta C.

Te explico mi forma de ver este cuentin: El abuelo, es viudo. En vida de su mujer, ella era la que mandaba en casa, aunque ante los demás no lo reconocía. Era de los que preguntaba "A ver, ¿que es lo que hay que mandar?". Por si hubiera duda, dice "como siempre" y dudoso de que hijo y nuera quieran lo que él propone, suelta la guita. Entiende que es una forma de reafirmar su posición, a pesar de ser el amo, y sabiendo que a los viejos… se les va dando de lado.
Pero bueno, esto no estaba en el guión.
Los padres, vuelven del trabajo. Al entrar en la sala, la mujer grita asustada de lo que ve; ¿te has fijado en las piedras, que en la foto lleva el carro como freno? pues imagina dos piedras de esas - dos calzos- dentro de la caja del reloj e impidiendo el movimiento. El reloj no anda, el tiempo no pasa, el traidor ha muerto, el viejo y sus padres no se quedarán como una pasa y él, el niño causante de aquello, tampoco.

Las elucubraciones nocturnas he de plasmarlas al día siguiente, o se me olvidan. Si, también podía dejarlas escritas para otro día. A veces lo hago.
Gracias Marta.
Salu2.

Rubén Xixón dijo...

Me ha gustado mucho, Alfredo. Historias como esta son muy cercanas para mí, porque pasé muchos años en la aldea, observando y escuchando historias de abuelos como el de tu cuento.
El tiempo es ese tema eterno que nos desconcierta sobre todo a partir de ciertas edades. Cuando eres pequeño los veranos son eternos, las horas valen por dos y parece que nunca vas a crecer para ser definitivamente libre, amar a quien quieras y hacer (más o menos) lo que te da la gana, al margen de las normas familiares que en ocasiones, por pretender ser demasiado protectoras, pueden rozar la tiranía, según los casos.
Pero cuando alcanzas tu objetivo, eres una mujer o un hombre hecho y derecho, tu tiempo se te antoja demasiado breve, hay tantas cosas que hacer y los días son tan cortos. Para más "inri" vas dejando gente en el camino y te das cuenta de lo finito y débil que es todo lo que te rodea.
Es ley de vida, todos pasamos por un tiempo de aprendizaje y formación (la infancia, la juventud) que se nos antoja eterno pero cuando llega la madurez todo pasa como un curso acelerado, como un "master" demasiado corto.
Saludos.

Ruben dijo...

EN los carros de mi pueblo, no había esos calzos, puede que por ser sus caminos y callejas totalmente llanos.
¡Sí! ¡Qué muera! pero nos sobrevive a todos, como un enemigo invisible, que nos derrota a base de paciencia.

Vicente Manuel SANCHEZ DIAZ dijo...

Como siempre : conciso, preciso, descriptivo...y creando una sonrisa nostálgica.
Enhorabuena !

Alfredo dijo...

Rubén X.
Completamente de acuerdo. Gracias por tu comentario aun cuento que yo juzgaba... intrascendente.
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Hasta que vi la foto, tampoco yo los conocía.
¡Si al menos frenara un poco!
Salu2.

Alfredo dijo...

Vicente.
Gracias Vicente. Me alegro que te haya gustado.
Salu2.