sábado, 20 de abril de 2013

Los zapatos de rejilla.

Allá por los tiempos de Maricastaña, o del cuplé, que está más cercano, tuvo a bien comprar mi tía Felisa unos zapatos a su hermano Manuel, que solterón él, vivió toda su vida a su cobijo. Eran aquellos elegantes zapatos, de buena piel y buena suela, y siendo verano, nada mejor que esos que llaman de rejilla. ¡Cuarenta duros costaron! que no era moco de pavo.
 Aquel primer domingo de julio, se vistió mi tío Manuel, con traje Príncipe de Gales tirando a canelo, camisa blanca, corbata ojo de perdiz y aquellos maravillosos zapatos marrones. Quizá la vestimenta hubiera sido idónea para tiempo menos caluroso, pero para gustos hay colores… y paños.
Salió de casa a eso de las cuatro de la tarde bajo un sol de justicia. Iba con los amigotes, pasados todos de los cuarenta, a ver un partido a la Villa y luego a visitar a una querindonga que tenía en Oviedo. Mas las cosas raramente suceden tal y como se plantean: a eso de las siete estaba de regreso en casa sudoroso, un tanto renco y zambo.

Mi tía y mi abuela, creyeron que lo había atropellado un auto, tal era su forma de andar, pero sus amigos, que habían subido con él en taxi, las tranquilizaron.

- Son los zapatos, Felisa, a ver si la próxima se los compras un número más.

Total, cambio de vestimenta, los pies a remojo durante unos minutos, playeras y para la capital.

Ahora entro yo en danza. Como todos los veranos, mis vacaciones las pasaba en casa de los abuelos, con mis tíos y con Antonio, marido de Felisa que era mi padrino.

 - Oye Pedrin, pruébate estos zapatos.

- Tía, yo calzo del cuarenta y dos.

- Bueno, son de ese número y tienes el pie estrecho, seguro que te vendrán bien.

¡Jo, que elegancia! Hasta parecía más alto, y sin un roce siquiera, oye.

- ¡Que bien te quedan, coño! Hala, vámonos al cine. ¿Vienes Felisa? Hoy dan una policíaca.

 
Durante todo aquel mes, cada vez que bajaba a la Villa al cine con el padrino, que no perdía estreno, llevaba aquellos zapatos. Hasta aquella vecina, que estaba colada por mi, me dijo un día; "Pedro, has cambiado, te noto, no sé, distinguido". Ya no era yo aquel mozuelo ayudante de Roberto Alcazar; Pedrin, el de las ostras. Ahora era Pedro.

A finales de ese mes, con ocho posturas y un montón de abrillantados, mi tía me pidió los zapatos, se los entregó a su hermano y le pidió que mirase a ver si ya estaban dados de si. Me quedé con tres palmos de narices, pues pensaba que ya eran de mi propiedad. Nada dije, pero Manolo, al ver mi cara, se los llevó a la nariz y puso cara de disgusto tratando de ayudar.

- ¡Vaya como huelen!

Pero la decisión de Felisa era firme; me quedé sin ellos.

Lo cierto es, que salí ganando. Manolo me soltó cuarenta duros a la remanguillé, sin que nadie se percatara , y a modo de compensación -¡Ni una palabra de esto!-. Lo mismo hicieron mi padrino, mi abuelo y mi abuela, con lo que me vi con ¡ochocientas pesetas! de la noche a la mañana, y sin opción a decirles que ya tenía suficiente para comprar otros.

A finales de agosto estaba preparando la maleta para volver a casa, cuando mi tía apareció con una caja.

- Esto es para ti cariñin.

La caja contenía unos zapatos de color, tipo Oxford, de esos troquelados con agujeritos y que seguramente le costaron bastante más que los de rejilla.

 

9 comentarios:

Alfredo dijo...

