viernes, 19 de octubre de 2012

Palabras que el viento se lleva.


Querido hijo: Espero que tanto tú como María y los chicos estéis bien, os tengo presentes a diario.
Pronto llegará el cumpleaños de Pablo, trece ya y cuatro que no lo veo; que no os veo. Por eso te escribo, quisiera mandarle el regalo, dime que puede desear y se lo enviaré. ¡Me hace tanta ilusión!
La niña supongo que será ya una mocita, la de Sofía, mi asistenta, también tiene once años y es una delicia. Viene con su madre a diario, a eso del atardecer, y mientras Sofía me prepara la cena y hace algo por ahí, ella se aplica con los deberes. Cuando los acaba, me lee un par de páginas de cualquier libro que saca de la biblioteca. La escucho, corrijo, respondo a sus preguntas, y si no entiende alguna palabra… a veces me hago el tonto, como que no la sé. Al principio la mandaba que fuera a su amigo, el diccionario, ahora siempre lo coloca sobre la mesa, y cuando tropieza, ya sabe lo que hay que hacer:
- Amigo, dime donde está escondida esta palabra y dame su significado.
¡Es un cielo!
Dile a María que se anime para este verano y venid todos unos días, o un fin de semana. Las habitaciones están siempre listas.
Yo estoy bien. Aquí, pasando el día al amor de la chimenea, que aunque dicen que no hace frío, el que voy sintiendo cala ya hasta lo más hondo.
Ahora solo pongo un par de matas de tomate y unos fréjoles, el suelo me va quedando algo lejos, a pesar de estar cada día más encorvado. De otro modo, voy una vez a la semana al cementerio, y hablo con tú madre. A propósito, este día le pregunté que le parecería que testara a favor de Sofía. Le dejaría la casa, al fin y al cabo vosotros no venís y ella se pasa todo el santo día por aquí, vigilándome. Siempre dice que lo va a dejar, que es el último mes y que tiene bastante tajo con lo suyo, luego se le olvida.
Ya sé que el caserón es patrimonio familiar, pero puesto que no pareces tenerle demasiado aprecio, mejor con ella a que se caiga sola. Además, Sofía está de renta, podía decirle que se viniera con su marido y los niños, yo estaría más acompañado y ella se liberaría de una carga. Los cuartos y las tierras serían para ti, y esta casa, en este pueblo… poco vale. ¿Qué te parece? Espero que no te siente mal esta idea, pero si así lo consideras, lo olvidaré.
Por hoy nada más. Un fuerte abrazo para vosotros dos y un millar de besos para mis nietos.
PD.
Escríbeme una carta, el papel permanece y las palabras al teléfono se las lleva el viento.

4 comentarios:

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo, delicioso relato, como siempre. Esta vez te has decantado por el género epistolar que también da mucho juego. He observado que casi todos (no digo todos porque no he leído todos tus cuentinos) tus personajes son personas buenas y que te gustan los finales sin dramas. Ahí se ve lo buena persona que eres que ni siquiera escribiendo se te ocurren maldades. Me ha encantado leerte, también como siempre. Un beso.

Alfredo dijo...

Marta.
Mis cuentinos tratan de ser amables, aunque en este he querido reflejar la soledad de las personas mayores y el cariño, pese al abandono, que estos sienten por los suyos. No sé si lo conseguí.
No te equivoques conmigo, soy tan malo como cualquier otro. Para muestra voy a escribir otro de asesinato.
Salu2.

Marta C. dijo...

Sí, pero seguro que al final el asesino se arrepiente y se rehabilita, ja, ja! Venga, a ver si creas un personaje maligno. Yo estoy escribiendo un relato cuya protagonista no puede ser más harpía. Ya lo leerás. No me olvido de tus palabras difícile. Será la próxima entrada en DEBATES LITERARIOS. Un beso.

Humberto Dib dijo...

Alfredo:
Has escrito un retrato, una instantánea de la soledad. En verdad que sucede, me deja un poco triste.
Un abrazo.
HD