miércoles, 5 de diciembre de 2012

Soñar morir.



Esta noche soñé que moría. Que la vida huía de mí, silenciosa, callada, tranquila. Sin embargo el sueño, además de serlo, era pura realidad. Lo que me llevó a esa conclusión, fue ver como mi alma, mi fantasma, mi esencia, mi yo, me abandonaba, Como tranquilamente salía de mí, me observaba, y poco a poco, iba ascendiendo, Si fuera solo un sueño, no lo vería desde un plano superior a los otros dos; mi cuerpo en la cama, mi alma, mi fantasma, mi esencia, mi yo. Yo era el que estaba más arriba, por tanto, la situación intermedia era solamente el sueño del cuerpo que estaba en la cama. Y el sueño se cumplía a rajatabla; mi alma, mi fantasma, mi esencia, mi yo, atravesaba el techo cual virgen virginal; sin romperlo ni mancharlo y continuaba su ascensión viendo la escena a través del tejado, como si este no existiera. Para que el sueño fuera sueño, en un momento determinado, el cuerpo en la cama reclamaría mi alma, mi fantasma, mi esencia, mi yo, y ésta bajaría de nuevo a ocupar su puesto en aquél cuerpo. Pero aquello, quizá no llegó a ocurrir. Aquella alma, aquél fantasma, aquella esencia, aquél yo, desapareció en un instante en que miré hacia arriba reclamado por unas voces. Y mi verdadero yo, mi verdadera esencia, mi verdadero fantasma, mi verdadera alma, continuó ascendiendo hasta encontrarse con mis padres, mis abuelos, tíos y tías, amigos y conocidos ya fallecidos.

2 comentarios:

Marta C. dijo...

Vaya manera bonita de describir la muerte, Alfredo. Veo que estás practicando otras formas de escritura que no son cuentines. Y ME alegro porque sé que tienes mucho que decir y no solo de cuentines vive el hombre. Besos.

Alfredo dijo...

Marta C.
Te equivocas Marta, yo no practico, escribo simplemente lo que se me ocurre. Y esas ocurrencias, dependen siempre del estado de ánimo. Simplemente eso.
Gracias por el comentario generoso como de costumbre.
Salu2.