lunes, 1 de octubre de 2012

Aquellos días felices; ¿Qué fue de Zulima?


Queridos míos, aunque un poco tarde por los motivos que algunos ya sabéis, me veo, y a fin de ser consecuente con lo que a mi amiga Marta le dije en un comentario de hoy mismo, me veo, repito, en la obligación de escribir una terminación para mi cuento Aquellos días felices. Pero antes, las preguntas que me hubieran gustado me hicieseis:

a) ¿Por qué tanto rollo con los estudios y con el oficio?
r) Yo, estudiante de una carrera técnica, y al igual que infinidad de muchachos de mi tiempo, y sobre todo de éstos, siempre me cuestioné la importancia de ciertas asignaturas, creyendo que la formación profesional debía de basarse en eso, en lo profesional.

b) ¿Y se marchó Zulima sin más?
r) No. Tras recorrer trecientos kilómetros no se iba a dar la vuelta sin conseguir su propósito. Alguna razón hubo.

c) ¿Que significa esta frase?; " hizo que se sintiera culpable por los besos que me había dado, del mal que me trajo"
r) Supongo que esta pregunta no ha lugar; el que no sabe lo que es la enfermedad de Pfeiffer, seguramente iría a buscarlo y hallaría; enfermedad infeccio-contagiosa de nombre vulgar "enfermedad del beso".
Hay además un ademán que no puede pasar desapercibido; "Pude apreciar como su semblante se demudaba un tanto y como nerviosa, asía el bolso con ambas manos llevándolo a la altura del estómago" El significado es de autoprotección; ella está embarazada.
Bueno, dejemos la explicación -que ahora me parece un tanto infantil- y acabemos de una vez.


Aquellos días felices; ¿Qué fue de Zulima?

No sé como empezar ésta carta; si dijera "querida Amparo" no sería correcto, apenas te conozco, solamente hemos hablado media hora escasa, y de ello va a hacer ahora diez años. Por ello, tampoco me atrevo a decir amiga, estimada, e incluso apreciada Amparo. Cualquiera de ellas podría ser una buena fórmula de cortesía, pero estas letras no pretenden ser corteses, aunque si correctas, y quiero que las entiendas como mera información.

¿Y porqué ahora? te preguntarás. Verdaderamente ni yo lo sé. Hace mucho que vengo dándole vueltas al asunto y he llegado a la conclusión de que es de justicia.
Hubo un tiempo en que pude necesitar ayuda, pero a nadie quise pedirla; queriendo me metí en ello, y sola lo había de afrontar. Aunque tú parecías estar de mi parte, de nuestra parte, de la de tú hijo y de la mía, creí que sería imposible vencer la resistencia de tu marido, y más, si hubiera sabido que iba a tener un hijo. No quiero imaginar lo que hubiera pensado.
Esta es la razón de mi carta Amparo, comunicarte que tienes un nieto hermoso al que no quiero hurtar por más tiempo, ni a vosotros ni a su padre, el derecho a saberlo y a conocerlo si es que así lo deseáis.
No me gustan las suspicacias. Nada queremos, nada necesitamos, tengo un buen empleo, una buena casa, y el amor que por tu hijo tuve, está plenamente reflejado en el mío; somos felices.

A vuestra disposición, Zulima.


6 comentarios:

Marta C. dijo...

Querido Alfredo. Me ha sorprendido un poco lo que planteas respecto al relato de Zulima, porque, a mi parecer, no necesitaba ese final que has añadido. He vuelto a leerlo y, de verdad, que me parece innecesario.
El tema de los estudios, quizás es la parte menos atractiva del relato y si la hubieras resumido, el relato habría ganado en intensidad, no hacía falta tanta introducción, me parece a mí, para llegar a una conclusión que no tiene trascendencia en el resto del relato. Ese sería mi único "pero".
Es cierto que yo me pregunté el por qué de esa larga introducción, pero como luego me sumergí en la historia de Zulima, la que realmente tiene peso en el relato, me olvidé de ello.
Releyendo el relato, he visto que hay una frase que crea cierta confusión al leerla. Al ir intercalando las narraciones en 1ª persona de padre e hijo sin previo aviso, hay un párrafo en el que se puede dudar de quién es el narrador:
"Ya llevaba en el hospital cinco días y los síntomas no remitían a pesar del tratamiento."

