lunes, 13 de mayo de 2013

Ramona.



El camino asfaltado llega hasta el frente de la casa, desde allí, se bifurca rodeándola, tal vez para acceder al garaje, o para que la arboleda y el jardín no la invada. Tres escalones dan acceso a una puerta doble, de madera forja y cristal, protegida del sol por un amplio balcón de hierro forjado y remates de latón, cual si de un Ayuntamiento se tratara. La puerta central que da a ese balcón, está entreabierta empujando la suave brisa levemente la cortina.

Tras la cinta balizadora se arremolinan curiosos los vecinos. Dentro del perímetro, policía y asistencia médica.

-¿Qué es lo que tenemos aquí?
- Parece un suicido, inspector.
- Entonces, ¿qué pintan aquí los sanitarios?
- El cartero descubrió al sujeto, parece que aún vivía y fue quien dio el aviso.
- No lo parece, pero, ¿alguien ha tocado algo?
- No. Mi compañero y yo fuimos los primeros en llegar, el funcionario se mantenía a cierta distancia. Luego llegó la ambulancia.
- Está bien, que se vayan. Hablaré más tarde con el cartero.

A simple vista, el occiso se lanzó, o cayó desde el balcón. ¿Vivía solo?
- Un vecino dice que con una enfermera; tenía cáncer y necesitaba ayuda.
- ¿Familia?
- Está divorciado desde hace un año más o menos. La ex se fue a vivir a otro lugar. El padre… en una residencia; mochales.
- ¿Y la enfermera?
- No está, le dejó una nota diciendo que iba a la farmacia y al super. Aún no ha llegado.
- Buen trabajo, gracias.

- ¿Qué nos dice el forense? ¿Es lo que parece?
- Pues si, eso es lo que digo. El hombre debió caer accidentalmente, el cráneo se abrió como un coco, las proyecciones de la sangre así lo indican y también la postura.
- ¿No existe la posibilidad de que alguien lo ayudara?
- No, espera un momento - ¿has acabado con las fotos?- he de mover el cuerpo.
- ¿Has sacado alguna desde el balcón?
- Si, ya está todo.
- Inspector, ha llegado la cuidadora.
- La veo en un momento, voy arriba.

- Señorita…
- Ramona, me llamo Ramona.
- ¿Afligida?
- La pregunta es estúpida. Afligida e impactada, jamás pensé que pudiera ocurrir esto. Ha sido culpa mía, no debí dejarlo solo.
- Sus palabras se contradicen un tanto; si jamás pensó en que eso pudiera suceder ¿por qué, se siente culpable?
- Eso requiere de una larga explicación, ¿quiere escucharla?
- Faltaría más.
- Hace cosa de un año conocí a Antonio. En el hospital, le habían efectuado una colostomía. Yo trabajo con estos pacientes y con sus familiares, les enseño los procedimientos y las complicaciones que pueden surgir. Antonio estaba solo, su mujer le abandonó ante la perspectiva que se le avecinaba, y eso es complicado; debía luchar contra dos cosas distintas.
Cuando le dieron el alta, acudía a su casa, como en todos los casos, dos veces al día. Lo natural era ir espaciando poco a poco las visitas, hasta que él fuera completamente autónomo. Pero era demasiado escrupuloso y su mal no estaba erradicado. Aquello era un desastre, apenas comía y adelgazaba a ojos vista.
A petición suya, pedí una excedencia y me vine a vivir aquí. Me involucre emocionalmente, aún siendo la primera norma el evitarlo. Pero no estoy pesarosa ni arrepentida; hemos disfrutado, reído y sufrido juntos. Esta madrugada se despertó,- Ramona, ¿duermes? he de decirte algo. Lo acompañé al sofá, frente al balcón abierto para ver las claras del día. Allí tendido, sobre mis piernas, escuchando los latidos de dos corazones, dijo…

- Ramona, en estos últimos tiempos, te has portado conmigo como si fueses mi propia madre. Hazme el último favor, cógeme en cuello, apoya mi cabeza contra tu seno y moriré sin miedo. Quiero tratar de recordar aquella tibieza, el perfume del calostro, el amor y el mimo con los que sin duda me trató. Sé que tus manos me acariciarán con esa delicadeza que me has demostrado estos meses. Esa delicadeza que solo tiene el que amor de corazón profesa, méceme entre tus brazos y susúrrame quedo palabras que mitiguen mi angustia. Engáñame, dime que si, que hay un más allá donde no existe aspereza y dolor. Donde por fin encontraremos la felicidad que se nos niega en este valle de lágrimas.
Perdóname por no poder acompañarte en el venturoso día que se avecina.

