martes, 31 de julio de 2012

El gato de Moon.




Tenía Moon un gato al que llamaba Bowie, pues al igual que el cantante, tenía un ojo de cada color. Este rasgo especial y su dulce pelaje blanco, podían inducir a error respecto de su carácter, pues todo el que no lo conocía, juzgaba que era bueno y apacible.
Dice la leyenda, que el gato romano desciende del león y el mono, sin duda por lo buen cazador y lo mucho que le gustan los juegos. Bowie era en verdad una aviesa fiera, a no ser que se hallase en el regazo de su dueño, entonces  aparecía el mono juguetón, ese que se entretiene con un simple hilo y que redondea los ojos de tal forma, que nos hace caer en sus redes.

Pasaba el anciano Moon la mayor parte del día sentado en el porche de su casa, hablaba con los vecinos que por allí circulaban y acariciaba su gato. Solamente la asistenta Laura le atendía un par de horas por la mañana y otras tantas de tarde, y solamente a Laura, el gato toleraba. Los demás, cuidaban mucho de allegarse a los cuatro escalones de la casa, pues más de uno había sentido lo afilado de sus uñas cuando trataron de invadir sus dominios.

Murió Moon cara al camino, sentado en su mecedora que tal parecía dormido. El gato se apartó de él. Se quedó acurrucado, maullando tristemente y asomando la cabeza entre dos de los barrotes de la balconada que formaba el porche, tratando de ver lo que su dueño miraba.
A las siete llegó Laura, para entonces Moon estaba frío y tan rígido, que el forense, de muy mala leche, opinó que mejor era esperar para depositarlo en el ataúd.
Los sobrinos del difunto que fueron avisados, al igual que le sucediera al médico, maldijeron al recibir las caricias de Bowie, pues en cuanto subieron los escalones, el gato, de un bote, se les tiró encima de la cabeza y a todos dejó marcados. Tras una breve persecución, Bowie desapareció entre el follaje de los alrededores y sólo de vez en cuando se oían unos lastimeros maullidos.

El velatorio apenas duró un par de horas, cada mochuelo se fue a su olivo y Moon se quedó en la mecedora hasta la mañana siguiente. Para entonces el músculo estaba relajado, así que lo vistieron con su traje y lo introdujeron en la caja. Cuatro velones iluminaban con mortecina luz el cuadro; sobre dos caballetes el cajón de pino donde reposaba el finado al que se podía ver el rostro y parte del pecho. La única ventana, la que da al norte, abierta para que no quedara estancado el olor que ya empezaba.

Unas docenas de vecinos pasaron por allí  - Mira que buena cara tiene, hasta parece feliz - luego, a medio día, se cerró el resto de la tapa y para el cementerio. Funeral,  responso y al nicho. Tuvo suerte; le tocó uno de los de arriba donde da el sol, en aquella batería nueva; tres en altura, diez en fondo y cubierta en terraza con suelo de grijo para que el agua de la lluvia no despertase a los durmientes.
Apenas el enterrador hubo colocado el último ladrillo, alguien creyó escuchar el maullido lejano del gato.

Dentro de lo malo, los sobrinos creyeron tener buena suerte: Moon dejaba su herencia para Bowie y para aquella persona que lo cuidara; Laura. Como no había gato, por más que se le llamó no apreció, todo para ellos.
Pero hay ciertas circunstancias en las que los detalles no desaparecen, más bien al contrario, agudizan los sentidos. Laura sospechó que el gato podía haberse colado por la ventana e introducirse en la caja de Moon. Lo malo era que Moon ya estaba enterrado.

Y la asistenta corrió al juez. Como posible beneficiaria de la herencia estaba en el derecho de reclamar la exhumación del cuerpo a la mayor brevedad. Era muy posible que los familiares, conociendo el testamento, hubieran introducido al gato en el ataúd para hacerlo desaparecer y quedarse con la herencia. Era pues cuestión de vida o muerte, para el gato, y vital para que la última voluntad del difunto se cumpliera.
El juez sopesó; jamás en la historia se había dado tal caso, tal vez fuera la ocasión de entrar en esa historia. Pero era juez, y no se iba a fiar solamente de la palabra de una persona; habló con el cura, el enterrador y todos los que presenciaron el enterramiento. Entonces, actuó.

