miércoles, 28 de noviembre de 2012

Aportar.


Hace bastante tiempo que no me juego la pasta con mis lectores, así, que hoy voy a apostar la apreciable suma de medio euro, a que el significado en el que estáis pensando es: Contribuir, añadir, dar.

Lo siento mucho, el que así pensó, erró. No porque sea inexacto, que no lo es. Pero, el DRAE, en su primera acepción dice:

Aportar1.
1. Llegar, ir a parar a alguna parte, voluntariamente o por azar.
2. Tomar puerto o arribar a él.

Es cierto que estas definiciones son de poco uso, pero por esa razón traigo aquí el vocablo.
Recuerden los "paganos", que debían depositar sus cincuenta centavos en la cuenta que tengo al efecto, pero por esta vez seamos altruistas; hay gente que lo necesita más.

viernes, 23 de noviembre de 2012

La molinera II.

Pincha La Molinera de Llan de Cubell. Nº 16 de mis musiquillas.


Es la Felipa mujer enjuta, como de sesenta, pelo crespo, abundante, y que peina tantas canas como cabellos negros tiene; cejijunta y ojos escrutadores. Viuda, que malvive de la escasa pensión que de su marido le quedara, se ayuda con una pequeña huerta y los animales propios de corral que suele vender en el mercado.
Los vecinos de la aldea, han encaminado al gañán hacia la casa de Felipa para que le de posada. Gran tontería la del mozo, pues más le valiera haber vuelto con sus hombres; treinta kilómetros no son tanto, y aunque la maquila le saliese a mitad del precio, aún perdería dinero al pagar la pensión. Pero se ha prendado de la molinera y quiere conquistarla.

- Así que, a ayudar a la molinera, eh… ¿y que sueldo te pagará?
- Nada señora, que el grano es mío, aunque espero me rebaje algo…
-Ya, ya… No te sale a cuenta, ¿de donde dices que eres?
- De Serín, señora.
- Ya, ya, no está tan lejos…
- No, y a caballo, menos. Pero quiero aprender, ver la rentabilidad, tal vez construya yo un molino.
- Ya, ya, aprender…

Amando ha desayunado bien en casa de la vieja y poco antes de amanecer, se encamina al molino. Deja atrás las casas y al bajar por la caleya, ya ve la mortecina luz en las ventanas. Apenas hay ruido; el rumor del río, algún gallo, el rebuzno de un burro contestado por el relincho de un caballo.
Amparo ha preparado el desayuno; panceta y huevos fritos, picadillo de chorizo sobre tortos de maíz y café. Ha dispuesto la mesa, en ese cuartito al lado de la cocina donde ella cose y lee. Mesa camilla, faldillas de cretona, dos sillones de mimbre, una estantería con varios libros y un par de figurillas, un cuadro de boda y un reloj de pared. Sobre una banqueta la caja de costura y justo al lado, un arca de castaño. El ventanal da al sur, no es muy ancho, pero ocupa toda la altura de la estancia. Tras los visillos se pueden entrever, al fondo los montes, más cerca el río, una pomarada, y el caz por el que pronto correrá el agua.
Toda la tranquilidad que mostrara Amparo el día anterior, se ha esfumado. Desea que algo suceda, sabe que así será. La decisión que tomara Amando, no es lógica, la suya tampoco. ¡Esto es un flechazo! ¡Jesús, que cosas digo!
Tras los saludos, se sientan ambos a la mesa. Amando hace un esfuerzo; hoy desayuno doble y al por mayor, las dos mujeres se han puesto de acuerdo en cebarlo.


El trabajo, ahora que el grano está a pie de obra, no es tanto; vigilar que la tolva no quede vacía, lo que haría gastarse las piedras por el roce entre sí. Aunque la molinera, chica lista, ha colocado un cencerro atado con una cuerda, dentro de la tolva. Cuando ésta está llena, el cencerro esta cubierto y no suena, cuando ya queda poco grano, el cencerro, liberado y mecido por el golpeteo de la carraca, da aviso.

- Echamos grano en la tolva, ahora se levanta la vara para que el agua golpee los álabes del rodete. Mira como voltea la volandera y como por su ojo comienza a caer el grano desde la canaleja. Aquí en el puente se regula la altura de las piedras, cuanto más juntas, más fina. ¿Ves? ¡ya sale!
Y Amparo coge un puñado y lo amasa en su mano, junta algo más las muelas, levanta un poco la canaleja y vuelve a probar la harina.
Amando la observa; buenas pantorrillas, prietas caderas, pelo moreno atado atrás con una cinta, hablar pausado, ojos inquisidores que ven si presta atención. A él parece que se le ha comido la lengua el gato.
Y la chica va a bajar los escalones, él la quiere ayudar…

- Amparo, me gustas, me gustas mucho.
Y la toma por la cintura mientras ella musita un ¿qué haces?

