domingo, 14 de abril de 2013

Rencor dormido.


 
- Hija, llévame a ver la casa de mi madre, la de mis abuelos.

- No madre, no te llevaré. No quiero causarte tristeza.

- María, por favor, sabes que los días para mi son cortos. Tal vez sea el único en que vuelva a salir a la calle.

- No me coacciones, madre, ya sabes como está el asunto; las fincas abandonadas, la panera llena de maleza y al igual que la casa, medio derrumbado todo.

- Es igual, allí nací y allí me crié. Quiero reconocer los lugares, el camino de la fuente, sentir el espíritu de los míos.

- Está bien. Voy a buscar el coche, pero te va a costar un disgusto.

- Gracias hija, nada hay ya que me disguste.

 

- María, cuando mis hermanos al igual que yo estén muertos, vendrán tus primos para tratar de ponerse de acuerdo contigo y vender. Alguno de ellos necesita el dinero, tú no. Así que, si sus padres no lo mantuvieron, ni tampoco quisieron vender cuando yo lo propuse, sé tú entonces la que diga no. ¿Me lo prometes?

- Madre, tus primeras lágrimas fueron sinceras, emocionadas; hasta ti llegaron los recuerdos de la infancia, de tus seres queridos. Los reviviste en cada piedra, en cada árbol, pero ahora hay rencor en tu mirada. No, no puedo prometerte lo que me pides.

4 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Há um cantor português - Rui Veloso - que tem uma canção, " As regras da sensatez" que é fantástica.Poderás ouvir no you tube. Escuta a letra com atenção. Ficava bem no teu post.
Abraço

Amina dijo...

Cuanto de verdad hay en tu relato, me hace pensar en lo complicada que a veces hacemos las cosas y lo egoistas que somos
Un saludo

Alfredo dijo...

María do Sol.
Como verás, he buscado la canción. Coincido contigo y de haberla conocido antes, la hubiera colocado de fondo. Casi mejor así, me ha dado pie para una entrada; ando mal de tiempo.
Gracias.

Alfredo dijo...

Amina.
La comparación de las personas mayores con los niños, es en la mayoría de los casos muy cierta; ambos suelen aplicar la tiranía del egoísmo. Lo malo es que los mayores tenemos la maldad que nos dan los años.
Salu2.