En un principio Ese "llevaba" tanto podría referirse al padre como al hijo. Aunque la confusión de deshace inmediatamente, no deja de tener para el lector, al menos para mí, la necesidad de releerlo para darse cuenta de quien es el narrador. Una vez pasada la confusión, todo queda, a mi entender, bastante claro. Un buen escritor, Alfredo, no da puntada sin hilo y primero: el gesto de ponerse el bolso en la barriga, sobre todo para una lectora mujer, es evidente signo de embarazo, como lo es el que ella fuera a buscarlo. Y segundo, aunque no conocía la enfermedad, di por hecho que era contagiosa por las palabras del padre. Esa escena es clave para entender el nudo del conflicto y para mí no era necesaria más información. El destino de Zulima, más o menos se podía intuir, así como el motivo por el que renuncia a verlo. Alfredo, no dudes de la sagacidad de tus lectores, pero sobre todo de tu capacidad para "obligar" al lector a ser inteligente y no leer superficialmente. Si se lo das todo hecho, el lector siente que le tratas como incapaz de ver lo que hay detrás de tus palabras y adivinar lo que no dices. También es bueno dejar abiertos los finales por ese mismo motivo. ¿Qué más puede pedir un escritor que dejar al lector pensando en un desenlace, intentando ligar la información que das, etc.? Es el sueño de todo escritor, al menos para mí. A mi juicio, al relato (si exceptuamos la primera parte de la que ya te he hablado) no le falta ni le sobra una coma.

¡Menudo rollo, Alfredo! Se nota que ando mejor de energías y tengo ganas de debate ¿eeeh?
Bueno, ya me dirás qué te parece. Creo espero y deseo que hoy reiniciaré la accidentada andadura de mi otro blog. Muchos besos.

Rubén Xixón dijo...

Nuestra común seguidora Marta ha resultado ser una crítica formidable, circunstancia de la cual me alegro mucho y por ello te felicito porque es una suerte tener gente así alrededor.
Por mi parte, estudiaré bien el relato, el desenlace y el comentario de Marta, antes de pronunciarme. Es lo que procede porque nos ha puesto el listón muy alto a los dos.
Saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Alfredo

Anónimo dijo...

Estimado Alfredo,
Después de leer detenidamente tu relato, previa impresión del mismo (por supuesto en el ordenador de mi empresa), me veo con fuerzas para comentarte cuatro "cosinas" del mismo:
La alternancia de la narración del padre y el hijo es un poco confusa. ¿Has pensado en poner una de ellas en cursiva, o en separarlas mediante espacios, o una línea de puntos?
Comprendo la aversión del protagonista ante las humanidades porque en muchos amigos o conocidos que tiraron por "ciencias" encontré ese rechazo, fundamentado siempre en el ansia de aprender cosas prácticas. Sin embargo, para mí no tiene mucho sentido porque el conocimiento no tiene barreras y el hecho de ser muy científico no impide el tener una formación más genérica, una "cultura general".
Coincido con nuestra querida Marta en que el final es innecesario, quizá un tanto improvisado y soso. Sinceramente, lo encontré un poco lacrimógeno y seguramente hubiera prescindido totalmente de esa carta escrita a destiempo y que probablemente en la realidad nunca se hubiera producido.
Por supuesto tómalo como una crítica amistosa de un mindundi que intenta ser constructivo.
Saludos cordiales,
Ruben Xixón.

Alfredo dijo...

Marta.
Bien, empecemos por lo que parece de Pero Grullo; el gesto del bolso. Quiero creerte cuando dices que toda mujer entendería el gesto, pero seguro que a la mayoría de los hombres se les escapa.

Lo importante no es que la enfermedad del chico sea contagiosa o no, lo realmente importante es que ella se cree la culpable de dicha enfermedad, pues siempre ha pesado en su ánimo, aquella malaventura de las cartas.

Yo no dudo de la sagacidad de algunos de mis lectores y sé que para ese grupo estaría demás el apéndice. Si yo supiera, que a alguien le ha dado que pensar, lo hubiera dejado tal cual.

La primera parte podría ser un alegato a favor de aquellos que quieren estudiar algo en concreto y se ven obligados a "perder su tiempo" en algo que juzgan accesorio. En realidad siempre he pensado, que aquello de que, el saber no ocupa lugar, es muy cierto. Por ello al final lo llevo a la universidad.

Marta, siento haberte obligado a releer el cuento, pero yo también tuve que hacerlo; una vez escrito los dejo en el fondo del "desván". Me gusta tu forma de debatir; sin hacer sangre y con cariño.
Besos.

Alfredo dijo...

Rubén X.
Amigo Rubén, ahora me explico el motivo de que tus comentarios vayan directamente a la carpeta de spam como anónimo. ¡Trabaja algo en casa jodio!

La alternancia de la narración, está diseñada a propósito. Simplemente es para que el lector piense: ¿Qué coño dice este tío? Seguro que alguien vuelve sobre sus pasos.

Es cierto que nuestro protagonista, es de esos que tú y yo hemos conocido. Pero resultaría chocante que un buen técnico en cualquier materia, fuera incapaz de redactar un informe, o hacerlo con faltas de ortografía, por ejemplo. Haberlos, haylos.

Ya he explicado la necesidad del final añadido, que a mi modo de ver no tiene nada de lacrimógeno; simplemente es una carta de una persona que tiene un cargo de conciencia.

Rubén, las críticas las acepto tal y como son, de donde y de quien vienen. Si aportan algo, mejor, ¡esto es solo un blog de un chalao que tiene ideas, escribe lo que le gusta y que trata de aprender!
Salu2.