lunes, 3 de diciembre de 2012

La molinera III.

El grano está molido en la fecha señalada y los hombres de Amando han llegado con las mulas. La partida es emotiva; dentro del molino, cálidos besos, afuera, el gañan y la molinera se despiden con un abrazo. Ha prometido él, volver con su madre para formalizar la petición de matrimonio.
La vida sigue su curso monótona, como el fluir del río, como las vueltas de la volandera. Pero no todo va continuar igual; algo imprevisto va a suceder que causará lloros interminables a la molinera y hondo pesar a Amando.

Algo ha pasado; desgaste por mucho uso, un descuido, quizá al atender a su padre… Amparo se ve obligada a parar la molienda, levanta la volandera y encuentra el mal; hay que picar las piedras. A ello se pone con prontitud, el grano espera y hay mucho.
Es la maceta puntiaguda por uno de los lados, con ella remarcará las líneas, cuadrada y plana por el otro, con una serie de entalladuras que desgastarán las ruedas allí donde conviene.
Día y medio le ha llevado. Ahora, finalizado el trabajo, deja la maceta en el suelo, barre las esquirlas de granito, coloca de nuevo lo desmontado y comienza de nuevo la molienda. Ahora la harina sale fina, amasa bien en su mano. Va a colocar el guardapolvo, mientras, ensimismada con sus pensamientos, lleva inconscientemente el compás de los artilugios; ronron, ronron, ronron, trastras, trastras…

Mi cariño ha encontrado
un mocito que lo aprecia,
que de mí se ha prendado
aquel a quien mi corazón he dado.

- ¿Hablabas de mi, molinera? -dice una voz a su espalda mientras unas manos rodean su talle.
- ¿Qué haces tú aquí? -pregunta entre medrosa e iracunda a la vez que trata de zafarse. El raudo giro los ha colocado de frente, él no suelta y trata de besarla. Pero la joven es fuerte, de un empellón lo aleja de si. Con sonrisa cínica da él un paso atrás para conservar el equilibrio. Todo sucede de forma rápida; unos granos en el suelo, las botas que resbalan, él que apoya su mano sobre la rueda que gira, mayor impulso que toma su cuerpo hacia atrás y la inevitable caída.
Rodolfo hace añicos el harinero y de allí se va al suelo. La chica, con ojos de estupor, queda clavada viendo la escena. Pronto un reguero de oscura sangre se mezcla con la harina y va a colarse por las rendijas de la tablazón, Unas convulsiones y el cuerpo queda inerte. Acude ella para taponar con su mandil la herida, más todo ha acabado ya. Ensangrentada corre hacia la aldea en demanda de ayuda, los vecinos se van arremolinando en torno suyo…

- ¡Lo he matado! vocea llorosa.

Alguien decide ir hasta la villa para avisar a los del tricornio mientras la Felipa, en la sospecha de que se presentan problemas serios, apareja su burra, monta y a fuerza de palo la hace correr. Baja hasta el Empalme, sube a Veriña y por abajo de Poago, se llega hasta Serín. Pregunta por Amando y con él vuelve en  una xarré.

El fiscal entiende que hubo homicidio involuntario, basándose en la investigación y en el informe de la guardia civil que parece corresponderse con la declaración de Amparo. Pide por tanto, la pena reglamentaria; cuatro años de cárcel.

La acusación particular, ejercida por el abogado del padre del difunto, difiere: 
- Esta desvergonzada, ahora que tiene nuevos amores, lo mató con la piqueta ante el temor de que su nuevo novio se enterase.
- Don Antonio, esa acusación no se sostiene, y aunque será complicado, vale más asegurar un veredicto de homicidio doloso. A ello nos ayudarán las palabras de la chica y que toda la aldea oyó; ¡lo he matado!
Por fin se han puesto de acuerdo el abogado y el padre de la víctima.

La defensa pide la absolución, niega que las relaciones habidas entre los antiguos novios, sean del calado que tanto la acusación, como algunos vecinos han declarado:
- Probaremos que, tanto las fanfarronadas del occiso, como los infundíos de algunos testigos, son solamente eso; infundíos. Para ello, y con la aquiescencia de la acusada y de su prometido, deseamos someter a un dictamen pericial la virginidad de Amparo como prueba. El accidente, pues de eso se trata, fue debido, simple y llanamente, a un resbalón.

Aunque la sentencia fue de: "Legitima defensa", Amparo no quiere nada con los aldeanos y se fue a vivir a al pueblo de su marido. Vuelve al molino todas las semanas para ver a su padre que se ha quedado a cargo de la nueva molinera. ¿Adivináis quien es?


3 comentarios:

Alfredo dijo...

Esta semana pasada he estado averiado y no he podido funcionar con el ordenador, no obstante, este último capítulo no acababa por salir de mi coco. Así que, contrariando mi parecer he optado por escribirlo. Espero tener ahora ideas nuevas que traer.
Salu2.

Marta C. dijo...

Alfredo, esta vez sí que me has sorprendido. Creíamos que la molinera y su novio solo esperaban ya el casorio, cuando nos sorprendes con un crimen por defensa propia. Se lee con avidez el relato por ese truqito de los buenos narradores de relato que es dejar una breve alusión al drama que incita la curiosidad del lector por descubrirlo. Muy bien, Alfredo. En cuanto a la última pregunta que nos haces, supongo que la Felipa. Un beso y no por estar escrito, como dices, sin entusiasmo, el resultado deja de ser muy interesante. Un beso.

Alfredo dijo...

Marta C.
Gracias por el comentario Marta. Este, más o menos, era el final que tenía pensado, como ya dije, para mí el cuento estaba acabado, pero durante toda la semana pasada en que no pude escribir, (un problema de cervicales) era incapaz de pensar en otra cosa, así que una vez casi repuesto, quise quitármelo de la cabeza.
Salu2.