domingo, 10 de junio de 2012

El viejo reloj. (Reposición)


 A mi me parece un bonito cuento, pero como en su día apenas recibió una docena de visitas, hoy lo traigo de nuevo. A ver si tengo más suerte.
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¿Recuerdas viejo reloj? Llegaste a esta casa el mismo día en que nací yo. El viejo te compró para conmemorar tal efeméride. Calla, calla y no me digas que soy un presuntuoso por tal falta de respeto. Lo fue para él, que ya estaba a punto de cumplir los sesenta y yo era su primer vástago. Ya sé que luego vinieron cuatro hermanos más, pero el día de mi nacimiento, fue el de mayor fiesta. Corrió el anís y el ron, te compró a ti, bueno, para hacer honor a la verdad, te desenvolvió, pues ya estabas en casa a la espera. Te colgó en el comedor, suavemente giró la manecilla de la cuerda y la del carillón, lanzó el péndulo con el dedo índice y tú comenzaste a vivir. Yo, ya lo ves; un triste cuadro en la pared.
Murió el viejo que aquí está de pie junto a mi madre. Ella que sentada me mantiene en su regazo, se fue mas tarde, luego yo. Y tu, ahí. Seguirás probablemente cuando algún descendiente mío tome la determinación de tirar esta foto a la basura. ¿Porque? Pues por que el marco es muy viejo y desentona, está carcomido por la polilla... y lo más triste, es que no saben quienes somos. No, no me consueles, sé que será como te digo. Tú tienes mejor suerte. Cuándo el viejo te puso en marcha ¿recuerdas que hizo a continuación?, ¡Ah! Lo recuerdas. ¿Y siguen con la tradición? ¡Claro!... ya te digo yo que tienes mucha suerte. ¿Cuantos papelillos llevas dentro? No cuentes, yo te lo digo... el primer nombre fue el mío, por tanto, un rollito de papel con Amador, luego un papelito para mi hermano Juan, otro para Amalia, otro para Adolfo y uno más para Pilar. Yo continué y cuando nació mi primer hijo Amador, metí mi primer papelito al que siguieron ocho más. Mi primogénito metió cuatro, luego se metieron dos por mis bisnietos y uno por mi tataranieto.
He tenido suerte hasta ahora; el comedor es de buena madera y no se quieren desprender de tan valiosos muebles, pero este viejo cuadro con un señor de bigote y una flaca mujer con algo sobre las piernas que no se sabe a ciencia cierta si es varón o fémina... acabará en el desván. De todas formas, que importa; mientras acaricien la manija de tu cuerda estarán tocando la mano de su padre, la de su abuelo, la mía... la de mi padre. Con eso me doy por satisfecho. Ya sé que ellos ni se darán cuenta, pero tú y yo, sí. El frío metal se templará con el suave roce de la mano, nosotros, aún en el más allá, sentiremos. Quizá en ese momento a alguno le dé por pensar ¿Quien o quienes antes que yo, dieron cuerda a este viejo reloj? Entonces tal vez gire hacia la pared de enfrente y vea el cuadro. Sabe que son sus mayores, sentirá curiosidad e indagará quienes son aquellos y tal vez la voz de la sangre, el amor, la melancolía o el cariño le condicione de tal modo que mande hacer un marco nuevo y suntuoso, que ordene limpiar la foto y lavar el cristal, y que como ahora, continué colgado per in saecula saeculorum.
¡Ah viejo reloj! ¡Cuantas alegrías y cuanto dolor hemos visto pasar juntos! Bautizos, bodas, ascensos, carreras... disgustos, accidentes, fallecimientos... es lógico. El que mucho vive mucho ve y tú y yo vivimos desde estas nuestras paredes sin desgastarnos apenas. Para nosotros el tiempo que tú vas marcando corre muy lento, siempre al son del tictac. Ellos cada vez van más aprisa sin saborear la tranquilidad de la vida. Nerviosos y ansiosos por conseguir algo que rápido consumen porque otra novedad está ya allí y tienen que apurar. ¡No me digas que son los tiempos modernos! Siempre lo han sido. ¿O acaso cuando vino el ferrocarril, no era lo último, lo más moderno? ¿Y cuando llegó el cine, el charlestón, los automóviles, el tranvía, el trolebús? ¿No eran modernos los tiempos? ¿Recuerdas cuando el viejo empinaba el codo? Siempre le daba por bailar como él decía... guarachas y que aquí causaban tanto asombro. Lo había aprendido en América. Si, ya me acuerdo de lo que mi madre nos contaba, no hace falta que me lo digas; que se embarcó muy joven, que participó con los yanquis en la guerra civil, que estuvo en Méjico cuando aquel pobre iluso de Maximiliano quiso ser rey, que vio como lo mataban... luego participó en la primera guerra de independencia de la isla de Cuba. Allí le tomó afición al ron, tanto que una buena borrachera fue la causante de que se enrolase en un barco camino nuevamente del norte. Muertes debió de ver muchas, no solo en las guerras, también en aquél periodo que estuvo en los ferrocarriles americanos; En la línea del Pacific Railroad que unió las costas Este y Oeste. En la foto de la celebración se le puede contemplar con su fusil en brazos al modo indio y un cuerno de bisonte colgado al cuello. ¡Cuantos tumbos dio por esos mundos! ¡Pero mira!... se vino de mayor para acá y en menos de un año se casa con mi madre que tenía casi cuarenta años menos. Fueron muy felices a pesar de que las gentes murmuraron por esa diferencia de edad. Ya lo sé, viejo reloj. Ella era tan dulce. ¿Recuerdas cuando al viejo le llegó su última hora? Postrado en el lecho gritaba... ¡No quiero morir! ¡Aún no ha llegado mi hora... ¡Carmen, Carmen, dame tu mano para que tu juventud me retenga aquí, no quiero partir! Mi madre y yo le dimos nuestras manitas, él las aferró tan fuertemente que nos quedaron blancas. Las caricias de ella hicieron que las garras se aflojaran y en un postrer suspiro, lleno ya de calma dijo... ¡Perdóname señor, por haber querido rebelarme contra tus designios! Y se fue tranquilo.
Ya sé que hasta ahora solo he recordado cosas tristes, pero es que estas quedan grabadas a fuego mientras que las alegrías, son solo efímeros momentos. Mira, para cambiar un poco el tema, ¿qué te parece si hablamos de Juan? Ya lo sé, ya, fue siempre un vividor. No, cara dura no, fue un apurador de la vida. No me reprendas otra vez por la palabra malsonante... ¡Que vida la suya! Fue uno de los dueños del Molin Rouge y además de conocer grandes artistas ¡A cuantas mujeres hermosas cortejó! Aquello de beber champaña en los zapatos de las bellas, ¿no fue a él al que se le ocurrió?
Peor fue lo de Pilar ¡mira que meterse a corista! ¡Bueno, ya lo sé! Pero siempre se ha dicho corista en esta casa, aunque en honor a la verdad hay que decir que fue lo mejor de la zarzuela en muchísimo tiempo. Nadie ha cantado como ella La Primorosa y así se lo reconocieron artistas, eruditos y hasta políticos, aunque estos últimos, canalla interesada, solo quisieran salir en la foto. Si viejo amigo, a pesar de los azares de la vida, siempre se ha respirado un aire muy de familia en esta casa. Siempre reunidos en las celebraciones festivas y también en las luctuosas, manteniendo los sagrados vínculos. Y eso que casi todos han volado del nido. Pero... recordamos con cariño a cada uno de ellos ¿verdad? Al pobre Fermín que se colgó de la higuera el día en que enterraron a su joven esposa Juana, tan enamorado estaba. Mi madre no quiso que cortásemos el árbol y se sentaba a menudo a contemplarlo con lágrimas en los ojos. ¿Te das cuenta de que nunca más dio aquellos dulces frutos? A Calixto que fue nombrado coronel en Afrecha y que tanto miedo nos metía con los moros. A Bartolomé que ya por su nombre parecía abocado a la carrera religiosa, como así fue. A la solterona de Angustias ¡adonde iba a ir con ese nombre! Pero ya ves, siempre fue la más risueña; "parloteadora", dulce, desenvuelta, cariñosa... Ella crió a los niños de Fermín que siempre la trataron como madre.
Si, viejo reloj, así vamos pasando por la vida uno tras otro, con penas y alegrías, con afanes y cariños que siempre son gratos de recordar. ¿Pero lo serán para todos? Creo que sí. He descubierto que en aquella vieja maleta de madera, la que llevó consigo Mariano en Teruel, en el Ebro y en tantos sitios durante la guerra, y que está en el desván, aquella en cuya tapa interior iba grapando las postales azuladas de todos aquellos lugares, Fernando, que solo tiene catorce años, a ido guardando todas las viejas fotos. Él tiene allí su pequeño tesoro, un alfiler, una petaca, un frasco de esmalte para uñas...  Son pequeñas cosas que a menudo manosea mientras va diciendo en voz baja y como queriendo que no se le olvide... estas medallas las ganó mi tatarabuelo luchando en la manigua de Cuba. La cajita de carey con incrustaciones de nácar, fue un regalo suyo a la abuela Carmen. Esta bola de nieve era del Tío abuelo José y la trajo de Hungría. La boquilla de marfil, era de la tía Pilar. La estampa con reliquia de Santa Lucía, del tío Bartolomé, el yo-yo lo trajo Felipe de California. La figurita del niño de la sombrilla, era de mi abuela. De mi padre tengo la galleta con la estrella de alférez, de cuando estuvo en la mili... ¿Te das cuenta? Es fijo que él será el que mande hacer un marco nuevo, el que ordene limpiar la foto y lavar el cristal y para que, como ahora, continúe colgado per in saecula saeculorum.

