lunes, 12 de noviembre de 2012

El aguinaldo.



Ayer fui de compras a primera hora. En el centro comercial se afanaban por colocar las Cestas de Navidad. A decir verdad, pocas, ahora se llevan más esas Cajas Sorpresa en las que ni siquiera se intuye lo que va dentro.
Recuerdo hace años, tantos que habría que emplear la palabra Antaño, queriendo significar algo cuasi remoto. Sin embargo, apenas hace cincuenta de ello; una nimiedad. A lo que vamos, que me pierdo, recuerdo decía, a aquellos guardias urbanos que dirigían el tráfico rodeados de botellas y turrones que recibían como Aguinaldo. Y recuerdo también una anécdota que me contara un conocido mío. Ahí va:
Pepe, era conductor de una empresa dedicada a la reparación de maquinaria en instalaciones propias, y al mantenimiento de otras, que contrataban sus servicios. Su cometido consistía en ir dejando aquí y allá a sus compañeros, y asistirlos con materiales y herramientas. Llegada la Navidad, repartía las cestas de tamaño y composición variable, a jefecillos y gerifaltes. Por si alguien desconoce lo que es un gerifalte, el DRAE dice en su primera acepción; Halcón de gran tamaño, que vive ordinariamente en el norte de Europa. Pero yo no me refiero a esos halcones, me refiero a los otros que abundan en todos los países, y sobre todo en esta Patria Nuestra. Pues bien, Pepe, que el día de reparto se quedó sin comer por la premura del tiempo, metió mano a una de las cestas y saco un mísero paquete de peladillas para entretener el hambre. Sabido es, que las susodichas,  (las cestas, no las peladillas) llevan el listado del contenido y nadie podía imaginar que uno de estos grandes Halcones, hiciera el recuento, y que mucho menos, reclamara al jefe del conductor, su falta. Menos mal que solo fueron peladillas.
En otra ocasión, ya en años de recesión, un jefecillo, esperaba ansioso su aguinaldo que siempre recibía en la oficina. El director, tras felicitar las Pascuas a sus empleados uno por uno, se largó para su casa. Ese era el pistoletazo de salida para que todos los empleados abandonaran su puesto con dirección al pinchoteo de confraternización o a sus casas. Y nuestro hombre se quedó esperando hasta las cinco en que Pepe pasaría a recoger al personal. Inquieto por la tardanza, bajó al hall desde donde espiaba, cuando la furgoneta pasaba de largo, tras cruzar el control de la entrada, se tiró al medio de la calzada alzando los brazos;
- ¡Eh, eh, que estoy aquí!
Y Pepe paró, y le pregunto que era lo que quería, y el otro le dice: ¿Qué hay de lo mío?
- ¿Y cual es lo tuyo?
- ¡Coño, la cesta, el aguinaldo de todos los años!
- Será que no has sido bueno, ya no me queda nada por repartir.

1 comentario:

Esilleviana dijo...

Pobre, no te parece. Es como un niño que no recibe regalo en la noche de los Reyes o más actualizado, la noche de Papá Noel. Aunque ahora aconsejan los psicólogos que con normalidad, se le explique a los niños la situación que están pasando en casa y que les hagan llegar que se acabó recibir decenas de regalos para luego ni mirarlos. Éso se acabó...

Un abrazo amigo :)