domingo, 14 de octubre de 2012

Los hombres grises de mi sueño.


Sabía que era un sueño, pero la seguridad en la veracidad de tal hecho, no era impedimento para sentir una congoja que iba en aumento.
Como suele suceder en estos casos, mis ojos eran la cámara que todo lo ve. El cuerpo no parecía existir, o si existía, estaba en segundo plano. Era meramente el medio de transporte que realizaba un travelling óptico de un plano que se acercaba. 
Así, aquella mujer situada a la izquierda de la toma, y que parecía la viva imagen de un figurín de los años sesenta, iba desapareciendo conforme avanzaba. Pude, no obstante, ver su vestido estampado de prieto talle ceñido por un ancho cinturón, los tacones de fina aguja y aquel sombrerillo como de azafata. Pero la acción, lo que intuía, era lo que me daba aquella sensación de congoja, estaba unos pasos más allá. Al fondo, los edificios, las figuras de los que paseaban, estaban difuminadas y grises cual si de una macro se tratase, y en el centro, en el medio de todo aquel plano que se agrandaba, estaba el sumidero; un agujero rectangular de gruesos barrotes de hierro que tal parecía la reja de una cárcel.
El plano quedó fijo en aquel recuadro, los tonos grisáceos empezaron a tomar color para indicar que allí estaba lo importante, que todo lo demás era secundario. Dos pequeñas manos se asían con fuerza a los barrotes, y una carita de niña, pugnaba por tomar aire luchando a la vez porque la corriente de agua no la arrastrara. Deseé vehementemente que alguien la rescatara, yo no podía, era solo la cámara, aunque mi ruego empezó a hacerse realidad. La joven apareció de nuevo por la izquierda y se agachó para prestar una difícil ayuda. 
La secuencia carecía de sonido, pero ambas parecían entenderse con la mirada. La niña se soltó de una mano, como pudo, agarró el bajo de su empapado vestido color musgo y lo introdujo entre los barrotes. Entonces la joven lo asió, y dándole un par de vueltas al barrote, consiguió que todo el cuerpo de la niña quedara horizontal y a salvo de aquellas aguas blanquecinas y llenas despuma. Era un primer paso, sin embargo, el cansancio pronto haría mella, y sin fuerza en los brazos, la parte superior del tronco se sumergiría. ¡Había que levantar rápidamente la reja! La joven parecía gritar a una gente que aún estaba revestida de tonos oscuros. Nadie le hacía el menor caso. La rabia y la impotencia dieron rienda suelta a sus lágrimas. 
Mientras tanto, mi mente maquinaba la forma de decirle a aquella mujer lo que había de hacer en tanto llegaba la ayuda. Y ella lo comprendió; se quitó el cinturón, y ayudada por la cría, lo pasó por entre los barrotes y rodeando el cuerpo, a la altura de los omóplatos, consiguieron un poco más de sujeción.
Mi sueño acaba aquí, a las cuatro y media de la mañana Somnoliento me levanté a orinar con prisa. Quería volver a la cama, proseguir la pequeña historia, ver que los hombres grises cambiaban de color, que levantaban la reja, que salía la niña y que todos se felicitaban. Pero, por más que lo intenté, y aunque me dormí enseguida, mi mente se fue por otros derroteros. Otros sueños menos nítidos, de los que nada recuerdo, ocuparon su lugar ahora que la congoja, el miedo y la incertidumbre parecían haber pasado.

7 comentarios:

Rubén Xixón dijo...

Que incomodidad producen estos sueños inacabados. Podrias finalizarlo en la siguiente entrada.
Saludos.

Marta C. dijo...

¡Me cachis! Acabo de escribir un largo comentario y no sé por qué no aparece no sé si lo he borrado. Uf, qué mi...
Bueno, si no aparece lo volveré a escribir.

Marta C. dijo...

Efectivamente lo he borrado. Vamos allá. Te decía que sea cierto que sea un sueño o no es lo de menos. Es un relato tremendamente vívido. Transmites perfectamente esa congoja de los sueños, luego es visión de "cámara" de mero testigo que no nos permite intervenir. Las imágenes son reales, se ven. Luego le das al relato un ritmo trepidante que aumenta la tensión. Es fantástico, Alfredo. Es una pena que no te lea más gente porque realmente es un disfrute leerte.
Por cierto, ¿es verdad que escribes tus cuentines de un tirón sin revisarlos? Si es así, eres todo un fenómeno. Pocos pueden decir algo así. Muchos besos.

Alfredo dijo...

Rubén X.
El cuento no tiene continuación; "el miedo y la incertidumbre parecían haber pasado".
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Soy un mentiroso compulsivo, pero solo para mis cuentos. Si hubiera tenido ese sueño, estaría preguntándome su significado y seguramente me quedaría mal cuerpo.
Es cierto que escribo mis cuentos de un tirón, la mayoría de las veces ni siquiera los reviso, otras, cuando me interrumpen, me veo obligado a releerlos para seguir el hilo. Quizá por ello, aparte de mi desastrosa memoria, se me olvidan pronto y he de releerlos para contestar a vuestros comentarios. Lo primordial es tener una idea, luego, en la cama, le pongo las palabras y que casi nunca coinciden con las que escribo.
Gracias por ser mi fan.
Salu2.

Humberto Dib dijo...

En principio, creí que de verdad era un sueño, luego leí en tu comentario que no. A mí los sueños me han dado letra para muchos textos, jamás los desestimo, aunque la muchas veces la vida real pueda ser más onírica.
Un texto que fue in crescendo, me gustó, si señor.
Un abrazo.
HD

Alfredo dijo...

Humberto Dib.
Gracias por el comentario Humberto, viniendo de un maestro como tú, me alaga profundamente.
Salu2.