domingo, 24 de marzo de 2013

El tío Indalecio.



Mucha gente conocía a aquel hombre. Tenía fama de avaro, de esos como el de Dickens, el tal Scrooge. Un Harpagón cualquiera, pero solitario y solamente enamorado de su dinero. Se llamaba Indalecio, y dicho sea de paso, el nombre en absoluto iba con su personalidad.

Puesto que hablamos de Dickens… Hay quines dicen que escondía, al igual que Fagin, sus caudales bajo las tablas del piso. Otros, que en esas famosas ollas de barro, diseñadas ya de antiguo, para contener oro y que de vez en cuando aparecen emparedadas. Habladurías con cierta base; Indalecio no utilizaba los bancos y su casa de empeños, donde practicaba la usura más descarada, le proporcionaba pingües beneficios. En algún sitio había de guardarlo.

Sucedió, que un día temprano, camino de su tenducho, se sintió mal. Cayó al suelo y allí quedó tendido mientras los transeúntes lo miraban formando corro y sin atreverse a tocarlo.

- Hay que llevarlo a la casa de socorro - decía alguien -pero nadie se movía.
- Para qué, mirad como estira la pata, ya está muerto.
- Si, mejor al depósito.

Por fin, un doctor certificó la muerte, y la noticia corrió como reguero de pólvora.

Falto de parentela más cercana, un sobrino encargó al de la funeraria que lo atildara, luego, que lo depositaran en la iglesia del cementerio hasta su enterramiento. Total, pocos serían los que dieran sus condolencias, y menos los dispuestos a recibirlas. Y allí quedó Indalecio, en una caja de pino, con algo de colorete en mejillas y labios, cual mascarita de mariconzuelo.

A eso de las siete de la tarde, el cuerpo de Indalecio despertó de su catalepsia. Se incorporó. Sentado en el ataúd dio gracias, pues ésta vez, a punto estuvo de que lo enterraran vivo. Debía de consultar inmediatamente a un doctor. Se tiró abajo del sencillo catafalco llevándose por delante los cirios, y sin que nadie lo viese, se dirigió a su casa.

El estómago le pedía ingerir algo, pero sus bolsillos estaban vacíos y ni las llaves de la casa tenía. Más, no pensaba como se las arreglaría para entrar, sino, quien se había quedado con sus siete llaves.

Pronto lo comprobó; la vivienda parecía estar iluminada, una tenue luz se divisaba por las rendijas que los postigos de las ventanas dejaban. Aporreó nervioso e impaciente la puerta. ¿Quién demonios estaba dentro?
Por fin abrieron. El espanto se reflejó en la cara de aquel que dejando el paso franco, corrió hacia adentro gritando ¡El tío! ¡El tío ha resucitado!
Los tres sobrinos y sus mujeres formaron piña agarrándose medrosos los unos a los otros, lanzando grititos histéricos ellas, mientras que Indalecio, al ver toda la casa revuelta por aquellos intrusos, sufría un nuevo ataque y se iba al suelo del que ya jamás se levantaría por su propio pie.

12 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Uma excelente história que se adequa à época que vamos atravessar - a Páscoa.
Parabéns pelo texto.
Abraço

Ruben dijo...

Yo, visto lo de Chipre, me apunto a lo de guardar los dos euros que me quedan en casa.

Ángeles dijo...

Un texto muy logrado y con la intriga hasta el final... pobre Indalecio, lo que es el dinero, qué pena que nadie se lo pueda llevar al otro mundo...

En mi pueblo había un hombre, harapiento, sucio, muerto de hambre, y cuándo murió, los sobrinos encontraron 12 millones de las antiguas pesetas debajo de una tabla de la escalera de madera.

Un saludo y feliz semana

Alfredo dijo...

María do sol.
María, el cuento no es gran cosa, pues historietas semejantes, el que más y el que menos las ha oído alguna vez.
Me alegra que al menos te haya entretenido unos minutos. Gracias.
Salu2.

Alfredo dijo...

Rubén.
Oye Rubén, no te habrás comprado un colchón de esos que llevan caja fuerte incorporada…

Salu2.

Alfredo dijo...

Ángeles.
Un buen sitio que no se me había ocurrido, lo tendré en cuenta… cuando tenga algo que guardar.
Algunos dicen, que al otro mundo se deben llevar las buenas obras, no sé si será cierto, pero si alguna queda aquí, podrá descansar en paz.
Salu2.

Humberto Dib dijo...

No soy de hacer análisis gramaticales ni de estilo, para mí las cosas son más simples: me gustó mucho.
Un personaje de esos que uno extraña en la literatura actual.
Un abrazo, amigo.
HD

Marta C. dijo...

No he podido pasar y hoy solo de refilón. Esta vez no es por la salud. Es por un ángel que ha entrado en mi vida. Mañana te cuento.
Un beso

Alfredo dijo...

Humberto.
Creo que hay que respetar el estilo de cada cual, en cuanto al análisis gramatical, no estaría de más que aquellos que sabéis, os prodigarais un poco para que los que no sabemos vayamos aprendiendo.
Gracias por leerme, Humberto.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Mi enhorabuena sea lo que sea, preferiría que digas "chica".
Salu2.

Marta C. dijo...

Alfredo, no he entendido lo de chica.
Pues la cosa es que desde hace un par de meses tengo en mi casa a una sobrina y su hijo de 2 años y medio. Por desgracia, debido a un asunto de malos tratos. Pues, como comprenderás, mi vida ha cambiado bastante con este niño que ha venido a iluminarla. De ahí mi falta de tiempo. No puedo recuperar ya las entradas que me he perdido, en el tuyo y en muchos otros blogs e iré directamente a la última.
Un beso.

Alfredo dijo...

Marta.
Creí que te había nacido un nieto/a, de ahí que prefiriese una chica.
Tienes buen corazón, ojalá que las fuerzas te acompañen. Así lo deseo.
Salu2.