- Voy a besarte.
La calidez de los besos, da paso al ardor de la pasión, y ella, muy quedo otra vez, le dice…
- Amado, ten cuidado; es la primera vez.
Y Amando el amado, la separa de si con cara de extrañeza… ¿es cierto?
Ella responde con un movimiento de cabeza más arrebolada aún.
- Entonces, esto requiere otro tratamiento; este no es el lugar, ni el sitio adecuado.

Y colorín coloreado, este cuento se ha terminado.
Podíamos decir, que Amparo llegó virgen al matrimonio, que este se celebró enseguida, que tuvieron un hermoso retoño, y que fueron felices y comieron…

martes, 20 de noviembre de 2012

La molinera.




El humo asciende perezosamente desde las chimeneas esparciéndose a baja altura por el valle. La neblina que forma, se junta con la que procede del riachuelo. Estamos a finales de septiembre y aun calienta el sol, pero ahora es por la mañana temprano y este es el motivo del fenómeno. Sin embargo, los montes están diáfanos, limpios a esta hora en que el sol despierta. Castaños, robles y manchones de eucaliptos se aprecian aquí y allá, dejando espacios para la pradería y alguna tierra de escanda.
Abajo, en el río, los umeros lo escoltan casi desde su nacimiento. Un nacimiento pobre, apenas un simple caño en el vértice de esa uve de montes que dan forma al valle. Pero el Reconco, que así se llama, va recogiendo de poniente a oriente las aguas de lluvia de las laderas, de otros regatos, y así, se hace un poco más caudaloso hasta llegar al mar. En la vega que riega, pueden contemplarse los sembrados de maíz que ahora están a empezando a recoger.

La aldea despierta, huele a la madera que se quema; a veces puede percibirse el olor del castaño o el roble, aunque no se distingue mucho uno de otro, pero si el eucalipto, tan aromático. Las mujeres llevan el ganado a los prados mientras los hombres aparejan, los unos para la huerta, los que tiene vez, al molino. Allí dejaran el grano que la molinera quebrantará a cambio de su maquila.

¡Ah, la molinera! ¡Con lo joven que es, y que trabajo tan duro! Algunos le echan una mano de corazón, otros por ver si pueden tocarle el culo, que dicen las malas lenguas, que es una fiera en eso del amor.
¡Mentiras podridas! Solo un novio tuvo, y en mala hora, que pregonaba lo que ansiaba y jamás lo consiguió.
- Si conmigo te quieres acostar, primero te has de casar.
Pero aquel petimetre, hijo de un hacendado del otro lado de los montes que dan al sur, aún no estaba preparado para eso del casorio. Ni para eso, ni para acabar la carrera de abogado que su padre, con buen criterio dada su catadura moral, le costeaba.


Del río sacó su tatarabuelo un caz, construyó el molino, y encima la casa. Lo trabajaron sus descendientes, y el padre de la molinera, hasta que una apoplejía lo de dejo baldado de todo el lado derecho.
Y la moza, ya treinta y cinco, picaba la muela, abría el paso del agua, subía los sacos de grano, alimentaba la tolva, regulaba la volandera y manipulaba la canaleja, maquilaba justamente; menos, a los pobres que tenían bocas que alimentar, más a los ricos y ostentosos.

Y cierto día, llega una reata de mulas cargadas con sacos al molino. Al frente va un gañán lindo de cara y verbo fácil…

- ¡Ha del molino! ¡Molinero, donde estás! ¿Se puede pasar?
- ¡Anda, pero si no es molinero! Buenos días, guapa molinera.
- Hola, que no te he oído con el ruido.
- Ya, ya me he dado cuenta. Oye, te traigo veinte sacos de maíz, están pesados, pero mandaré a mi gente que lo haga de nuevo.
- ¿Está bien curado?
- Faltaría más preciosa.
- Déjate de lisonjas, que no nos conocemos.
- No seas tan esquiva, mujer. Soy Amando. ¡Ea!, ya me conoces.
- Y yo Amparo.
- ¡Mira que bien; Amando al Amparo del molino.
- No te pases, no tiene gracia.
- Perdona.
- El doce por ciento y una semana.
- Me dijeron que era el diez
- El doce, y me tenéis que subir los sacos, son más de dos toneladas.
- Después de treinta kilómetros, no me voy a dar la vuelta. Sea, pero para la próxima…
- La próxima si me traes tanto como ahora, te haré el diez.
- ¿Y si me quedo de posada y te ayudo?
Y la molinera, que se encontraba en esa fase, en que el reloj biológico pide a gritos la necesidad imperiosa de ser madre, aceptó.
  

