viernes, 20 de julio de 2012

La trampa del loco.



Todos los días el mismo recorrido; bajada hasta el muelle, continuar por el paseo hasta el espigón, subir las escaleras del muro por el oeste, bajar por el sudeste y desandar el camino hasta la playa. Luego, a casa. Siempre con guardaespaldas, siempre el mismo paso decidido, de la misma longitud. Tal pareciera que quisiera poner los pies en el lugar en que los puso el día anterior.

Mirada huraña, un tanto aviesa, desconfiada, recelosa y hasta impertinente bajo unas gafas que tal vez hacen más patente lo retorcido de sus pensamientos. Acaso odia a aquellos con los que se encuentra; ellos están sanos y él… en el mejor de los casos, arguyen los piadosos, que se pasó de tanto trabajo, de tanto estudio.

Mudo de palabra, que ni a familiares habla, y quien sabe si conoce, dicen que pasa las noches en vela, resolviendo complicadas ecuaciones con variables imposibles. Con el borrador del olvido, elimina de la pizarra de su mente raíces o derivadas a las que logaritmos y cotangentes acosan sin cesar, hasta que al amanecer, cae rendido de tanto esfuerzo que nadie agradece.

Ha de evadirse cuando despierta, salir a despreciar a ese mundo que no le comprende, que no sabe de qué ríen; tal vez de él. Seres inferiores a los que desprecia por sus banalidades, por su despreocupación y chabacanería.

Loco si, pero yo te he cogido haciendo trampas. Posiblemente sea el primer paso para tu recuperación y dejes tanta pastilla; tus ojos cambian de color y expresión, hasta esbozas una mueca que quiere ser sonrisa. Es al pasar por la playa, cuando miras con deleite los "senos y cosenos" de las jóvenes en bikini. 

4 comentarios:

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Espero que mi marido, que es matemático no se vuelva loco como tu protagonista. Pero es cierto que, a pesar de estar ya jubilado, se encierra en su estudio para resolver problemas, a veces irresolubles, como irresolubles son algunos problemas de la vida. Supongo que conoces el dicho: "Si un problema no tiene solución para qué preocuparse y si lo tiene, pues tampoco."
Dicen que las mentes torturadas y enfermas son las más geniales. Muchos grandes hombres y mujeres, grandes genios/as estaban locos. Pero yo me pregunto ¿lo estaban ya o su genialidad les hizo perder la razón? Muchos besos, Alfredo.

Alfredo dijo...

Marta.
Las grandes obras las sueñan los genios locos. Las ejecutan los luchadores natos. Las disfrutan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos.

Marta C. dijo...

Magnífica respuesta, Alfredo, ¿es tuya? Si no lo es, me la apunto y si lo es, te pediré permiso por los derechos de autor. Besos.

Alfredo dijo...

Marta.
Puedes utilizarla como más te convenga, desconozco quien la escribió, pero debía ser un buen pensador.