Y yo lo acurruqué, le hablé bajito tratando de llevar algo de esperanza a quien ya no la tiene. Sus grandes ojos me miraban desde aquella cara huesuda y poco a poco se fueron cerrando. Lo dejé dormido, lleno de paz y salí a buscar bolsas colectoras para su ostomía, aún no era su tiempo.

- Lo siento mucho. Nos iremos inmediatamente procurando molestar lo menos posible. Tenga, la nota que le dejó, bajo su "Amor, voy a la farmacia, vengo enseguida", él añadió: "No llores, todo está bien así. Todo está arreglado".

9 comentarios:

Alfredo dijo...

Los estados de ánimo se reflejen en los escritos, por eso no escribo. Si lo hice hoy, fue atendiendo una llamada que me ha llegado muy adentro; gracias María.
Salu2.

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Ya ves la nostalgia que nos produce tu ausencia. Me alegro de que hayas respondido a la llamada de María. Dejas un relato muy bello, a pesar del final. Nadie podrá reprocharle a tu personaje que haya acabado así. Después de sentir el contacto y el calor de esa mujer amada, ya no necesitaba seguir sufriendo. Me ha sorprendido el tema que tratas, porque recuerdo una vez, cuando empecé a pasar por tu blog, que habías escrito un relato de un hombre que está a punto de suicidarse, pero al final se arrepiente. Lo comentamos y tú me dijiste que nunca se debe perder la esperanza. Supongo que las especiales circunstancia de este hombre y su sufrimiento te han hecho replantearte el tema.Un beso y vuelve cuando te lo permita el ánimo, que aquí te esperamos.







Maria do Sol dijo...

Ontem aconteceu na minha cidade um caso terrivel. Mal dormi na noite passada tal a violência do caso. Nada teve a ver comigo mas seja como for, magoou profundamente a minha sensibilidade. Não vou relatar aqui o caso por uma questão de respeito pelos envolvidos.
Hoje, venho a tua "casa" e encontro um relato em algo parecido...estas coincidências deixam o meu cérebro ocupado com pensamentos e mais pensamentos que apenas requerem respostas mas que infelizmente não as obtêm. Obrigada por voltares a presentear-nos com os teus textos. São sempre mais profundos do que se poderia esperar. Têm sempre aquela vertente que nos deixa envoltos em dúvidas...mas é nessa dúvida que nos debruçamos e conseguimos ir mais além nas nossas perspectivas de vida.

Abraços.

Alfredo dijo...

Marta.
Amiga Marta, sigo siendo de la misma opinión; jamás se debe perder la esperanza. Sin embargo, somos humanos y cada cual distinto. A veces, la valentía está en continuar pese a todo, pero yo me pregunto si no será al contrario, que es una cobardía el seguir. Todo depende de las circunstancias.
Salu2.

Alfredo dijo...

María do Sol.
Me gustaría mucho, que eso en que te hago pensar, sea siempre para bien. Mi palabra favorita es ESPERANZA. La esperanza nos hace mover de forma positiva, nos proporciona la alegría de creer que vamos a conseguir aquello por lo que luchamos.
No sé si mis cuentos son profundos, quiero pensar que simplemente reflejan circunstancias de la vida, tratadas con un poco de esa sensibilidad que todos debíamos tener y demostrar.
Salu2.

Amina dijo...

Hola Alfredo, me alegro que vuelvas escribir, un relato a la vez duro pero muy emotivo. De todos modos sigo pensando que nunca hay que perder la esperanza y ver el lado positivo de las cosas y la vida, merece la pena
un abrazo

El sastrecillo valiente dijo...

Buen relato, aunque no precisamente terapeútico para mi actual estado depresivo. LA ESPERANZA siempre nos debe acompañar, y te lo dice alguien que lleva 18 años enfermo de trastorno bipolar.

Alfredo dijo...

Amina.
Tal vez haya sido solamente un fogonazo. Escribir necesita de continuidad, si se deja, cada vez se hace más cuesta arriba, eso creo. En fin, iremos poco a poco.
Salu2.

Alfredo dijo...

El sastrecillo valiente.
La depresión es un pozo profundo y lóbrego del hay que salir cuanto antes. Siento no haber escrito algo alegre, luminoso, pero como digo casi siempre, es más fácil escribir sobre tragedias que hacer reír a la gente.
Gracias por la visita.
Salu2.