viernes, 23 de noviembre de 2012

La molinera II.

Pincha La Molinera de Llan de Cubell. Nº 16 de mis musiquillas.


Es la Felipa mujer enjuta, como de sesenta, pelo crespo, abundante, y que peina tantas canas como cabellos negros tiene; cejijunta y ojos escrutadores. Viuda, que malvive de la escasa pensión que de su marido le quedara, se ayuda con una pequeña huerta y los animales propios de corral que suele vender en el mercado.
Los vecinos de la aldea, han encaminado al gañán hacia la casa de Felipa para que le de posada. Gran tontería la del mozo, pues más le valiera haber vuelto con sus hombres; treinta kilómetros no son tanto, y aunque la maquila le saliese a mitad del precio, aún perdería dinero al pagar la pensión. Pero se ha prendado de la molinera y quiere conquistarla.

- Así que, a ayudar a la molinera, eh… ¿y que sueldo te pagará?
- Nada señora, que el grano es mío, aunque espero me rebaje algo…
-Ya, ya… No te sale a cuenta, ¿de donde dices que eres?
- De Serín, señora.
- Ya, ya, no está tan lejos…
- No, y a caballo, menos. Pero quiero aprender, ver la rentabilidad, tal vez construya yo un molino.
- Ya, ya, aprender…

Amando ha desayunado bien en casa de la vieja y poco antes de amanecer, se encamina al molino. Deja atrás las casas y al bajar por la caleya, ya ve la mortecina luz en las ventanas. Apenas hay ruido; el rumor del río, algún gallo, el rebuzno de un burro contestado por el relincho de un caballo.
Amparo ha preparado el desayuno; panceta y huevos fritos, picadillo de chorizo sobre tortos de maíz y café. Ha dispuesto la mesa, en ese cuartito al lado de la cocina donde ella cose y lee. Mesa camilla, faldillas de cretona, dos sillones de mimbre, una estantería con varios libros y un par de figurillas, un cuadro de boda y un reloj de pared. Sobre una banqueta la caja de costura y justo al lado, un arca de castaño. El ventanal da al sur, no es muy ancho, pero ocupa toda la altura de la estancia. Tras los visillos se pueden entrever, al fondo los montes, más cerca el río, una pomarada, y el caz por el que pronto correrá el agua.
Toda la tranquilidad que mostrara Amparo el día anterior, se ha esfumado. Desea que algo suceda, sabe que así será. La decisión que tomara Amando, no es lógica, la suya tampoco. ¡Esto es un flechazo! ¡Jesús, que cosas digo!
Tras los saludos, se sientan ambos a la mesa. Amando hace un esfuerzo; hoy desayuno doble y al por mayor, las dos mujeres se han puesto de acuerdo en cebarlo.


El trabajo, ahora que el grano está a pie de obra, no es tanto; vigilar que la tolva no quede vacía, lo que haría gastarse las piedras por el roce entre sí. Aunque la molinera, chica lista, ha colocado un cencerro atado con una cuerda, dentro de la tolva. Cuando ésta está llena, el cencerro esta cubierto y no suena, cuando ya queda poco grano, el cencerro, liberado y mecido por el golpeteo de la carraca, da aviso.

- Echamos grano en la tolva, ahora se levanta la vara para que el agua golpee los álabes del rodete. Mira como voltea la volandera y como por su ojo comienza a caer el grano desde la canaleja. Aquí en el puente se regula la altura de las piedras, cuanto más juntas, más fina. ¿Ves? ¡ya sale!
Y Amparo coge un puñado y lo amasa en su mano, junta algo más las muelas, levanta un poco la canaleja y vuelve a probar la harina.
Amando la observa; buenas pantorrillas, prietas caderas, pelo moreno atado atrás con una cinta, hablar pausado, ojos inquisidores que ven si presta atención. A él parece que se le ha comido la lengua el gato.
Y la chica va a bajar los escalones, él la quiere ayudar…

- Amparo, me gustas, me gustas mucho.
Y la toma por la cintura mientras ella musita un ¿qué haces?

- Voy a besarte.
La calidez de los besos, da paso al ardor de la pasión, y ella, muy quedo otra vez, le dice…
- Amado, ten cuidado; es la primera vez.
Y Amando el amado, la separa de si con cara de extrañeza… ¿es cierto?
Ella responde con un movimiento de cabeza más arrebolada aún.
- Entonces, esto requiere otro tratamiento; este no es el lugar, ni el sitio adecuado.

Y colorín coloreado, este cuento se ha terminado.
Podíamos decir, que Amparo llegó virgen al matrimonio, que este se celebró enseguida, que tuvieron un hermoso retoño, y que fueron felices y comieron…

7 comentarios:

Alfredo dijo...

Como de costumbre, mis personajes han escogido el camino que ellos eligieron. En realidad el cuento estaba pensado de otra forma, pero en vez de cuento, pasaría a ser novela corta.
Esto tenía pensado:
El chiquilicuatro del abogadillo en ciernes, va al molino a ver que hay de cierto con lo del gañan y su antigua novia. En un forcejeo, cuando trata de besarla, cae al suelo golpeándose la cabeza y muere.
A Amparo la acusan de haberlo matado y se verá en dificultades para mostrar su inocencia.
Salu2.

Marisa dijo...

No está bien que adelantes el final… Precioso relato que al mismo tiempo de ser ameno, ayuda a dar a conocer un poco de nuestra cultura un tanto olvidada. ¡”Mira que no dan y dieron juego, nuestras molineras, y sus leyendas de cortejos en el “molín”!Un beso.

Marta C. dijo...

Menos mal, Alfredo que tu personaje se fue por otros derroteros. Tus intenciones con la molinera eran crueles. Así, mejor. Amando: un caballero, la molinera feliz. ¿Qué mejor final? Siguiendo en la línea que te caracteriza quedo maravillada con la descripción del cuartito de Amparo. Un beso.

Alfredo dijo...

Marisa.
Te has saltado alguna linea, he dado un posible final que era a donde yo quería llegar. Pero aquí se acabó el cuento.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta C.
De vez en cuando no está mal hacer sufrir a alguien,tanto almíbar puede resultar empalagoso.
Salu2.

Ordás dijo...

Alfredo eres un fenómeno, me ha encantado el cuento sigue con la molinera III.
Saludos.

Alfredo dijo...

Ordás:
Tengo cuentos mucho mejores, si te gustan las aventuras, las puedes encontrar en "El Españolito" (emigrante español por tierras de Méjico). También "En el Casino" un atractivo viaje por la india. Estos, junto con "Magia", son largos pero entretenidos.
Salu2.