lunes, 9 de julio de 2012

Sufrimiento y Valor.


Decía Napoleón Bonaparte: "Hace falta más valor para sufrir que para morir". Posiblemente sea cierto, habrían de decirlo los que verdaderamente sufren; los que han renunciado al valor y se dejan morir, ya nada pueden decir.
El morir es solamente un instante, angustioso quizá, pero solo un instante. El sufrimiento lleva consigo la agonía de saber que nada será ya como antes, que todo irá, probablemente, a peor. Esa lucha continua necesita de mucho valor para seguir aguantando, para sonreír en determinados momentos, aunque el dolor te oprima, para confiar esperanzado en que surja algo, y todo cambie.
Pero, ¿qué es el valor? Valor es según el DRAE; Subsistencia y firmeza de algún acto. Es decir: el acto de firmeza, con que se lucha, para mantener la propia vida en condiciones extraordinarias.
Dijo Séneca: "Lo importante no es lo que sufres sino cómo lo sufres". Es difícil estar de acuerdo con él. Aunque tenga razón. A mí me duele, estoy sufriendo y eso es lo más importante. Sufrir con resignación, que mal se lleva; hay que tener mucho valor.
Yo, que soy de esos, de los egoístas, suelo pensar un momento, cuando en la tele o la radio hablan de esta o aquella enfermedad, en la desgracia que les ha tocado en suerte. Pero pocas veces pasa de ahí, ya digo que soy egoísta.
Sin embargo, esta vez, me ha dado por indagar más a fondo. Quería apaciguar ese reconcome que me queda siempre. Quería aprender algo, para ver el modo de tratar de consolar a algún afligido, pero, ¡que difícil es! Esa actitud solidaria con el sufrimiento ajeno, no se aprende; se tiene, o no.
Bueno, espero que esta última sentencia mía, esté equivocada. Espero que algunos aprendamos el verdadero significado de la Caridad para con aquellos que tienen el Valor de aguantar el Sufrimiento con Resignación y Esperanza.

6 comentarios:

Marina-Emer dijo...

Con todo mi cariño feliz semana...algo mejor gracias Alfredo
Besosssssssssssssssss
Marina

Rubén Xixón dijo...

Tienes razón, la muerte no solo es un final sino también un principio, el principio del fin de los sufrimientos.
Por eso el suicidio es un acto tan cobarde, en cuanto forma de eludir los problemas de la realidad (hablo sobre todo de suicidios en estado de consciencia, relativamente. Entiendo que puede haber gente tan obcecada que se mate sin darse cuenta de lo que hace); lo verdaderamente valeroso es seguir aquí.
Mi abuela aguantó diez largos años a su marido, enfermo de Parkinson, con perlesía, etcétera. Como era una persona huraña, la enfermedad lo aisló aún más y hizo muy difícil la convivencia, incluso con la propia familia.
Aun recuerdo aquellos ayes y lamentos que lanzaba en medio de la noche, porque dormitaba a ratos por el día y las noches las pasaba en vela. Mi abuela, también.
Ella jamás pidió ayuda a nadie. Peleó con "su paisano" como una campeona, hasta el final. Pasó largas temporadas durmiendo poco y mal, sin poder apenas salir de casa, pendiente todo el día de su marido; pero ello no le impidió ser una persona de carácter afable, tremendamente cariñosa con sus vecinos, familia y nietos. Al final, cuando él murió, pudo disfrutar un poco más de la vida, suena mal decirlo así pero es la verdad.
Cuando quiero pensar en un ejemplo de verdadero amor, de sufrimiento resignado, recuerdo aquellos diez largos años de mi abuela materna. Lo que te he contado brevemente no sirve para describir ni la décima parte de lo que aconteció todo aquel tiempo, pero servirá de breve ejemplo de lo que es sufrir, no solo por uno mismo, sino por otro.
Saludos.

Marina-Emer dijo...

gracias por tus palabras querido ALFREDOno me detuve a leer por que a las 5/15 de la madrugada me llevaban al hospital a cuidar a mi prima gravisima de infarto cerebral ...operada hace dos meses de cancer de mama por segunda vez y ahora la han detectado cancer de colon y en muy joven...vengo para darte las graciasd por pensar en mi eres mi gran amigo
besiosssssssssssssssssss
Marina

Alfredo dijo...

Rubén X.

Rubén, tu querías a tu abuela, sentiste su sufrimiento y valoraste positivamente su abnegación. Quisiste sin duda a tu abuelo, pero la vejez y la enfermedad de los demás, nos asustan primero, nos cansan después y acabamos pidiendo el fin de todo aquello. Ahora pregunto yo: ¿Nos ponemos alguna vez, en lugar del enfermo? ¿Sabemos de sus dolores, y sobre todo de sus miedos? La zozobra en la que viven, el ansia por tener aquello que nadie le proporciona, la comprensión necesaria… ¡tantas cosas! Ellos son los que tienen valor, nosotros sufrimos en principio, pero, al final, respiramos por la liberación. Sentiremos pena siempre, y quizá a propósito, olvidemos que aquello nos ha de pasar a nosotros. ¡Ojalá tengamos el valor necesario!

Alfredo dijo...

Marina.
Sé lo que me cuentas, de ahí mis palabras.
Un abrazo.

Marta C. dijo...

(alfredo, repondiendo a tu pregunta: que estés ahí y entiendas por lo que pasamos las que sufrimos dia tras dia, es suficiente, amigo. GRACIAS.
esto es una excepción que creo que te mereces. Besos)