Pincha en el 15 de mis musiquillas y escucharás esta bonita canción que yo he traducido. (Más o menos, que no sé bable)


Cuanta maxa lleves dientro                   Cuanta magia llevas dentro
pa facer farina d´agua                           para hacer harina de agua
viendo dar vueltes les mueles                viendo dar vueltas las muelas
pasa adulces la ivernada.                       pasa suavemente la invernada

Naguo por ser la farina                         Paso ganas por ser la harina
que selemente calistra                           que de puntillas penetra
los poros de la camisa                           los poros de la camisa
qu´endolca la to natura                         que enrosca la tu natura
d´agua                                                  de agua
si supieras que te quiero                        si supieras que te quiero
amurniarías la mirada.                           entristecerías la mirada

Siguiré siendo furtiva                            Seguiré siendo furtiva
sabiamente amatagada                          sabiamente tapada
ente fatos perxuicios                             entre tontos prejuicios
que la sociedá nos instaura                    que la sociedad nos instaura
siguiré siendo furtiva                             seguiré siendo furtiva
sabiamente amatagada                           sabiamente escondida

Naguando por un futuru                         Apeteciendo por un futuro
enllenu d´esperanza                               lleno de esperanza
suañando colos placeres                         soñando con los placeres
de los qu´agora toi                                 de los que ahora estoy
privada                                                 privada
si albidrara que me                                si sospechara que me
quieres                                                 quieres
morrería esgaloyada                              moriría risueña
nun habría home en                              no habría hombre en
tierra                                                     tierra
que conociera dicha más alta.                que conociera dicha más alta

Solamente camentalo                             Solamente advertirlo
camuda´l xeitu la mio                            cambia el aspecto la mi
cara                                                      cara
apigazar na to vera                                dormitar a tu vera
esconsonar na to cama                          despertar en tu cama
si supieras molinera                               si supieras molinera
cuanto te quiero mío alma                     cuanto te quiero mi alma
apigazar na to vera                                dormitar a tu vera
esconsonar na to cam                            despertar en tu cama

 Quien fuera l´agua que                          Quien fuera el agua que
 mueve                                                   mueve
 el molín de la to casa                             el molino de tu casa
 pa ser parte la to vida                            para ser parte de tu vida
 y dexar de vivir                                     y dejar de vivir
 arrequexada                                          arrinconada
 por una sociedá inxusta                          por una sociedad injusta
 que castiga a la llesbiana                        que castiga a la lesbiana
 que toes llevamos dientro                       que todas llevamos dentro
 soterrándola pa que nun                        enterrándola para que no
 salga                                                     salga
 si supieras molinera                               si supieras molinera
 cuanto te quiero mio alma                      cuanto te quiero mi alma
 apizagar na to vera                                dormitar a tu vera
 esconsonar na to cama                          despertar en tu cama
 si supieras molinera                              si supieras molinera
 cuanto te quiero mio alma                      cuanto te quiero mi alma
 apizagar na to vera                                dormitar a tu vera
 esconsonar na to cama.                         despertar en tu cama
 esconsonar na to cama.                         despertar en tu cama.




miércoles, 14 de noviembre de 2012

El Viático. (Reposición)



