jueves, 7 de febrero de 2013

Pelayo, su hermana, y el moro Munuza.




Cuenta la leyenda, que un moro de renombre, participante en la conquista del Reino Visigodo, llamado Otman ben Neza, y que llegó a ser el gobernador del norte de Hispania, se prendó de la hermosa Ermensinda, Ormesinida o Adosinda, que por cualquiera de estos nombres se la reconoce.

Era la cristiana Adosinda hermana de Pelayo, noble visigodo a quien Otman, más conocido por Munuza, envió a Ihsbiliya (Sevilla) con el objeto de alejarlo y conseguir su propósito; casarse con ella, más bien por fuerza que por grado. La excusa era llevar los tributos recaudados.

Adosinda, estaba más de acuerdo en casarse con otro noble visigodo; don Alonso, al que Munuza encerró en lóbrega mazmorra, con el propósito de cortarle la cabeza si su amada no accedía al casorio, y a ella encerrarla en el serrallo. Ante aquella situación, optó Adosinda por la boda, y fiel a su palabra el moro, lo libertó.

Ya se van a celebrar los esponsales. Pelayo llega de incógnito, pero hecho una furia; a más de casarse con el moro, su hermana y pupila, le ha deshonrado, pues se ha faltado a la palabra que le dio a don Alonso.

Cómo tantas otras veces, la historia-leyenda tiene varias versiones. Hay quienes opinan- todo es posible, aunque un tanto teatral- que cuando el cortejo iba hacia la mezquita, ricamente vestidos y dejándose admirar, la moza, con semblante macilento se viene al suelo. Pelayo, emboscado entre la gente, la recoge y ella le confiesa que se ha envenenado. Entonces Pelayo salta sobre Munuza y lo acuchilla matándolo también.

En realidad Pelayo no pudo llevar a cabo nada contra su hermana -tampoco sería necesario, pues ya no existía ofensa- ni contra el gobernador, amparado por las azagayas y cimitarras de su escolta.

Lo "cierto" es, que Adosinda se ha envenenado, y que este hecho debió de suceder en el palacio, donde Pelayo mata a Munuza, y junto a don Alonso, huyen hacia los montes de Covadonga con el cadáver de Adosinda para darle sepultura.

Cuatro años más tarde, y con el inicio de la reconquista, Munuza, que debía tener más vidas que el gato, se ve obligado, por la presión ejercida por Pelayo y sus hombres, a retirarse hacia León, y muere (una vez más) en el Valle de Santa Olalla (Langreo) tras cruenta lucha.

¿Acaba aquí la leyenda? No. Hay quien dice que Munuza y Adosinda, se casaron y fueron felices con la aquiescencia de Pelayo. Que se fueron a Sevilla, que el moro combatió allá por los Pirineos... Sea como fuere, en Gijón hay una "Calle de los Moros", una "Calle Munuza" y una "Calle Adosinda". De Pelayo no hablamos, todo el que conoce Gijón, sabe que Pelayo "está"·


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