6 comentarios:

Marta C. dijo...

Muy buen relato, Alfredo. A través de la conversación entre un reloj y un cuadro, vamos conociendo la historia de una familia a lo largo de los años. Muy original el enfoque y muy buena tu escritura. Besos.

Alfredo dijo...

Marta C.
Gracias por leerlo. No estoy acostumbrado a tener comentarios sobre cuentos largos. La gente suele asustarse cuando ve más de diez lineas.
Salu2.

Marta C. dijo...

No te preocupes por eso, no es mi caso ya que en eso soy muy comprensiva: yo también me suelo alargar bastante. Además cuando una historia engancha no importa lo larga que sea. Besos

Alfredo dijo...

Si me preocupa, el que escribe algo, además del placer de hacerlo para sí, debe tener la sensación de que lo que cuenta, importa a alguien. Por eso, quiero creer, que tengo razón al decir que el personal se asusta cuando hay mucha letra. El número de visitas lo confirma; ayer recibí 564 visitas, "mi reloj" solamente 10.
Saludos.

manipulador de alimentos dijo...

afortunadamente las cosas con cierto grado de calidad suelen extenderse bastante. No es posible contar algo de peso en unas cuantas líneas.

Alfredo dijo...

manipulador de alimentos.
Gracias por el comentario. Creo que tienes razón, otra cosa es que yo fuera capaz de escribir algo con cierto grado de calidad, ya sea largo, o corto. Hoy por hoy me conformo con que a alguien le guste.
Salu2.