lunes, 22 de octubre de 2012

Mis manías.



Desde muy joven empecé a salir con chicas. No sé la razón, pero me gustaban las que padecían de miopía. Posiblemente fuera por esos ojos de cordero que reflejan mansedumbre. El caso es que tuve tres o cuatro aventurillas, luego, cambiaron mis gustos; me llamaban la atención las flaquillas y de baja estatura. Ninguna de aquellas con las que anduve superaba el metro cincuenta y cinco. Tampoco es raro, pensará alguno. Bueno, para alguien que jugaba al baloncesto y que supera el uno noventa y ocho, medio metro es bastante.
Esta vez mi gusto hubo de cambiar por necesidad imperiosa. No, no es que me sintiera ridículo cuando la gente se nos quedaba mirando, es que… hacer el amor resultaba complicado. Imagina la postura del misionero; yo mordiendo almohada y ella con los pelos del pecho en la boca. Decidí buscar una pareja acorde, en vista de que naranja y mandarina, nunca pueden ser mitad y mitad.
Pero, ¿que significaba acorde? Procedía, en primer, lugar un psicoanálisis, propio, aunque fuera de baratillo, para averiguar de donde procedían aquellas "manías", y en segundo, que era lo que realmente buscaba.
Cogí una balanza, un lápiz y el taco del calendario de sobremesa, repasé mi vida y fui escribiendo:
Miope, ojos de cordero, mansedumbre.- Vas de machito, te gusta dominar.
La hoja del calendario fue al platillo de la derecha.
Pequeñita y esmirriada.-  ¿Protección o Dominio?
Dudé a donde debía de ir esta nueva hoja, pero a fuer de ser sincero, el papel debía de ir al platillo de la derecha.
Durante un buen rato, aquel juego continuó; que si ahora las rubias "tontas", que si luego las pelirrojas pecosas, las morenas pasadas de kilos... El platillo de la derecha ganaba por goleada al de la izquierda. El peso era abrumador, y aunque ese peso, apenas hizo mover la balanza, hube de reconocer algo que veía en el espejo todas las mañanas y que jamás quise reconocer:
Tenía que cambiar mi forma de ser; los machotes no se miden, ni por la estatura, ni por el ansia de ser posesivo, dominante… por ser más.
Había de olvidar ese maniqueísmo donde el mejor de las dos partes, era siempre yo.
Reconocer, que las taras que creía ver en el sexo femenino, no eran de ellas sino mías.  
Debía dejar de buscar, el amor sincero no se busca, se halla.

Y la duda asaltó mi mente: ¿No sería yo un poco desviado?

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Como motivo de ilustración, he colocado el papiro de Ani en el que se contempla la balanza de Anubis. Anubis era el encargado de vigilar la balanza en la que se pesaban los corazones de los difuntos durante el Juicio de Osiris.
El espíritu del fallecido era guiado en el inframundo por Anubis. Anubis extraía el corazón, que representa la conciencia y moralidad, y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de una balanza. En el otro platillo de la balanza se colocaba la pluma de Maat, símbolo de la Verdad y la Justicia Universal.
Un jurado, compuesto por dioses, formulaba preguntas al difunto acerca de su conducta pasada, y dependiendo de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso.
Osiris dictaba sentencia; el paraíso, o la pérdida de la inmortalidad.

Mi cuento, aunque no tiene demasiada relación, podríamos decir que se ha inspirado- me parece un poco pedante, pero bueno- en ese juicio.

5 comentarios:

Marta C. dijo...

Querido Alfredo, nunca me decepcionan mis paseos por tu casa. No solo nos regalas un imaginativo cuentín, sino que nos ilustras con tus conocimientos, que son como un pozo sin fondo. Como siempre, tu relato encantador y también, como suele ser habitual en ti, con moraleja incluida. Medir 1'98 no tiene que ser fácil para la vida corriente. Te voy a hacer una confesión: yo mido 1'72 desde los 15 años. Pegué un estirón de golpe. En aquella época esa altura, igual que un 40 de calzado, no era nada habitual entre las mujeres. Y, para que veas que tu cuentín es real como la vida misma, más de un chico me dejó plantada en plena pista de baile. Me sacaban a bailar (cuando todavía el chico sacaba a la chica) y en cuanto se ponían a mi lado les entraba a todos uns prisa repentina por ir a algún sitio un poco sospechosa. Ahora que muchas chicas miden eso y más, ya nadie me saca a bailar. Un beso, Alfredo
Tus personajes siguen siendo encantadores, tu chico, en lugar de despreciar a los demás, decide que es él el que debe cambiar. Si es que no sabes ser malo...

Ruben dijo...

A lo largo de la vida vamos coleccionando manías, en este caso, me quedo con las tuyas, que son mucho mejores que las mías.

Alfredo dijo...

Marta.
Me ves con buenos ojos, gracias.
Esos chascos del baile, se daban a menudo. Todos mis amigos, alguna foto hay más atrás, parecíamos cortados por patrón similar; 1.80, centímetro más o menos, pues bien, más de un caso se dio en que la pareja era pequeñita, pero ninguno se excusó. Muchas gracias al acabar la pieza, y más ojo para la próxima.

Mañana habrá muertes...
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Ayer leí tu cuento, pero estaba cansado, así que me fui sin comentar, ahora paso.
No creo que tengas muchas manías, eres un tío majo.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Oye Marta, por si no tengo tiempo de acabar el cuento que te prometí, en el busca mete "el loco" y léelo cuando puedas por favor.
Me he dado cuenta de que hay partido.
Salu2.