La piqueta del enterrador golpeó el ladrillo. La respuesta no se hizo esperar; un débil miau. Extrajeron la caja y la abrieron. Moon enseñaba los dientes con una sonrisa burlona. Del gato no había ni rastro.
¡Menudo fiasco! El juez, con cara de palomino, se hacía cruces de cómo se podía haber dejado convencer.
Pero no todo había acabado, el enterrador subió a la techumbre de los nichos y al momento se acerco a la cornisa para desde allí mostrar a Bowie que se había dejado coger mansamente.
- Estaba encajado en el desagüe - dijo, sin llegar a explicarse de que forma había subido.

Al parecer, el gato dejó de ser arisco, y ahora se pasa las tardes en el regazo de Laura, que sentada en la mecedora, hace punto en el porche y da palique a todo el que pasa.

viernes, 27 de julio de 2012

Complejo de ciego.


Esta mañana, me preguntaron si tenía complejo de ciego. Es cierto que tengo "tensión en la vista" (glaucoma), y que uso lentes de casi cuatro "kilowatios" por vista cansada. Pero eso no es motivo para tal pregunta, así que extrañado, pregunté el por qué. La respuesta fue, que ahora pongo las letras de las canciones en los videos. Ya sabéis, algo similar a aquel pliego de cordel de los antiguos ciegos, que  interpretaban y vendían sus romances o letras de canciones, en hojas de papel atadas a un cordel o caña, formando un cuadernillo.
En realidad,  solamente en dos o tres ocasiones lo hice, y es por la sencilla razón, de que algunas letras son poesía pura.
Tampoco sería malo tener tal complejo, pues se me vienen a la memoria ciegos ilustres como algunos de los que ya he hablado: Ray Charles, José Feliciano, Stevie Wonder, Andrea Bocelli, Joaquín Rodrigo, Teté Montoliu y un largo etcétera. Ya quisiera yo, y cualquiera, escribir esas letras, tocar los instrumentos, o cantar las canciones que ellos interpretan.
Siempre admiré la verborrea de charlatanes y algún que otro ciego de mi infancia, y es por ello, que a partir de ahora, cuando suba algún video con letra, comenzaré al uso tradicional:

"Hombres, mujeres y niños,
 mendigos y caballeros,
paisanos y militares,
carcamales y mancebos.

El que ya no peina canas
porque se quedó sin pelo,
y el que el tupé se compone
con bandolina y ungüento

Presten todos atención,
por ser de interés extremo
lo que cuenta este romance,
que acaeció en nuestro pueblo.









jueves, 26 de julio de 2012

Cuando tu no estas.



Bonita letra para un cantante con sentimiento.

No sé, si el mundo es el de siempre
 pero yo, lo veo diferente
 cuando tú no estas
 cuando tú no estas
 no se, si brillan las estrellas
 pero yo, me encuentro entre tinieblas
 cuando tú no estas
 cuando tú no estas

Cuando tú no estas no tengo a nada
 no me queda más que mi dolor
 por eso envidio al mar que tiene agua
 y al amanecer que tiene el sol
 nada soy sin Laura
 solo estoy, sin, sin su amor
 nada soy sin Laura, sin Laura
 sin Laura, sin Laura
 sin Laura

No sé, si es todo como antes
 pero a mi, me falta como el aire
 cuando tú no estas
 cuando tú no estas
 no sé, si brilla igual la luna
 pero yo, la noche veo oscura
 cuando tú no estas
 cuando tú no estas

Yo te busco a ti bajo las hojas
 que cayendo están cerca de mi
 al otoño gris lleno de sombras
 le preguntare, que fue de ti

Nada soy sin Laura
 solo estoy sin su amor
 nada soy, sin Laura, sin Laura
 sin Laura, sin Laura
 sin... Laura

sin Laura... sin su amor.

martes, 24 de julio de 2012

El estanque de las tres ranas.




