miércoles, 24 de octubre de 2012

Matar es fácil (2)


- Repítame  como ocurrieron los hechos, por favor.

- Señor inspector, no piense usted pillarme en falta ni que me desdiga, los hechos ocurrieron tal y como se los he contado. Con la verdad en mi boca, no cabe tal posibilidad, pero, dado que ese es su gusto, los relataré de nuevo.
No niego que tengo amores con la mujer de mi amigo, ni tampoco que yo lo maté. Pero ni homicidio, ni mucho menos asesinato, defensa propia y nada más.

- Veo que comprende muy bien la diferencia, prosiga.

- Me encontré con mi amante en su domicilio. La mala fortuna quiso que su suegra, vecina suya, llamara a la puerta. Presuroso, abandoné la casa por la puerta trasera, olvidando el cinturón con mis iniciales grabadas en la hebilla. Cuando me dí cuenta ya había saltado la tapia, así que rodee la casa esperando que la vieja se marchara. Como eso no sucedía y me era comprometido estar acechando en una esquina, fui a mi casa. Cabían dos posibilidades; que Rosa encontrara el cinto y lo guardara, o que fuese Jesús, lo que sin duda traería complicaciones.
Una hora más tarde llamé por teléfono. Descolgó Jesús. Al oír su voz, colgué yo a su vez sin exhalar un aliento siquiera. Estaba nervioso, así que, salí y me puse a cortar leña para la chimenea mientras pensaba en la disculpa que le podría dar.
No había transcurrido media hora cuando Jesús, pistola en mano y cinto en la otra, se presentó. Estaba fuera de sí, insultándome y mostrando el cinturón en alto como prueba del delito, me dijo…

- Explícame, maldito cabrón, que hacía esto entre el colchón y el tablero inferior de mi cama.

- Traté de calmarlo y le ofrecí un poco de meperidina. Sus pupilas se dilataron y supe que iba a disparar. Entonces esquive hacia la derecha, y levantando mi hacha, lancé un golpe de defensa, casi con los ojos cerrados, y que desgraciadamente le acertaron en mitad del cráneo. Luego llamé a una ambulancia y a ustedes. Eso es todo.

- Bien, espere un momento, he de contrastar algo.

- ¿Podría fumar?

- ¿Acaso no sabe que está prohibido?

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 - ¿Ya lo habéis escuchado, qué opináis?

- Todo parece concordar, ¿no cree jefe?

- ¿Ha modificado en algo ella su versión?

- No. Creo que no está implicada, que nada sabe al respecto del cinturón y tampoco si el marido se llevó una pistola, pero que tras recibir una llamada, no sabe de quien, le pidió una bolsa, que entró en la habitación y se marchó.

- ¿Había estado él con anterioridad en la estancia?

- Si. Debió encontrar la prueba del engaño, pero nada dijo. La bolsa sería para guardar la correa, pues las armas que tiene en el armario están todas en sus fundas, a excepción de la encontrada en el lugar de los hechos.

- Le toca jefe.

- Mi intuición me dice que el enfermero no es trigo limpio. Parece que tiene bien estudiada la diferencia entre las acusaciones que se pudieran dar contra él. Le estaba proporcionando narcóticos, y, ¿cómo es posible, que un tirador de élite marre un tiro a tres metros? 
Aunque es pronto, he aquí mi hipótesis: Creo que el amante sabía donde guardaba las armas, que estaba esperando la oportunidad, y que ésta se dio. Dejó el cinturón y salió por la puerta que da al huerto. Luego, fiando en la suerte, esperó que el marido lo encontrase y que fuese a pedirle explicaciones. Cuando llegó, le asestó el golpe, sin más. Hizo un disparo al aire y le colocó la pistola sustraída. 
Hay que buscar la bala, comprobar la trayectoria, detección de residuos en las manos de ambos, unos guantes, la ropa que llevaba puesta, y si existe otro móvil aparte del sexual. Si el enfermero no tiene residuos, cosa probable, y el difunto si, la cosa se complica.

- Marido y mujer tenían desde hace cinco años, un seguro de vida de beneficio mutuo. No es excesivamente cuantioso. La casa está a nombre de ambos. Ninguno está entrampado.

- Bien, no parece que el dinero fuera la causa, solo nos queda la parafina y esa bala. Bastante poco para inculparlo, así que ojo con la ropa. ¿Buscasteis huellas en la casa?

