sábado, 2 de febrero de 2013

Miradas.



El metro va lleno. Una chica siente que la manosean. A su derecha, hombro con hombro, un hombre mayor, de mirada impertérrita, va cogido a una de las correas que penden de la barra. A la izquierda, dos senegalesas sentadas hablan en su idioma animadamente. Delante, bueno, delante no importa, no van por ahí los tiros. La joven se gira atrás, otra, más o menos de su edad, pelo azafranado y un piercing en el labio superior, junto a la comisura, sonríe y guiña un ojo. Ella hace lo propio, y vuelve a su posición inicial.
Las yemas de los dedos buscan, ella abre un poco las piernas. Llegan a la estación y el toqueteo cesa. Nuevo giro y una muda pregunta en sus ojos, ¿por qué has parado? Entonces se da cuenta, la del piercing se coge con la mano izquierda a una de las barras, la otra está asiendo fuertemente el bolso que lleva bajo el brazo. El impertérrito ha desaparecido.

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