Le llamaban Faraón y tenía una máxima en la vida: Faraón, come y bebe que la vida es breve. 
Contra lo que pudiera parecer, no era Faraón un tipo al estilo de los gigantes de Rabelais, más bien al contrario: Bajito, enclenque, cetrino y adusto, aunque en asuntos de comida, no les iba a la zaga.
Tenía numerosos amigos, pues a pesar de su carácter, ante un buen ágape, se transformaba. Se volvía locuaz, dicharachero y hasta fraternal. Lo conocí en una comilona de esas que se asemejan a la descrita en las bodas de Camacho, mas la relación no iba a durar demasiado.
Soltero y sin familia cercana, tenía José, que así se llamaba, aunque nadie por ese nombre lo conocía, una querindonga  guapa de cara y cuerpo de botijo que lo quería de veras. Era la moza, la antitesis de Faraón, lo que provocaba risas y comentarios cuando muy amarraditos bailaban. No era para menos; le ganaba en altura algo más que la cabeza, por lo que José se dejaba llevar con la cara entre los cántaros de miel de Rosita.
Sucedió, que en una de aquellas cenas, en la que cada cual llevaba a su mujer, cosa no muy frecuente, tras degustar perdices escabechadas, liebre con castañas, caldereta de cordero, cochinillo al horno y un par de azumbres de vino, (él no era de esos que comen pescado, ni tampoco de mariconadas como cambiar los vinos a cada plato) Faraón estaba algo más que mareado.
Estaba el restaurante cerca de un parque, bonito por la diversidad de su flora, pero que parecía estar dibujado a tiralíneas; tres anchos paseos paralelos y uno más que cortaba a la mitad a los otros tres. El de la derecha, o izquierda, según se mire, estaba bordeado de frondosos falsos plátanos, cerrados los unos sobre los otros, y que en verano apenas dejaban pasar la luz. Con el de la izquierda sucedía lo mismo, pero la variante radicaba en que era una rosaleda. El del centro estaba bordeado de setos de boj tras los cuales se encontraban todo tipo de árboles y plantas de flor.
En el centro se hallaba el estanque de las tres ranas; un círculo de unos diez metros de diámetro y pretil de no más de treinta centímetros. Un gran batracio de bronce, ocupaba desde el centro, hasta casi el borde del estanque y el agua que manaba por la boca, de manantial, servía de fuente. Otras dos ranas estaban colocadas al lado de las ancas de la primera y dado su tamaño, emergían solamente su cabeza con el consiguiente pitorro.
Rosita juzgó con buen criterio, que un poco de aire fresco -era noviembre- le sentaría bien a Faraón. Le sugirió ir a pasear un poco y él aceptó. Se calaron los abrigos y salieron. Despacio se encaminaron por el paseo central. La noche era fría, el cielo estrellado, la luz escasa.
Cuando ya llegaban cerca del estanque, Faraón se apartó hacia el seto y comenzó a orinar.
- Oye Rosa, ¿sabes aquel del borracho?
- ¿Cuál de ellos?
- El del borracho que se pone a mear junto a la fuente y después de un rato dice… ¡coño, que me desmeo!
- Mil veces lo has contado.
Se dirigió entonces Faraón hacia la fuente con ánimo de refrescar la pastosa boca, Apoyó sus manos en la cabeza de la rana y se inclinó para coger un buche de agua. Tras el primer sorbo, lo escupió, y dando un corte de manga exclamó; - El agua para las ranas… pero cuatro cosas; izarse, dar el corte de manga, escupir y hablar en dos segundos, son demasiadas cosas para un borracho; se fue al agua.
Rosita corrió presurosa para ayudarlo, llegó a tiempo de agarrarlo por el abrigo, pero no fue suficiente. La arrastró consigo. Rosa se golpeó en la cabeza y quedó aturdida cuan larga era dentro del estanque.
A penas había pasado media hora desde que salieran del restaurante cuando Rosa llegó de nuevo. Calada hasta los huesos, tiritando y presa del pánico. Faraón yacía sobre uno de los bancos… ahogado en dos palmos de agua. Tenía 34 años.

lunes, 23 de julio de 2012

Taha.


(Del ár. hisp. ṭá‘a, distrito, y este del ár. clás. ṭā‘ah, obediencia). 1. f. Comarca, distrito. En el reino nazarí de Granada, se utilizaba este vocablo, para denominar a los distritos administrativos en que se había dividido el reino. Cada taha agrupaba un número indeterminado de alquerías y estaban basadas en la propia estructura física del territorio. Cada una de ellas tenía su capital, normalmente en el núcleo que se había consolidado alrededor o cerca del ḥiṣn (Castillo o fortaleza) original. Hoy La Taha es un municipio de la Alpujarra granadina con capital en Pitres. 
 En los tiempos que corren, bueno sería que algunos pueblos se fusionaran; menos politiquillos, servicios agrupados más baratos y mejor gestión. Lo malo es, que todos querríamos que nuestra taha fuera la predominante.
 Y ya que hablamos de tiempos malos; ¿que tal si se suprime el Senado y los traductores; si los sueldos de los banqueros los ponen los accionistas, si se eliminan teléfonos, coches y tarjetas oro, si nos dedicamos a comprar más producto nacional, si los que se están haciendo muuucho más ricos ponen el huevo, si a todos los jubilados que ya tienen hecha su vida, y no tienen nadie a su cago, se les/nos quita el 10% al rebasar los 1500 mensuales? Esto ultimo escuece, ¿eh?

domingo, 22 de julio de 2012

Sobre cuentos y palabros, o la leyenda del gigante Druoon.