- Ya lo hicimos, nada en el armario, pero es sorprendente que el estuche vacío no tenga ni una huella del dueño, esto refuerza su tesis, jefe. Solamente las hay del sospechoso en la puerta que da a la terraza y huerto, y en una banqueta, que debió colocar para auparse al muro.

- Si, pero... el supuesto suministro habitual de los opiáceos no es motivo para dejarlo aquí unos días. Bien, yo hablaré con ella ahora.

- Una pregunta jefe, ¿si el enfermero se llevó el arma, porque no la utilizó?

 - Es parte de su coartada, el disparo debía de hacerlo el ofendido.

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- Bueno, señora, puede marcharse, pero como a su amante, he de pedirle que esté loca…

- ¿Ha dicho… mi amante?

- Perdón, no quise ofenderla…

- Pues me ha ofendido. Yo no soy la amante de nadie, pese a todo, quería a mi marido y jamás le engañaría.

- Luis, el enfermero, nos ha dicho que usted y él eran amantes. ¿No es eso cierto?

- Pues no. Eran ellos los que mantenían esas relaciones. Mi marido era bisexual.

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- ¿Qué haces aquí? La policía te está investigando y yo no quiero tener nada en ese asunto. ¡Vete y no vuelvas! Nada quiero saber ya de ti.

 - ¿Cómo dices? ¿Que me vaya? ¿Después de librarte de ese energúmeno drogadicto? ¿No era a mí a quien querías, y a él al que odiabas? ¿No fuiste tú la insinuante provocadora? 

- Lo nuestro fue solo una aventura de la que estoy pesarosa.

- ¿Aventura? ¿Llamas aventura a engañar a mi amigo, y a la planificación de su asesinato? Me enredaste con tus besos, con tu cuerpo, me convertiste en ladrón y asesino y, ¿quieres que me vaya sin más?  
Te he cogido en un renuncio; ¿a que viene esa patochada de que Jesús y yo teníamos un lío? ¡querías incriminarme¡ Así, libre de sospecha, te quedabas sola. Eso era lo que querías desde el principio. ¡No mereces vivir! Aunque me pudra en la cárcel, te voy a retorcer el cuello, ¡mala pécora!


14 comentarios:

Esilleviana dijo...

:)
Inspector, echaba de menos sus relatos tan coherentes y llenos de posibles caminos alternativos, para nada predecible.

Siempre es interesante leerte y aprender.

Un abrazo amigo

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Me intriga ese (2) junto al título. No soyconsciente de haber leído el 1.
Es igual, una trama policíaca muy bien engarzada. Una historia que bien podría ser verdad y que viene a confirmar que "matar no es tan fácil".Hay una película "Fuego en el cuerpo" de la que existen dos versiones, con un argumento parecido. Has entrelazado muy bien esa historia y, como suele ocurrir, la malvada mujer que pretende inculpar al amante y quedarse con el dinero. Parece que no mucho en este caso. El drama está servido Muy lograda esa conversación entre los policías. Y el amante acaba llevándosela por delante. Muy bien, Alfredo. Una intriga a lo Hitchcock. Te atreves con todos los géneros ¿eh? Besos.

Alfredo dijo...

Esi.
Mis cuentinos siempre están aquí, a veces hay suerte y sale alguno pasable; es difícil esto de escribir. Lo importante es entretenerse ya sea escribiendo o leyendo.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Matar es fácil 1, era aquél del piraó que sufría de manía persecutoria. En él metí algunas palabras fuera de uso.

Si he visto esa película, no la recuerdo, me suele suceder. En cuanto al tema de los asesinatos, algunos de mis viejos cuentos tratan de ese tema. Te decía en un comentario anterior, que cuando tengas tiempo leas "El loco". Con el buscador lo hallarás. A mi me gustó mucho cuando lo escribí, aunque es un poco largo.
Salu2.

Innombrable dijo...

muy buen relato y con permiso lo sigo.
saludos desde México
Carlos

Natàlia Tàrraco dijo...

Uf, Alfredo, vengo de donde Marta y el juego de palabrejas, temía encontrarme con un quisicosero, quisquilloso buceador de antaños vocablos, cosa que tampoco me sofocaba.
Un respiro leer este relato en plan "negro", que lo devoro todo, sin ir más lejos una del último Planeta, Lorenzo Silva; "La estrategia del agua"
Es tarde, prometo releerte a fondo que lo visto a bote pronto, me ha encantado.
!Salve!
Por cierto a ver si acierto alguna palabrita de las que has propuesto.
!Salve! Marta por si estás por aquí.