Anochecía. La vi en el quicio de la puerta desde el otro lado de la plaza. A pesar de la escasa luz que arrojaban las cuatro bombillas, su silueta inconfundible y adorada hizo que se me saltasen las lágrimas. Ella se agachó descalzándose una zapatilla, yo avanzaba lento, las piernas arqueadas y frotándome los llorosos ojos. Notó algo raro en mí. Se colocó de nuevo la zapatilla y cruzó rauda los veinte pasos que nos separaban para fundirnos en un abrazo. El torrente de lágrimas y el hipar continuo, trataba ella de mitigarlo con besos mientras me aupaba a su cuello. Entramos en casa donde me limpió y consoló.
Tenía yo seis años y era miércoles, lo recuerdo bien porque estaba preparando mi primera comunión, y todas las tardes, a excepción del miércoles, iba al catecismo. A las Reverendas Madres Reparadoras, que tenían una capilla muy bonita bajo la advocación de la Virgen de Fátima. Iba contento al salir de la escuela; a primera hora había dado de carrerilla y también salteada la tabla del cinco, luego, casi a las cinco, cuando ya se acercaba la salida, Don Emiliano me sacó a leer. Del Cien Figuras Españolas, leí en voz alta un párrafo bastante grande referente a Don Pelayo. Mientras él rotulaba a redondilla una carpeta, yo me emocionaba con la batalla de Covadonga hasta tal punto, que, por dos veces me mandó respirar en las comas. ¡Si, había sido una tarde fenomenal! Ahora a casa y a jugar con los amigos.
Mas el destino casi siempre nos depara cosas con las que nosotros no contamos.
Hacía frío. El cielo estaba grisáceo y sin duda de noche nevaría. Me subí la bufanda casi hasta los ojos y apreté el paso. Al llegar a la iglesia de San Pedro, vi un cura en el portón del oeste. Él salió a mi encuentro y yo con toda mi buena educación fui a besarle la mano. Esa equivocación marcó toda mi vida.

-“Niño, veo que eres un buen cristiano, ven a la iglesia que has de ayudarme”.

Balbucí un par de excusas; me está esperando mi madre, no se nada de monaguillo... nada sirvió. Entramos y nos encaminamos al altar mayor. Abrió el sagrario y cogiendo unas cuantas formas las introdujo en una cajita parecida a la polvera de mi madre. Luego colocó el relicario sobre una patena y le echó por encima un paño. Me dio una campanilla y me dijo que cuando nos cruzásemos con alguien, la hiciera sonar.
No sé si era el frío o el miedo, el caso es que yo caminaba tiritando un par de pasos detrás de aquel raquítico cura de sotana raída. Por la otra acera venía un hombre, moví la campanilla con tal energía que el cura me miró de soslayo en plan de reprobación. El sujeto por el contrario, se paró y quitándose la gorra inclinó la cabeza. Las señoras se santiguaban a nuestro paso y hasta un guardia municipal se cuadró saludando militarmente. Yo estaba cada vez más nervioso, quizá por que a cada paso me alejaba más de casa. Llegamos a una calle estrecha con casas de planta y piso en la parte vieja de la ciudad. Los portales olían a orín de perro y a potaje de repollo. El cura levantó la cara para mirar el número del portal. Aquel día no se había afeitado y las barbas canas, su delgadez y los ojos hundidos, le daban aspecto de truhán. Con aquella capa sobre la sotana que parecía ocultar un espadón y el chambergo calado casi hasta las orejas, se me antojaba similar a los corsarios que aparecían en los tebeos del Cachorro. Aquella era la casa. Entramos en el oscuro portal y subimos a tientas por una escalera de madera cuyos peldaños rechinaban aún siendo ligero el peso del hombre. Llamó a la única puerta que había.

-“Ave María Purísima. Traigo los Santos Oleos solicitados...”

-“Sin pecado concebida” contestó una voz de mujer - a la cual yo no veía- a la vez que franqueaba la puerta. Una vez dentro, el cura se quitó capa y sombrero que dejó en una silla, tras besar una estola morada que sacó de un bolsillo, se la colocó al cuello. Me dijo que dejara la esquila y que en su lugar tomara la patena. Solo tendría que colocarla bajo la barbilla del enfermo cuando él le diera la comunión.
Mi temblor era manifiesto, sin embargo el cura no parecía notarlo y mucho menos la dueña de la casa que bastante tenía para ella. Nos condujo a una habitación en la que de momento y por ir en último lugar, no veía más que el alto techo. Allá arriba, en el centro, un pequeño globo azul ocultaba una mísera bombilla. Las polillas habían penetrado dentro del cristal y ahora yacían muertas en el fondo creando un cerco negro. De sopetón vi la cama y lo que en ella había; cabecero oscuro, casi negro, de líneas rectas y sobrias, roja colcha de hilo con rameados y flores blancas, y entre almohadón y el embozo de las sábanas, una calavera. De mi mano cayo la patena de dorado metal. La mujer lo vio y se agachó a recogerla poniéndola en mi mano con una mirada de desdén. Yo no podía apartar la vista del almohadón donde reposaba aquella cabeza. El hombre no debía de ser muy viejo si observabas a su mujer, tal vez treinta años. De su corto pelo sobresalía el flequillo que brillante y negro cubría casi toda su frente. Los ojos cerrados estaban desaparecidos en sus cuencas, los pómulos abultados, dos agujeros donde debía estar la nariz, los labios no eran capaces de cerrarse sobre los grandes y amarillos dientes pareciendo que reía, ningún color, ningún movimiento...
El cura murmuraba sus oraciones y él solo se contestaba. Con el hisopo derramaba agua bendita sobre la cama y con los santos oleos ungía frente, manos y pies. Llegado el momento me hizo una seña para que colocara el platillo bajo la barbilla del miserable. A mis suplicas silenciosas respondió con una mirada conminatoria y recalcando las silabas de sus latinajos. Ya se acercaba la Hostia a la boca cuando el enfermo abrió los ojos. Unos ojos tan grandes que parecía imposible cupieran en aquella cara. Sin saber de donde sacó la fuerza, una flaca mano emergió de entre la ropa y aferrándose a la muñeca del oficiante la paró en seco.
-“Viva la ceneté”
La cabeza dio un pequeño giro y la vida se extinguió. El cura volvió la Hostia a la caja, los utensilios a los bolsillos y a poco nos marchamos. La mujer quedó llorando en silencio, en su inmensa soledad, sin oír siquiera los reproches del cura, sin mirar a aquel hombre que, rojo de ira, en vez de consolar, se despidió con un portazo.
Del mismo modo en que fuimos, regresamos; en silencio, con las cabezas gachas, uno; mascullando quizás en contra de aquella que se atrevía a pedir los santos sacramentos para un rojo, el otro; con el corazón encogido y muerto de miedo.
Al llegar a la iglesia, se volvió hacia mí el cura y alargando la mano para recoger la campanilla me dijo:

-“Niño, hueles mal. Anda, vete corriendo a casa que ya es tarde”.

Baje por la cuesta alta y llegue a la plaza. Mi madre me esperaba para zurrarme con la zapatilla, pero ni yo me daba cuenta en aquel momento, ni ella lo hizo.
Cuando mi padre llegó del trabajo, me descolgué del cuello en el que había estado refugiado y corrí a abrazarlo. A él, solo a él le conté lo sucedido y le pedí que me prometiera una cosa que hasta la fecha ha cumplido.
Hoy tengo mas de cincuenta años y dos firmes propósitos que vengo cumpliendo; mi madre no me verá ya hacer la primera comunión y no volveré a ver ningún otro muerto. Como no podía ser menos, soy de la Confederación Nacional de Trabajadores y huelo un cura a más de cien metros, aunque ahora no llevan sotana.
Prendes 19.36-19/01/2002

Este cuento añejo, se quedó en el fondo como dice Marta C. Por indicación suya lo traigo ahora.

martes, 13 de noviembre de 2012

Coro de los esclavos judíos.



Va, pensiero, sull'ali dorate;                   Ve, pensamiento, con alas doradas,
Va, ti posa sui clivi, sui colli,                   Ve, pósate en las lomas, en las colinas,
Ove olezzano tepide e molli                    donde exhalan tibios y suaves
L'aure dolci del suolo natal!                    los aires dulces de la tierra natal.

Del Giordano le rive saluta,                    Saluda las orillas del Jordán
Di Sionne le torri atterrate...                   y las torres derruidas de Sión
Oh mia patria sì bella e perduta!            ¡Oh, patria mía, tan bella y tan perdida!
O membranza sì cara e fatal!                 ¡Oh recuerdo tan querido y tan fatal!

Arpa d'or dei fatidici vati,                      Arpa de oro de fatídicos vates,
Perché muta dal salice pendi?               ¿por qué cuelgas muda del sauce?
Le memorie nel petto riaccendi,            ¡Reenciende en el pecho los recuerdos,
Ci favella del tempo che fu!                   háblanos del tiempo que fue!

O simile di Solima ai fati                        Igual que los hados de Sólima
Traggi un suono di crudo lamento,         traes un sonido de crudo lamento
O t'ispiri il Signore un concento,            ¡Que te inspire el Señor un canto,
che ne infonda al patire virtù,                 que al padecer infunda virtud,
che ne infonda al patire virtù,                 que al padecer infunda virtud,
che ne infonda al patire virtù,                 que al padecer infunda virtud,
al patire virtù!                                       al padecer, virtud!










Manzanines de mi aldea.




lunes, 12 de noviembre de 2012

El aguinaldo.