Días atrás, le escribí un comentario a una amiga mía, Marta, en el que tildaba a Caronte de pesetero. Rectifiqué, pues es sabido que el barquero exigía para cruzar el río Aqueronte, un óbolo, moneda de plata de la antigua Grecia. La rectificación consistió en llamarlo "obolero", palabro inventado, de los que a veces suelo introducir en mis cuentinos. 

 Y es que, no en todos, pero si en algunos, suelo escribir cosas para que el que las lea, vaya más allá e investigue (el que me conoce, debe saber de mi afán por que la gente lea). Así, en la entrada "La fumadera es una pejiguera", cité una población sin nombrarla; la tierra del gigante Druoon Antigoon: Amberes.
 A los pocos que leyeron mi cuentín, no les debía de ser extraña la leyenda, pues nada dijeron sobre la metáfora empleada. 

Por si acaso, ahí va: Cuenta la leyenda, que el gigante Druoon Antigoon habitaba en el río, y cobraba un peaje a los barcos que quisieran pasar. Si algún barco no pagaba, el gigante cortaba la mano del capitán y la arrojaba al río Escalda (Schelde). Un día, un centurión romano, cansado ya, cortó la mano del gigante y también la lanzó al río de donde surge el nombre de Amberes; en neerlandés Antwerpen; Ant = Mano, Werpen = Lanzar. 

La ilustración corresponde a la fuente que representa al centurión Bravo, arrojando la mano del gigante al río.

sábado, 21 de julio de 2012

Los Brincos.



Aquí tienes la segunda. La pena es que no hay buenos videos. Ya me dirás si estos y los otros de la melena no eran buenos.

Bichos XXI.







viernes, 20 de julio de 2012

La trampa del loco.



Todos los días el mismo recorrido; bajada hasta el muelle, continuar por el paseo hasta el espigón, subir las escaleras del muro por el oeste, bajar por el sudeste y desandar el camino hasta la playa. Luego, a casa. Siempre con guardaespaldas, siempre el mismo paso decidido, de la misma longitud. Tal pareciera que quisiera poner los pies en el lugar en que los puso el día anterior.

Mirada huraña, un tanto aviesa, desconfiada, recelosa y hasta impertinente bajo unas gafas que tal vez hacen más patente lo retorcido de sus pensamientos. Acaso odia a aquellos con los que se encuentra; ellos están sanos y él… en el mejor de los casos, arguyen los piadosos, que se pasó de tanto trabajo, de tanto estudio.

Mudo de palabra, que ni a familiares habla, y quien sabe si conoce, dicen que pasa las noches en vela, resolviendo complicadas ecuaciones con variables imposibles. Con el borrador del olvido, elimina de la pizarra de su mente raíces o derivadas a las que logaritmos y cotangentes acosan sin cesar, hasta que al amanecer, cae rendido de tanto esfuerzo que nadie agradece.

Ha de evadirse cuando despierta, salir a despreciar a ese mundo que no le comprende, que no sabe de qué ríen; tal vez de él. Seres inferiores a los que desprecia por sus banalidades, por su despreocupación y chabacanería.

Loco si, pero yo te he cogido haciendo trampas. Posiblemente sea el primer paso para tu recuperación y dejes tanta pastilla; tus ojos cambian de color y expresión, hasta esbozas una mueca que quiere ser sonrisa. Es al pasar por la playa, cuando miras con deleite los "senos y cosenos" de las jóvenes en bikini. 

jueves, 19 de julio de 2012

Me lo expliquen.


   



Ingresos........1000
Gastos..........1500
Debo.........10.000
Pago intereses y amortización, ¿de donde saco?

Pues eso.

Beatles.



Aquí tienes la primera, la de los "melenudos".

miércoles, 18 de julio de 2012

Bichos XX.







Greda.



(Del lat. crēta).

1. f. Arcilla arenosa, por lo común de color blanco azulado, usada principalmente para desengrasar los paños y quitar manchas.

Hay un dicho sahariano, según el cual, después de que Alá creó el desierto y a los hombres que en el viven, solamente le quedaron dos terrones de greda.  Con ellos hizo el camello y la palmera para que el hombre pudiera sobrevivir en el Sahara.

martes, 17 de julio de 2012

A escondidas.





