miércoles, 13 de marzo de 2013

Mujeres en mi vida.


Hay quienes buscan intencionadamente, y asumiendo aquella decisión, ir al matadero. Yo fui uno de ellos.

Tras un año de noviazgo, en el año 1956 me casé. Sabía que la idea no era buena, pero al igual que aquellas mujeres que matrimonian con un borracho, en la idea de reformarlo, y que lo único que consiguen es que ambos den en  alcohólicos, pensé yo en limar los defectos de mi novia.

En un tiempo en que era usual dar vuelta a los cuellos y puños de las camisas, zurcir calcetines y remendar rotos, tener una mujer que no sabe coser un botón, tenía su miga. Pero a mi no me importaba, vendrían tiempos mejores.

El "contigo pan y cebolla" con aquella mujer, no era un decir; era literalmente exacto, pues ni un huevo sabía freír. Pero a mi no me importaba, ya aprendería aunque fuera a costa de mi estómago.

Las labores caseras no la entusiasmaban, prefería leer a Corin Tellado, aunque a decir verdad, los cinco primeros meses vivimos en casa de sus padres y mi suegra era quien llevaba la casa. Pero a mi no me importaba, no había prisa, cuando juntáramos para la entrada del piso, cambiaría la cosa.

Tampoco me importaban aquellos brotes de genio que pugnaban por salir, cuando creyendo que llevaba razón, alguien la contrariaba. Al fin y al cabo, dominándolos, daba muestra de carácter.

Más grave era, que no le gustaran los besos en la boca, cosa rara para quien lee novelas románticas, y que el simple roce de la lengua contra sus labios la hiciera retroceder; besitos en la mejilla y basta. Y no es que yo padeciera de halitosis, ni siquiera fumaba, y mi dentadura era blanca y perfecta. Sin embargo esto no quiere decir que rehuyera el contacto sexual, ni mucho menos. Pensé que no me quería, pero la veía ilusionada, feliz cuando yo aparecía por la cuesta camino de casa. Así que, no me importó, el tiempo sería el bálsamo que engrasara la pasión de nuestros besos.

Sin duda mi suegra era la culpable; ni se molestaba en enseñar, ni la dejaba tomar iniciativa alguna. Para ella su hija continuaba teniendo los diez años que ya dejara atrás hacía otros tantos. En cuanto al otro tema, al de las caricias que nos pudiéramos prodigar, la ofendían sobremanera. Quizá esa fuera la razón de la falta de besos. Cuando caí en la cuenta, procure que el somier, e incluso el cabecero de la cama, hicieran por la noche todo el ruido posible. Dormíamos en habitaciones contiguas, tablero contra tablero, y la vieja, al menor murmullo empezaba a carraspear insistentemente. Por la mañana, su aviesa mirada y la mueca de su hocico dejaba bien claro que sería lo que iba a cenar; aceitosas patatas con chorizo. Para alguien que llega de trabajar pasada la media noche, aquella fría fritanga tenía mal pasar, aunque el consuelo de ver a mi suegro en similar situación, aliviaba algo. Al menos él cenaba caliente. Aquél bendito que no osaba rechistar a su mujer, trabajaba como conserje en el Ayuntamiento y yo era linotipista de un pequeño diario. Ralos sueldos ambos para tratar de ahorrar.

Cansado de la guerra soterrada que manteníamos, propuse a mi mujer posponer de momento nuestro sueño y buscar algo en alquiler, más era ella un tanto reticente pensando en lo que su madre diría ¡que equivocada estaba!

- El casado casa quiere - le respondió- y ya estoy cansada de lavar sus batas llenas de lamparones, plomo y tinta.

Sería maravilloso para mí decir, que en la casita que encontramos vivimos felices. Que mi niña mujer, o mujer niña, se olvidó de aquella a quien Guillermo Cabrera Infante llamó "la inocente pornógrafa", que aprendió a llevar su casa, a escribir, puesto que tanto le gustaba la lectura, o a cualquier otra cosa que diera prueba de madurez y la realizara como mujer mujer. Pero entonces no tendría sentido la primera frase de este escrito.