Ayer fui de compras a primera hora. En el centro comercial se afanaban por colocar las Cestas de Navidad. A decir verdad, pocas, ahora se llevan más esas Cajas Sorpresa en las que ni siquiera se intuye lo que va dentro.
Recuerdo hace años, tantos que habría que emplear la palabra Antaño, queriendo significar algo cuasi remoto. Sin embargo, apenas hace cincuenta de ello; una nimiedad. A lo que vamos, que me pierdo, recuerdo decía, a aquellos guardias urbanos que dirigían el tráfico rodeados de botellas y turrones que recibían como Aguinaldo. Y recuerdo también una anécdota que me contara un conocido mío. Ahí va:
Pepe, era conductor de una empresa dedicada a la reparación de maquinaria en instalaciones propias, y al mantenimiento de otras, que contrataban sus servicios. Su cometido consistía en ir dejando aquí y allá a sus compañeros, y asistirlos con materiales y herramientas. Llegada la Navidad, repartía las cestas de tamaño y composición variable, a jefecillos y gerifaltes. Por si alguien desconoce lo que es un gerifalte, el DRAE dice en su primera acepción; Halcón de gran tamaño, que vive ordinariamente en el norte de Europa. Pero yo no me refiero a esos halcones, me refiero a los otros que abundan en todos los países, y sobre todo en esta Patria Nuestra. Pues bien, Pepe, que el día de reparto se quedó sin comer por la premura del tiempo, metió mano a una de las cestas y saco un mísero paquete de peladillas para entretener el hambre. Sabido es, que las susodichas,  (las cestas, no las peladillas) llevan el listado del contenido y nadie podía imaginar que uno de estos grandes Halcones, hiciera el recuento, y que mucho menos, reclamara al jefe del conductor, su falta. Menos mal que solo fueron peladillas.
En otra ocasión, ya en años de recesión, un jefecillo, esperaba ansioso su aguinaldo que siempre recibía en la oficina. El director, tras felicitar las Pascuas a sus empleados uno por uno, se largó para su casa. Ese era el pistoletazo de salida para que todos los empleados abandonaran su puesto con dirección al pinchoteo de confraternización o a sus casas. Y nuestro hombre se quedó esperando hasta las cinco en que Pepe pasaría a recoger al personal. Inquieto por la tardanza, bajó al hall desde donde espiaba, cuando la furgoneta pasaba de largo, tras cruzar el control de la entrada, se tiró al medio de la calzada alzando los brazos;
- ¡Eh, eh, que estoy aquí!
Y Pepe paró, y le pregunto que era lo que quería, y el otro le dice: ¿Qué hay de lo mío?
- ¿Y cual es lo tuyo?
- ¡Coño, la cesta, el aguinaldo de todos los años!
- Será que no has sido bueno, ya no me queda nada por repartir.

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Un hombre íntegro?


Elías era un hombre fornido; casi uno noventa, fuerte pecho y brazos musculosos. Cara ancha, ojos gris claro, pelo ondulado rubio oscuro y bigote que parecía una recta dibujada a tiralíneas.
En la época en que acontecieron estos hechos, estaba a punto de cumplir los sesenta. Una buena edad para alguien que jamás había pisado un hospital, y que apenas si había ido al médico un par de veces en su vida.
Casi cuarenta años sin faltar un solo día al trabajo, exceptuando lógicamente, vacaciones y permiso para enterrar a sus padres. Tanto le fastidiaba dejar su labor, que cuando se casó, ya entrado en años, lo hizo en sus días de vacaciones renunciando al permiso que la empresa concedía.
Elías tenía jornada de ocho de la mañana a cinco de la tarde, con una hora de por medio para comer. Pero él no cumplía el horario; trabajaba de siete a siete. No, no hacía horas extra. Llegaba temprano para revisar "sus máquinas", poniéndolas a punto para que cuando tocase la sirena, entrasen en funcionamiento a pleno rendimiento desde los primeros minutos. Al final de la jornada, limpiaba, engrasaba, tensaba correas… y todo sin obligación por ninguna de las dos partes.
Cierto día se le acercaron dos "compañeros" los cuales se presentaron de la siguiente manera:
- Hola, ¿eres Elías?
- Lo soy.
- ¿Estás sindicado"
- No.
- Veras, compañero, nosotros pertenecemos al sindicato. Todo trabajador debe de estar afiliado al sindicato, porque es la única defensa que tenemos para que el patrono, la empresa, no abuse de nosotros.
- No necesito de vuestro servicio. Hasta luego, tengo trabajo.
- Un momento compañero, nadie te va decir nada por hablar con nosotros; es tu derecho.
- Conozco mis derechos, y que yo sepa, vosotros no sois mis compañeros; jamás os vi en el tajo a mi lado.
- Nuestra misión no es esa, es la de defender nuestros intereses.
- Si lo sé, no hace falta que me lo digas; defendéis vuestros intereses.
- Oye…
- Ni oye, ni nada, ésta conversación se ha terminado.
- Estas fuera de la legalidad, trabajas más horas de las que te corresponden y dicen que vienes algún sábado cuando la maquinaria no anda fina. Te entrometes en el trabajo de otros compañeros, a todos dejas mal por tu exceso de celo, y si tuvieras un accidente… se te podría caer el pelo.
- ¿Exceso de celo dices? Llevo un montón de tiempo en esta fábrica, ha habido tiempos buenos y tiempos malos, pero los de ahora son los peores. Yo siempre he trabajado igual y nadie ha dicho nada. Trabajo para ganarme el sueldo que me llevo a casa, para que el patrón no se quede atrás y la modernice, para que él, que ha puesto su dinero, también se lleve lo suyo. ¿Qué hacéis vosotros? Hala, hala, dejadme en paz e ir a hacer pareados a otro lado.
- ¿Qué?
- ¡Que os vayáis a la mierda coño!