Ni tus padres ni los míos
Quieren nuestras relaciones,
Dicen que son amoríos, ¡ay!, sin frío ni calor.
Qué saben lo que es cariño,
Ni el estar enamorado.
Que saben lo que sentimos,
Ni lo que es un gran amor.

A escondidas he de verte,
He de hablarte a escondidas,
A escondidas suspirarte,
Y escucharte a escondidas,

En las sombras de la noche
Nuestras almas juntas van
Prisioneros de un cariño
Que nos lo quieren robar.

A escondidas y en voz baja
Yo te digo que te quiero
Como si fuera un pecado
Tengo que llevar oculto
A escondidas nuestro amor.

En las sombras de la noche
Nuestras almas juntas van
Prisioneros de un cariño
Que nos lo quieren robar.

A escondidas y en voz baja
Yo te digo que te quiero
Como si fuera un pecado
Tengo que llevar oculto
A escondidas nuestro amor.

lunes, 16 de julio de 2012

La fumadera es una pejiguera.


Esta pequeña historia, es verídica al 1%, y como sucedió, la voy a relatar:
Tenía yo esa edad temprana en la que se empiezan a mudar los dientes de leche. Paletos, colmillos y muelas pugnaban por asomar en unas encías pequeñas, de unas pequeñas mandíbulas. Como quiera que sufría de grandes dolores, cosa que no suele suceder, mi padre me aplicaba el remedio de la abuela, en este caso, el del abuelo.
Consistía tal remedio, en hacer un cucurucho de papel de estraza (papel basto utilizado para envolver y que en aquellos tiempos, debía de contener todos los elementos de la tabla periódica), encenderlo por la parte ancha, matar la llama, pero no la favila, para que se fuese consumiendo poco a poco y produciendo humo. Luego, se truncaba un poco el vértice del cono y se introducía en una de las fosas nasales. Al aspirar por la nariz, aquel humo apestoso se colaba por todos los resquicios internos; adormilaba el cerebro, hacía saltar las lágrimas a borbotones, picaba la garganta y hasta de gormar daban ganas.
El dolor que producía la apretura de las piezas, se olvidaba. No era para menos; mareado, tosiendo y escupiendo, pedías a gritos que te retirasen aquel suplicio. Pero mi padre decía: - Tu abuelo empleaba este método para el dolor de muelas y siempre tuvo una dentadura sana. La primera pieza se la sacaron cuando contaba setenta y tres años, y hubiera sido la única, si el ferrón que lo hizo, no se hubiera equivocado y sacado una sana.
Me sometieron tres veces al suplicio, hasta que mi madre dijo: - Basta, le llevaré al médico. Unas pastillas de Melabón y a otra cosa.
Sin embargo este episodio me dejó secuelas; me aficioné a fumar los pitillos que fabricaba con papel de estraza, y establecía competiciones con los amigos, para ver quien era el que más aguantaba sin llorar.
Un par de años después, le sustraía a mi padre algún cigarrillo de los "buenos", de esos con tabaco, hasta que dejé de comer. Vuelta al médico de cabecera que me miró por rayos. Le dijo a mi madre, que tenía una caverna del tamaño de las de Nerja, lo que se traducía en; reposo, buenos alimentos y aire puro.  
El aire puro lo tomaba cuando me sacaban a la mecedora del balcón, el resto, en la cama. A cada minuto, mi madre me engolosinaba con esto o aquello, y así, a base de caprichos, le fui entrando a la comida.
El disgusto había sido mayúsculo, pero la cosa no fue para tanto; en dos meses cicatrizó y como nuevo. Nadie supo la causa de tal enfermedad, y yo hoy quiero achacarla a la fumadera en vez de a un retorcido bacilo.
Aún no había mudado por completo, las dos últimas muelas aparecieron a los doce años, cuando ya fumaba yo mis dos cajetillas a la semana. Las compraba con las pagas domingueras, alguna que otra sustracción del monedero de mi madre, y sisas discriminatorias en los recados.