Los refranes populares, dicen a veces verdades como puños. Uno de ellos, muy usual en mi abuelo era; "de donde no hay, nada se puede sacar". Y mi mujer intentó un querer, pero no pudo; estaba demasiado condicionada, consentida, mimada, demasiado apegada a las faldas de aquella tirana que era su madre.

Yo pagué mi error con la añoranza que por ella sentí, más la vida es siempre un recomenzar, y como diría mi abuelo; "nunca falta un roto para un descosido".

17 comentarios:

Ángeles dijo...

Hola Alfredo, me ha gustado mucho la forma de narrar tu entrada. Haces que se tengan deseos de continuar leyendo, para saber que ocurre con esa mujer-niña, que no sabía volar fuera del nido...
Pero como bien dices, de donde no hay no se puede sacar nada, y aquí no es que no hubiera nada, es que la habían cortado las alas para que nunca pudiese volar por sí misma fuera del nido, que habitaba la pájara de su madre.

Un abrazo y feliz fin de semana

Maria do Sol dijo...

As relações humanas são sempre únicas. Não podemos, ainda que queiramos, estabelecer normas como se de fossem equações matemáticas. Deste texto tiro a ideia (que há muito tenho ) de que a super protecção dos pais acaba sempre por fazer naufragar o barco dos filhos. Amar é deixar crescer, permitir que os filhos sejam livres...mas...nem sempre o conseguimos.
Abraços

Marta C. dijo...

Alfredo, tu relato me ha llevado a un comentario que dijo una vez un imbécil pseudo amigo, que se creía muy progre y en realidad era un señorito andaluz hijo de papá que no pegaba sello, claro.
Pues el tío va y dice: afortunadamente las mujeres os habéis liberado después de aprender a cocinar. Corrían los 70 y, en efecto, a las niñas nos habían enseñado a cocinar y nosotras andábamos haciendo nuestra particular revolución feminista. ¡Seremos idiotas! Al final, hemos acabado haciéndolo todo, o casi todo, nosotras, por tontas.
Muy bueno el relato, Alfredo, y como siempre, con moraleja. Hablas con la sabiduría de la experiencia.
Un beso.
No sé si será una peculiaridad asturiana, pero me ha parecido ver algún laísmo.

Marta C. dijo...

Por cierto, me ha hecho gracia lo de los besos en la boca. Yo conocí a uno que tampoco los daba. Para mí es como un bocadillo sin pan. "Besar es un placer sensual..." decía Sarita, cuando aún era Sarita. + besos.

Lola dijo...

Entro por primera vez en tu blog a través del de Marta.
Si es un relato lo que has escrito, pues me ha gustado. Si es tu vida misma, pues te diré que si tu te casate con una Wendy, yo me casé con un Peter Pan en el año 1955. En mi blog lo cuento pero en antiguas entradas. Un saludo Lola

http://boheme.zruspas.org

Marta C. dijo...

Lola, te aseguro que no te arrepentirás de haber entrado. Aparte de una bellísima persona, Alfredo es un gran escritor de "cuentinos", como él los llama. Es también un entusiasta del léxico, ya lo verás. Aquí se aprende un montón.Besos a los dos.

Alfredo dijo...

Ángeles.
Quizá la madre lo hacía inconscientemente, o tal vez fuese un desmesurado afán de protección, no hay que olvidar que la niña nació unos años después de terminada la guerra.
En fin, cada cual saque sus conclusiones que seguro que están acertadas.
Gracias por tu comentario
Salu2.

Alfredo dijo...

