domingo, 1 de julio de 2012

Espérame en el cielo.


(Pincha en nº 14 de mis musiquillas)

Me daba jabón para afeitarme, cuando en la radio pusieron esta canción de Machín. No tuve más remedio que seguir la letra, cantando bajito aquí y tarareando allá. Dos gruesas lágrimas se deslizaron mejillas abajo hasta quedar frenadas en la pasta. Mientras, cabizbajo, dejando la navaja en la repisa, apoyé las manos en el borde del lavabo, y recordé.

En el preciso instante en que te vi por primera vez, supe que serías el amor de mi vida.
A veces se suelen decir estas cosas, y es muy posible que el que las dice, no mienta. A mí me ocurrió.
Buscabas con tus amigas, un sitio donde tomar el sol; en la pradera, que la arena de la playa, por todos los recovecos se introduce. Sé, que en mi insistente mirada, iba implícita el ansia, el deseo, y hasta la imperiosa orden, de que te volvieras, de que me miraras. No quiero creerlo, pero tal vez alguna de esas amigas, observó mi perseverancia y te lo dijo. El caso es que volviste la cabeza, nuestras miradas coincidieron y ambos supimos, que seriamos del otro.
Raudo fui hacia ti, ofreciéndote sitio en la mesa del chiringuito, donde estaba con mis amigos: -"Es amplia, cabemos todos, y desde ella se ve divinamente el mar. Para la playa solo hay que bajar media docena de escalones, podéis tomar el sol aquí abajo, junto las hortensias, y las duchas están cerca" -y como viera que dudabas, insistí: -"Venid antes de que otros ocupen el sitio".

Os sentasteis a un extremo de la mesa, bolsas y cestas de por medio, formando barrera, pero el astuto Miguel, enseguida rompió la trinchera; fue al bar, trajo una jarra de sangría, aceitunas y media docena de vasos de plástico. Los impedimentos pasaron al suelo, vosotras en un banco y nosotros de frente. Ni un - "ponte tú aquí"- todos supimos cual sería nuestra pareja. Las que ellos formaron, fueron flor de un día, pero la nuestra iba a ser para toda la vida.
Antes de los seis meses, estábamos casados, y antes de cumplir el año, nos separamos irremediablemente. Mi mano aferrada a la tuya, mi brazo, teñido con tu sangre, hacía de almohada mientras en un susurro, con ojos vidriados, me dijiste; "tengo miedo". Un leve suspiro sintieron mis labios junto a los tuyos, y una rabia inmensa, me hicieron levantar como un resorte. Fui en busca del causante para retorcerle el cuello, machacarle el cráneo con una piedra; era el camionero, alto y musculoso, que en cuclillas y las manos sobre el rostro, lloraba como un chiquillo.
Un día de estos, habría nacido nuestro hijo, pero aquel paseo en bicicleta, hace que hoy en mi pecho, anide la desesperación.


Ya doblan las campanas
se llevan a mi amor
y en mi pecho hace nido
la desesperación

Espérame en el cielo
cariñito adorado
que si Dios te ha llevado
fiel te juro ser yo

Si no fuese pecado
segaría mi vida
y así estar a tu lado
junto a tu corazón

Espérame en el cielo
rogando por mi adiós
para que pronto estemos
juntos allí los dos


4 comentarios:

Rubén Xixón dijo...

Hay que dar gracias cada dia por conservar todo lo que amas. Saludos.

Vicente Manuel SANCHEZ DIAZ dijo...

Leerte escuchando a Machín de fondo, te hace sentir un escalofrio. Al menos yo lo sentí.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Rubén X.
Si, es cierto.

Alfredo dijo...

Vicente.
Creo que ha sido un buen truco.