El hábito fue in crescendo, y cuando contaba con treinta y cinco años, me fumaba mis tres o cuatro paquetes diarios. Por aquél entonces navegaba como jefe de máquinas en un pequeño barco quimiquero, y me pasaba más tiempo en el cuarto estanco, donde estaba permitido fumar, que en mi puesto. Me dejaron en la tierra del gigante Druoon Antigoon, que me cobró el peaje cortándome el trabajo. Poco tiempo pasé en tierra, pues siendo un excelente mecánico, pronto encontré otro barco.
Mis padres habían querido que fuera maestro, contra sentidos que se dan en la vida, siempre había oído aquello de "pasar más hambre que un maestro de escuela", por lo que de bien joven, me metí de aprendiz en un taller. La experiencia, el estudio, el sueldo y lo que me gusta la mar, me llevaron a ser marino.
El nuevo barco se dedicaba al transporte de amoníaco líquido, ¡mala suerte la mía! y aquí no había cuarto estanco. Fumaba de noche a escondidas, sentado a popa sobre la borda. Hasta que en una travesía, algo cayó del puente y me golpeó en la espalda. Me fui al agua de bruces. El barco se alejaba y yo calculaba mis posibilidades. El agua estaba templada, pero sin chaleco, ni donde aferrarme, en dos horas la hipotermia haría presa y me iría al fondo. Las dos opciones para mi salvación eran; que algún barco en la misma ruta me recogiese, o nadar hasta la orilla más cercana. No era imposible; estaba en el Canal de Suez. Distancia a tierra desde donde me encontraba; algo menos de 150 metros. Comencé a nadar; ocho brazadas, tos, descanso, cuatro brazadas, tos, tos, tos, descanso, descanso. Las flemas me llenaban la boca, y al escupirlas, un buche de agua salada iba para dentro. Aquello se complicaba ¡maldito tabaco!
A setenta metros de la orilla, estaba tan exhausto, que prometí hacer campaña en contra del tabaco si me salvaba. Entonces oí un peté, peté, peté que se acercaba. Era una gabarra.

Como prometí, lo cuento. Ahora, me iré a dar un paseo y me fumaré un pitillo - a escondidas- mi mujer y el médico están conchabados en mi contra.

Mari Trini

viernes, 13 de julio de 2012

Mari Trini.

Caña voladora.



Llevamos, al menos yo, una temporada de "sequía pescatera" de muy señor mío, lo cual no indica que no haya peces. Haberlos haylos. Que se lo pregunten a Enrique, uno de los habituales del Gallo al que la semana pasada un pez le llevó la caña.
La cosa no es tan fácil; el muro sobre el que apoyamos las cañaveras, mide sobre un metro, están inclinadas a 45º más o menos, y con el carrete pesan lo suyo. Para salir lanzada al agua,  y recorrer unos 70 metros hasta que se hundió, tiene que ser un pez grande.
En broma le dije que yo la sacaría, el sitio del "naufragio" está enfrente de donde me suelo colocar, y la distancia de lanzamiento está dentro de los límites. Por azares del destino, en verano hay que llegar pronto para encontrar aparcamiento y sitio en el muro, tuve que colocarme varios días en otro lugar. Pero, un pescador que aparece por allí esporádicamente, la enganchó y arrastro hasta cerca de los bloques. El inocente, que nada sabía, creyó que había atrapado un pulpo de al menos cinco kilos. Hasta que la vio, pues la sacó a flote, pero su sedal se rompió y la caña se fue nuevamente a lo profundo.
Un par de horas más tarde,  pasó una zódiac con dos buceadores, a los que pedimos viesen si se podía recuperar. A la segunda inmersión, salio el rana con la cañavera, y una vez en el bote, comenzaron a girar el carrete para recuperar el hilo. O el pez estaba muerto en el fondo, o había un enronche de tres pares; la zódiac comenzó a avanzar impulsada solamente por la tensión del sedal. Llegaron al punto del hundimiento inicial, donde ya era imposible recuperar lo que había en el fondo, y como allí hay bastante profundidad, optaron por cortar el hilo.
Kike, que sepas que la caña la tengo yo, la he lavado para quitar el fango y he engrasado el carrete Con un tapón, arreglado.





miércoles, 11 de julio de 2012

Bichos XIX.







Papin, Denis.


Nacido en 1647 y fallecido en 1712/14. Inventor francés de religión protestante que tuvo que huir a Alemania cuando se revocó el edicto de Nantes (decreto por el que se autorizaba la libertad de culto a los protestantes y calvinistas). Inventó la  famosa marmita, precursora de la olla a presión y que tuvo éxito relativo hasta que en el S. XX fue rescatada del olvido. Construyó un barco a vapor y trabajó en la puesta a punto de una máquina utilizando el mismo procedimiento.

lunes, 9 de julio de 2012

Sufrimiento y Valor.