María do Sol.
Creo que madre e hija son tal para cual. Si la una no entiende que ya es tiempo para que su hija haga algo en la vida, la otra ni siquiera se molesta, no parece tener inquietudes.
Así, la joven llega al matrimonio, carrera que parece ser era de obligado cumplimiento por esos años, por decirlo suavemente "aniñada".
La madre comete un nuevo error; viendo, mejor sería decir, oyendo, que su hija es ya mujer, la lanza a que viva su vida, para la que no contaba ni con preparación, ni con espíritu.
Gracias por tu presencia.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta C.
Empecemos por el final. No sé si como dices es una peculiaridad asturiana lo del laísmo. Nunca me he fijado. Yo quiero creer que los empleo como apoyo, pero bien pudiera ser el contagio sufrido en la infancia por tierras castellanas.
En cuanto al cuento, algo oído por la radio -siempre la llevo encendida en el coche- me dio la idea. Me he retrotraído hasta ese tiempo en que las mujeres se sentaban a la puerta de las casas a remendar calcetines, que se arreglaban las cejas, o se quitaban los pelos de las piernas a base de pinzas, y que en la mayoría de los casos, solamente esperaban encontrar novio y hacer una buena boda. Este es un caso extremo, y yo no diré lo que tu seudo amigo dice acerca de la liberación. La mujer se liberará - la que no lo está- el día en que no tenga que reclamar paridad en listas y otras zarandajas, el día en que se deje de considerar "presa" ante algunos que se consideran "cazadores", pero si es cierto que para las mujeres de hace años, saber cocinar, coser y bordar, era una liberación por cuanto las posibilidades de casorio aumentaban.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta C.
Lo de los besos, lo saqué de una película. No recuerdo si es en "Irma la dulce", con Jack Lemmon y Shirley Maclaine, o en "Pretty Woman", el caso es que la actriz en cuestión hacía de putana a la que no le gustaba besar en la boca por temor a enamorarse.

Alfredo dijo...

Lola.
Gracias por escribir tu comentario.
Siempre advierto a aquellos que dejan un comentario, que soy un mentiroso compulsivo, pero lógicamente de mentirijillas. Mentiras son todos mis cuentos, aunque la mayor parte de ellos estén basados en la vida real. Si se acercan, aunque solamente sea un poco, mi objetivo está logrado.
Ésta pues, no es mi historia, me casé joven, a los 24, en el año 69, y por suerte aún me siguen aguantando.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta C:
Marta, muchas gracias. No por decir que escribo bien, sino por lo bien que me quieres. En cuanto a aprender, no pienses que todo de lo que hablo lo sé a pies juntillas, a menudo he de refrescar la memoria; para eso está el DRAE, y la red.
Salu2.

Alfredo dijo...

Perdonad todos que no sea más diligente para contestar, pero tengo algunos problemillas que me lo impiden.
Salu2.

Humberto Dib dijo...

Muy entretenido tu relato, Alfredo, dice muchas más cosas de las que están escrita, pues se mete con asuntos sociales, costumbres y demás.
El tema de la 1° persona del singular es algo que me vuelve loco, esto es, que crean que uno habla de uno, yo ya me lo tomo con ternura, no sé tú.
Muy bien narrado, creo que es el que más me ha gustado en este aspecto.
Te dejo un fuerte abrazo.
HD

Alfredo dijo...

Humberto.
Son gajes del oficio, que diría el otro, que le vamos a hacer. Tampoco cuesta demasiado poner las cosas en claro, y es cierto que a veces se descoloca uno, pues ya no sabes quien habla de lo personal y quien escribe nada más.
Salu2.

Humberto Dib dijo...

Vengo a responderte acá, perdón. Es así, para diálogo va guión largo, yo jamás lo uso, me gusta el corto, pero son licencias que me puedo permitir como cualquier escritor. Por cierto, ¿sabías que la palabra 'guion' es más usada sin acento gráfico?, yo la prefiero con acento. Bueno, hay mil cosas al respecto que apenas aparecen en el DRAE, para eso hay que consultar manuales de corrección de estilo.
Otro abrazo.

Alfredo dijo...

Humberto Dib.
Sin perdón.
Yo solamente escribo y no me preocupo mucho de las normas que desconozco en gran medida. Aunque guión puede escribirse de ambas formas, siempre le pongo tilde,vaya por los que me como.
Un placer hablar contigo Humberto.
Salu2.