Marta C. dijo...

Alfredo, vuelvo por aquí, porque después de leerte y comentarte, seguí dándole vueltas a tu relato. Se me presentaron dos dudas, ya era tarde y lo dejé para hoy:
primera: ¿qué función tiene en el relato la "meperidina"? ¿qué aportación a la trama da que el amante-enfermero le proporcionase opiáceos al marido? ¿con qué intención lo has puesto en la trama?
segunda: haces referencia a la "parafina", yo veo muchas pelis de polis y no sé exactamente para qué usa la policía la parafina, ¿para detectar la pólvora?
Voy a leer ese relato que me comentas porque no tenía conciencia de que me lo hubieras recomendado. Ahora vuelvo.

Marta C. dijo...

¡Genial, Alfredo! No lo había leído pq es de 2010 cuando yo aún no tenía ni blog. Está estupendamente elaborada esa trama también. Parece que, efectivamente el género policíaco se te da bien. Lo he leído de un tirón. Espero que vuelvas a distraernos con tus tramas policíacas.
Un beso.
¿Te has pasado por DEBATES LITERARIOS! Se ha inciado ya una buena discusión sobre tus palabrejas.

Alfredo dijo...

Innombrable.
Gracias por el comentario. Ésta página está abierta a todo el que lo desee, nadie necesita permiso.
Salu2.

Alfredo dijo...

Natalia T.
Gracias por el comentario. Quisquilloso es posible que lo sea, y quisicosero... también ¡que le vamos a hacer!
Tengo alguna cosilla pasable, seguro que encuentras algo que te guste.
En cuanto a las palabras, ya le decía yo a Marta que dejara mirar el diccionario. Es más fácil, pero como algunos vocablos tienen varias acepciones, sería divertido ver cual pone cada uno.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
A ver si soy capaz de explicarlo: La meperidina es un derivado del opio. Creo que era lo que utilizaba aquel anestesista que contagió la hepatitis a unos cuantos. Bueno, ahí va la explicación; el enfermero - que sabe que no es bueno pasar por santo- reconoce ante el inspector que proporcionaba la droga a su amigo. Éste, tirador de élite, cree necesitarla para relajarse antes de una prueba y queda enganchado. Luis se culpa de algo, esperando que el inspector crea que lo hace para disculpar lo de los cuernos, pero a su vez echa mierda sobre su amigo.
La parafina es el método utilizado para detectar la pólvora, de ahí que les diga a sus subordinados que busquen unos guantes y la ropa que pudiera llevar Luis. Se supone que el enfermero no es tonto y se ha deshecho de todo; la pólvora eyectada lo impregna.

Marta, salvando las distancias, alguno de mis cuentos son como La Codorniz, ya sabes; la revista más sagaz para el lector más inteligente. (creo que así era)
Lo que me presta un ovo de avestruz, son estas preguntas que me haces.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Demasiado rápido, se me marchó el dedo y le dí a publicar cuando aún me quedaba responderte al del loco.
Me alegro que te haya gustado. Hay una parte algo farragosa - lo de las grúas- para aquél que no conoce las carreteras donde se desarrolla el asunto, pero bueno, creo que el meollo está en la sapiencia que demuestra el buen Loco.
Ya se me iba el dedo otra vez.
Pasé ayer. Ya le digo a Natalia que debías haber permitido el diccionario.
Te agradezco la propaganda, ahora me paso por allí a ver como va.
Salu2.

Marta C. dijo...

Sí, ese loco era muy culto, me recuerda a alguien... Me ha gustado también esa doble personalidad que le atribuyes que pasa de la locura a la cordura, pero siempre pacífico. Es un buen personaje.
Precisamente del tema de los personajes hablaremos en el próximo debate.
¡Hombre, Alfredo, con el diccionario pierde toda la gracia! De lo que se trata es de la espontaneidad de palabras que la gente conoce e intentar definirlas. Si nos vamos al diccionario se pierde todo el interés, digo yo. En tu texto es complicado porque son palabras difíciles, pero ya ves que ha sido la chispa que ha generado el interés.

María dijo...

Alfredo vengo desde el blog de Marta, es que quiero conocer tu manera de transcribir, sino te importa me quedo por aquí, gracias.