Decía Napoleón Bonaparte: "Hace falta más valor para sufrir que para morir". Posiblemente sea cierto, habrían de decirlo los que verdaderamente sufren; los que han renunciado al valor y se dejan morir, ya nada pueden decir.
El morir es solamente un instante, angustioso quizá, pero solo un instante. El sufrimiento lleva consigo la agonía de saber que nada será ya como antes, que todo irá, probablemente, a peor. Esa lucha continua necesita de mucho valor para seguir aguantando, para sonreír en determinados momentos, aunque el dolor te oprima, para confiar esperanzado en que surja algo, y todo cambie.
Pero, ¿qué es el valor? Valor es según el DRAE; Subsistencia y firmeza de algún acto. Es decir: el acto de firmeza, con que se lucha, para mantener la propia vida en condiciones extraordinarias.
Dijo Séneca: "Lo importante no es lo que sufres sino cómo lo sufres". Es difícil estar de acuerdo con él. Aunque tenga razón. A mí me duele, estoy sufriendo y eso es lo más importante. Sufrir con resignación, que mal se lleva; hay que tener mucho valor.
Yo, que soy de esos, de los egoístas, suelo pensar un momento, cuando en la tele o la radio hablan de esta o aquella enfermedad, en la desgracia que les ha tocado en suerte. Pero pocas veces pasa de ahí, ya digo que soy egoísta.
Sin embargo, esta vez, me ha dado por indagar más a fondo. Quería apaciguar ese reconcome que me queda siempre. Quería aprender algo, para ver el modo de tratar de consolar a algún afligido, pero, ¡que difícil es! Esa actitud solidaria con el sufrimiento ajeno, no se aprende; se tiene, o no.
Bueno, espero que esta última sentencia mía, esté equivocada. Espero que algunos aprendamos el verdadero significado de la Caridad para con aquellos que tienen el Valor de aguantar el Sufrimiento con Resignación y Esperanza.

domingo, 8 de julio de 2012

Gormar.


(De or. inc.).
1. tr. vomitar.
Devolver, regurgitar, basquear, trocar, arrojar, echar, expeler, lanzar, expulsar, desembuchar, cantar, declarar, confesar, descubrir y revelar. Estos son sinónimos de vomitar, pero gormar, jamás lo había oído.
Es posible que alguien se pregunte que hace ahí arriba la palabra basquear, pues muchos jóvenes emplean "la basca" para denominar al grupo de amigos. A mí particularmente no me gusta la expresión, quizá por lo cercano que parecen estar, basca y botellón. Es decir; grupo de amigos, botellón y basca.

Del Discurso de mi vida, de Alonso de Contreras, un tipo adorable del que algún día hablare, entresaco;
"…me lo echó en dos huevos pasados por agua sin cáscara y los polvoreó de solimán y azúcar; yo los migué con pan, como era sólito, y comí. Ya que había pasado una hora comencé a basquear que me moría. Comencé a trocar. Llamaron los médicos, mandaron confesarme al punto y pensaron me moría aquella noche…"

Y de  La Celestina acto, II escena III:
"Yo, a todo esto, arrinconada, encogida y callando, pero gozosa de su ferocidad, porque sabía que, mientras más basqueara, más cerca estaría de rendirse. Díjele que tu pena era mal de muelas y que la palabra que de ella quería era una oración que ella sabía, muy devota, para tu salud".

Bichos XVIII.







sábado, 7 de julio de 2012

Por la mañana cuando me levanto.


El gran edificio, de color rojo, semejaba un castillo situado en la parte más alta de la colina. Desde sus ventanales, y sobre todo desde su torre,  se divisaba al fondo, hacia el sudeste, la ciudad y la bahía con su hermosa playa de fina arena. Al norte, la mar, el puerto, y los farallones que forman el cabo de Torrestío, y allí, a sus pies, un hervidero de gentes que se afanaban en diversos trabajos; a la derecha, astilleros donde se construían grandes buques. Los ruidos de las remachadoras que unían las chapas de cascos y estructuras, se expandían; atravesaban la estrecha vía del tranvía y la asfaltada carretera, para llegar amortiguados a la casona.
Hacia el centro, había una pequeña playa flanqueada por sendos pedreros cubiertos en parte por el abigarrado y multicolor tinte de las diversas clases de algas. De cerca, a poco que observaras, la vida latente se hacía notoria; pequeñas quisquillas, cangrejos, burones y sapas, alevines de muíl o chicharro, bígaros, lapas y pequeños mejillones.
A la izquierda de esta playa, estaban los astilleros donde los carpinteros de ribera construían y reparaban pequeñas lanchas de madera y barcos de pesca para bajura. El olor de la brea calentada en grandes calderos, y empleada por los calafates, era lo más característico que se podía apreciar desde la colina. Luego, más al norte, podía divisarse, como si de una película muda y a cámara lenta se tratase, el movimiento de las grúas, los graneleros, o los mercantes entrando y saliendo del puerto.
Hacia el oeste, los prados donde pastaban las vacas, iban subiendo de nivel hasta llegar a la altura donde estaba el faro. Alguna casa que otra salpicaba el paisaje.

