domingo, 13 de enero de 2013

Reportero de poca monta.


Era el segundo sábado de junio de 1993. Lo recuerdo perfectamente. A Miguel, el encargado de recoger los anuncios para un periódico local en el cual ambos trabajábamos, le llamó poderosamente la atención, uno que sin duda pasaría inadvertido entre los cientos que se publicaban el fin de semana.

- Mira este anuncio. A ver si tú le sacas partido.  

Me pareció un tanto, guasón; me dedico a escribir las crónicas de los partidos de fútbol de la tercera regional. Pero aquello tenía miga. El susodicho por palabras rezaba así: "Busco esclavo capaz de someterse a mis deseos, aunque ello lleve implícita la propia muerte" y añadía un número de teléfono. Quizá aquella fuera la oportunidad para convertirme en reportero famoso.
Tras planear el asunto, lo comente con Miguel, parte imprescindible en caso de que le asunto se pusiese feo, y quedamos de acuerdo.

- Buenos días, soy Genaro, me presenté al tipo que abrió la puerta. Paso franco sin una palabra siquiera. Nos miramos ambos con atención, sin disimulo y con cierta prevención. El hombre bien pudiera haberse llamado Woody: bajito, enclenque un poco encorvado y con gafas de gruesa pasta. Nos sentamos al pie de la chimenea, en unos orejeros de cuero donde el hombrecillo comenzó el interrogatorio:

- ¿Profesión?

- Digamos que indefinida, soy motero y vivo de lo que sale.

- ¿Y que moto tienes?

- Mi sueño es una Harley, pero no llego a tanto.

- ¿Gustos sexuales?

- Complicados; bi, zoo, cualquier cosa.

- ¿Y que haces aquí?

- Por dinero soy capaz de todo.

- Nada he prometido, solo la muerte.

- No creo necesario llegar a tal extremo para disfrutar.

- La entrevista ha terminado, no das el perfil.

- Puedo dar cualquier perfil, amo. He venido para ser tu esclavo y así se hará con tu permiso, mi señor.

- Eres inteligente, ahora vas por buen camino. Ven, es mi deseo bañarme. Veamos cómo lo haces. Luego cenaremos, ¿sabes guisar?

- Vivo solo, algo sé.

- Pues saca una pieza del congelador, una pierna por ejemplo.

Me despojé de la chupa de cuero, y fui a preparar el baño, luego, mientras el agua corría, busqué la cocina y no hallando el congelador, le pregunté.

- El congelador está en el sótano - dijo mientras su huesuda mano palpaba mis atributos y la otra asía la mía y la llevaba a los suyos. Nos besamos.

- Señor, balbucí, la carne…

- Si, vete por ella.

En menos de un minuto, dejé el congelador abierto y con nauseas y escupiendo, salí de aquella casa como alma que lleva el diablo. 

8 comentarios:

Ruben dijo...

Si el anuncio ya daba nauseas, si el baño, ya daba miedo, al abrir el congelador, que, para colmo estaba en el sótano, lo raro es que no morir de un infarto. ¡fuerte ese corazón! a prueba de bombas, vamos.

Alfredo dijo...

Rubén.
¿Sabes que fue lo que vio en el arcón?

Maria do Sol dijo...

Posiblemente vio carne humana ... El tipo era caníbal ...

Alfredo dijo...

María do Sol.
A pesar de que la pierna de la foto es de gorrino, has cantado ¡bingooo!
Gracias por la paciencia que demuestras conmigo María.
Salu2.

fus dijo...

Angustioso relato, era para salir corriendo desde el principio. Me gustò como lo escribiste.

un abrazo

fus

Alfredo dijo...

fus.
Si te has entretenido un par minutos me doy por satisfecho.
Escabroso asunto buscó el prota para medrar.
Salu2.

Vir dijo...

Dejando el final a la imaginación (aunque creo que todos hemos imaginado lo mismo), genial. Muy sórdida, fantástica, me ha gustado mucho. Un saludo!

Alfredo dijo...

Vir.
Se dice que la realidad siempre va más allá de cualquier historia por truculenta que sea. Sabemos que casos similares se han dado. Por ello me vino la idea.
Salu2.