A Elías, aún sin querer, lo prejubilaron un año después de aquella conversación. Era eso, o el despido. Y nadie lo defendió, solamente el encargado trató del asunto con el director. Pero como él dijo, aquello eran "panes emprestados".
Ni despedida de los unos, ni reloj, ni agradecimiento por los servicios prestados de los otros. Solamente un llavero de plata de aquellos que se regalaban en las ferias con el anagrama de la empresa, metido en un sobre. Que ni en la mano siquiera.
Y el hombre se fue para su casa, y la casa se le caía encima. Su mujer trataba de distraerlo, pero él, como un clavo, se levantaba a las seis de la mañana.

- ¿Donde vas Elías? El trabajo ya se acabó, ¿no te acuerdas? Y así todos los días.

Pero las desgracias nunca vienen solas; Josefa al poco se murió. Y al Elías, más solo que nunca, se le olvidaba la comida en el microondas, y en la nevera echaba esos pelos largos que dicen es moho, y olvidaba bañarse, y solamente bebía zumo de naranja y albaricoque, y se iba por la patilla y manchaba calzoncillo y pantalón que ya no tenía que ponerse. Y aquel hombre, que llegara a pesar cien kilos, apenas si pesaba cincuenta, y un día, los vecinos pusieron una denuncia por lo mal que olía en la escalera.

martes, 6 de noviembre de 2012

En el azul del mar.


Mi vida cambió radicalmente como consecuencia de una caída. Revisando una obra, me fui abajo por el hueco del ascensor. Solamente eran dos pisos, y pude haberme matado. Tal vez hubiera sido mejor; quedé encadenado de por vida a una silla de ruedas. Mi paraplejia condicionó, en primer lugar, mi vida familiar, y en segundo, mi trabajo. Omito hablar de mi cuerpo, ese trauma se consigue superar, no del todo, pero al menos en gran parte. Aún era joven.

Pero mi matrimonio se iba a pique a pasos agigantados; mi mujer no estaba preparada para aquello ¡y quien si!… ni quería estarlo. Las relaciones con nuestros amigos cesaron; no soportaba su conmiseración, que la considerasen la mujer de un minusválido… sus preguntas capciosas acerca del sexo.
Tampoco lo estaba para ser el báculo en que yo me pudiera apoyar y levantarme; le faltaban esas palabras de alivio, de consuelo, de ánimo. Le faltaba la mano que ayuda ¡y bien sabe Dios que la necesitaba! Sin el estímulo, sin esa mano de aquella que había elegido para lo bueno y lo malo, era casi imposible.
Todas mis ilusiones, nuestras ilusiones, se habían ido al garete, pero era incapaz de ver que yo sufría doblemente. La confianza que en ella siempre tuve, se veía menoscabada a cada instante; huía cuando mis necesidades fisiológicas no respondían como debieran, y en cuanto al eufemismo de ese llamado amor, lo resumiré en tres palabras "no tenía paciencia". Las palabras dichas, comenzaron a sonar altas, y las calladas, eran aún peores. Tras el primer insulto, vinieron los demás engarzados como en un rosario.
Comenzamos a hacer cada cual su vida. Nuestro hogar se convirtió para ella en hotel donde solamente se va a dormir, y yo me pasaba el día en casa.