En el cuentin de hoy, hay algunos nombres y expresiones que auque se utilizan, su procedencia puede resultar desconocida. Veamos:

Mariacastaña.
En 1386 tuvo lugar en Lugo una revuelta contra el obispo, con motivo de los impuestos que la catedral imponía. La rebelión, encabezada por María Castaña, se cobró un muerto; el mayordomo del obispo. María fue acusada, obligada a pagar una multa y expropiada de sus bienes.

Moco de pavo.
Cosa sin importancia.

Pedrin el de las ostras.
Me refiero a una serie de historietas -cómic- que nacieron en el año cuarenta y finalizaron en el 76. Tuvo gran éxito.

Salu2.

Humberto Dib dijo...

Me ha encantado esta viñeta de otras épocas, Alfredo.
Recuerdo que yo tuve unas zapatilla, no sé cómo se dirán en España, que eran así, con rejillas, pero dejaba un olor que ni te cuento.
Me gustó mucho el uso de expresiones, a los extranjeros nos llama la atención esas cosas.
Te dejo un fuerte abrazo.
HD

PD: Una tontería, se te ha olvidado una 'l' en 'llevó', a mí me suele pasar.

Alfredo dijo...

Humberto.
Gracias Humberto. Ya está subsanada la falta de esa ele.
Hombre, por unas pocas posturas tampoco tampoco iban a "cantar" los zapatos, si hubiesen sido de piso de goma, o esparto como traían algunas playeras, tal vez.
En cuanto a lo de las expresiones, se me olvidó decir que el ayudante del detective, solía decir ¡Ostras Pedrin! El Capitán Trueno; ¡Santiago y cierra España!
Y Tintin ¿no era el de Cáspita!
Salu2.

Amina dijo...

Me he divertido leyendo tu relato, y me imaginaba la situacion mientras lo leia, yo recuerdo esos zapatos de rejilla.
felicidades
un saludo

fus dijo...

Recuerdo esos zapatos de mi padre, decìan que eran fresquito en verano.

Gracias por recordàrmelos.

un abrazo

fus

Ángeles dijo...

Alfredo, huy lo que me has hecho reír, porque, esos zapatos eran los favoritos de mi vecino Felipe, muy moderno y con mucha clase...( según él) y cuando venía el verano, se los compraba a sus cinco hijos, aunque el más pequeño, siempre recogía los de alguno de sus hermanos la verdad era que parecían patos patosos, porque eran muy anchos, y ellos como adolescentes, no llenaban el zapato...

Lo he recordado todo, y no me había vuelto a acordar de ello, hasta leer tu entrada. Gracias porque además, tú saliste ganando con tantas pesetas, dadas a espaldas los unos de los otros.

Pues nada, que aún los hay en algunas zapaterías, a comprarse unos zapatos de rejilla.

Un abrazo

Ruben dijo...

¡Negocio redondo! de los que se dan pocas veces. Gracias por la información adicional de Maricastaña. No tenía ni idea.

Maria do Sol dijo...

Ainda antes de ler o post, fiquei ali, absorta a ver a imagem dos sapatos. Nasci em África. Recordo os pés do meu pai ora de sandálias ora com uns sapatos parecidos aos que nos mostras na imagem. Foi um momento de nostalgia esse em que me vi pequenina a olhar para os sapatos do meu pai. Obrigada.
Abraço

Alfredo dijo...

Amina
fus
Ángeles
Rubén
María do Sol.

Gracias a todos por vuestros comentarios, perdonad que el mío sea para el bloque.

Me parece que todos pensáis de forma semejante; los zapatos de rejilla son una antigualla. Pues bien; he visitado una página y casi me caigo del sillón. Además de que son muy actuales, los ofertados por primeras marcas andan entre los 600 a 700 euros, al cambio en pesetas; veinte mil pavos. Perdonad la expresión, pero son muchos pavos y mucho moco.
De todas formas, me gustaron vuestros recuerdos llenos de afecto para aquellas personas, familia o no, que los llevaron.

Rubén, en Lugo existe la calle de María Castaña desde el año 1986, y según la Wikipedia, el ayuntamiento se encontró con dificultades para darle ese nombre; nadie la conocía.
Salu2.