El alcaide de aquél castillo, era Don Dionisio, el doctor Dionisio, o el señor director; "zapatones", que le llamaban los insidiosos, dado el tamaño de sus peanas. Además, su gran humanidad había vencido de tal modo sus pies, que el puente se había hundido y en vez de cóncavo, era convexo cual barca de Osiris navegando por el Nun.
Su fiel ayudanta, más bien supervisora encubierta, era Sor María de la Merced, enjuta, como sarmiento reseco, superiora de un reducido grupo de Hermanas de la Claridad, con voz y voto en el consejo y posible piedra en vesícula biliar.
También había otros doctores en medicina, enfermeras, auxiliares de ambos sexos; los hombres solamente para trabajos de fuerza, y enfermos, puesto que aquella casona, era un hospital.
El enfermo, en realidad accidentado, del que trata esta historia, se llama Ramiro y es un joven albañil que tuvo la mala fortuna de caer de un andamio; tres costillas, brazos y piernas rotas y una contusión severa en la cabeza.

Dado el estado en que se encontraba, y puesto que el patrono correría con la cuenta, se optó por colocarlo en una habitación individual; las otras, en el mejor de los casos, podían alojar hasta seis personas.
Cuando el dolor de cabeza se le hubo pasado un tanto, Ramiro se encontró con las piernas escayoladas de tobillos a ingles, un brazo en cabestrillo para inmovilizar desde la clavícula hasta los dedos de la mano derecha, y de muñeca a antebrazo de la izquierda. Un gran bonete de gasa le cubría el occipucio, pero eso no lo veía, solamente lo notaba, y el pecho, de ombligo hacia arriba envuelto cual si llevara faja de baturro.
Había que cebarlo, pues se hallaba tumbado boca arriba que parecía X mayúscula, y sus necesidades… ¡hay Dios, que vergüenza! Al principio, mareado por la conmoción se dejaba hacer, luego, a medida que la consciencia volvía a sí... tres días pasó sin comer bocado. Peor fue lo del pis.
Todas las mañanas, la auxiliar de turno le subía un poco la sábana que cubría sus partes pudendas,  y le "enjarrillaba" aquella minúscula colilla en el orinal. Pero la naturaleza es una fuerza poderosa.

Sor María pasaba todos los días a visitar a los enfermos; una estampita de la Virgen de Lourdes para los nuevos, la venta de una participación de lotería a los que estaban mejor, una palabra de consuelo a los afligidos… Aconteció que una de las mañanas, llegó en el preciso instante en que la auxiliar introducía la colilla, que por arte de la naturaleza habíase convertido en habano, en el jarro del pis.
- ¿Qué sucede aquí? ¿Qué es esto?
Y la enfermera asustada, en un acto reflejo, retiró de sopetón la vasija al mismo tiempo que se giraba hacia la monja. Los orines que contenía, fueron a parar al hábito, Ramiro parecía la manga riega, y la chica tenía cara de colegiala cogida en falta.
Sor María se fue directamente a ver a don Dionisio, al que pidió que de inmediato despidiera a la auxiliar por libidinosa, y se trasladase a otro hospital al enfermo por salido.
Zapatones habló con los dos implicados y sacó las conclusiones correctas. Ahora habría de enfrentarse a la reverenda madre que malinterpretara la situación.
- Sor María,- dijo el director- perdone, pero parece que llevara usted cuatro días en el hospital. Ha interpretado algo natural como obsceno. Los implicados están sumamente ofendidos hasta el punto de que el muchacho -bastante vergüenza pasa el pobre- irritado, me ha cantado esta canción- no se ofenda:
Por la mañana cuando me levanto
la tengo más dura que un canto.
Luego echo una meada,
y todo se queda en nada.
Las cosas siguieron su curso natural, pero la monja no apareció más por aquella habitación.

viernes, 6 de julio de 2012

Contraluces 1.



Miguel Ríos




miércoles, 4 de julio de 2012

Bichos XVII.