Había mandado colocar una silla salva escaleras, y desde mi estudio en el piso superior, comencé a trabajar algo, acuciado por mi amigo el arquitecto, que intuía a donde podía llegar mi existencia de seguir mano sobre mano.
Sentado frente al tablero de dibujo, contemplaba una amplia panorámica; otros chalés con sus jardines, prados y montes cuajados de árboles y muy al fondo, se vislumbraba el tráfico de la carretera. A la derecha, y en un plano inferior por efecto del desnivel del terreno, solía sentarse en el porche de su casa, mi vecina. Colocaba el caballete y manejaba los pinceles con rapidez, sin fijarse apenas en el paisaje, tal parecía que lo sabía de memoria.
Nunca le había prestado mucha atención, sabía que se llamaba Irene, que era soltera, que vivía sola y poco más. Pero ahora, en mi soledad, algo me impulsaba a observarla. Quizá fuera su grácil y vivaracha figura, tal vez aquellos pantaloncitos cortos bajo la bata blanca llena de pinceladas multicolores, posiblemente, la relación de afinidad con mi trabajo. No sé. El caso es que me dí cuenta de que me quedaba absorto contemplándola.
Mi observación comenzó a ser obsesiva, hasta el punto en que me servía de unos prismáticos para no perder detalle. Pude comprobar como sus pinceles estaban todos mordisqueados por atrás, pues cuando pensaba, siempre los llevaba a la boca. La manía de andar descalza, la forma en que levantaba los brazos en señal de victoria o complacencia cuando acababa un cuadro...

Un día, a mediados del verano, llamaron. Yo estaba arriba, hube de cambiar la silla de ruedas por la de la escalera y luego, abajo, pasar a la otra. Esto me llevó un tiempo, pero Irene, que era de quien se trataba, al otro lado de la puerta voceaba para darse a conocer.
- Martín, soy Irene, la vecina, no corras, que nada sucede y no tengo prisa.

¡Correr decía! Como lo haría cualquier mujer, al pasar ante el espejo del hall, me miré la pinta. ¡Un desastre, en zapatillas, pantalón del pijama y una camiseta!
- Pasa Irene, y perdona por el atuendo -me excusé.
- ¿Tiene tanta importancia para ti? Porque si es así, vengo dentro de un rato… cuando te hayas puesto el frac. Quiero pedirte un favor, me voy de viaje unos días y quisiera que me atendieras el acuario y las ninfas. ¿Podrá ser?...
Yo ni me entraba de lo que decía, me fijaba en el movimiento de sus blancas manos de largos dedos, en su boca de rabioso rojo, en aquellos expresivos ojos, en el balanceo de sus senos por efecto de la respiración y el manoteo.
-… los peces un par de pizcas al día y a los pájaros ponerles agua y llenar cada dos los comederos ¿de acuerdo?
Y dio por sentado que aceptaría el encargo.
Aún no había abierto la boca, cuando me entregó las llaves y me preguntó si la acompañaba para que viera donde estaban. Me condujo a una sala donde tenía colgados sus cuadros. Todos eran marinas, miento, uno destacaba sobre los demás; un autorretrato. Sentada en una sencilla silla me miraba de frente, desnuda. Apoyadas las manos sobre los muslos, entreabiertas un poco las piernas. Me quede con la boca abierta, mis ojos en aquellos pechos, en aquél pubis velludo.
- ¿Te gusta? Si, sé que me observas, pero yo a ti también. ¿Quieres ver el modelo, tal cual?
Y algo se me inflamó por dentro, algo que hacía tiempo no sentía y que ya no esperaba sentir.
Desde ese momento fui otro. Mi autoestima ha aumentado, he ido a más sabiendo que alguien me quiere de veras, que no le importan mis limitaciones. Las caricias, el erotismo, la calidez de la relación, ahuyentaron mis miedos y me han hecho un hombre feliz. Irene continúa pintando marinas, pero en el azul del mar, en la dorada arena, se ven ahora corretear niños con calzones plenos de colorido.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Crispir.


Va de apuestas, que mi hacienda está en banca rota. Medio euro -sin trampas- a que nadie sabe su significado. Y otro medio a que en la definición encontráis una palabra de la que no tenéis ni idea. Dejad, que ya la he buscado yo.

Cispir.
1. Salpicar de pintura la obra con una brocha dura para imitar el pórfido u otra piedra de grano.


Pórfido:
(Del it. porfido, y este del gr. πόρφυρος, de color púrpura).
1. m. Roca compacta y dura, formada por una sustancia amorfa, ordinariamente de color oscuro y con cristales de feldespato y cuarzo.

¡Un euro "pa la saca"! Ahora solo falta saber cuantos lo van a pagar.