viernes, 21 de junio de 2013

De los paralelismos.



Ya sé, que con éste título no se puede ir muy allá. Los títulos, cómo las portadas de los libros, han de ser atrayentes. Sin embargo, permitid que por un momento deje a un lado la falsa modestia que me caracteriza, y diga de este chascarrillo, que es al menos gracioso. (Sino no sería un chascarrillo)

He establecido cierto paralelismo, de ahí el título, entre un gag de una película de Cantinflas y un chiste que me contaron hace muchos años.

Aprovecho para resaltar la manía que tenemos de decir que la película es de - citamos protagonista- cuando en realidad es de unos señores/as de los que casi nunca nos acordamos (ahora algo más); el director/a, el/la que escribió el libro o el guión, etc.

A lo que vamos: En Caballero a Medida, Cantinflas es un pluriempleado que entre otros oficios desempeña en su casa, el de sastre. La idea que tiene nuestro protagonista acerca del arte del corte y la puntada, es más bien escaso. La única relación; trabaja como hombre anuncio para una sastrería.
Una vecina, le pide que haga un trajecito para el niño que va a tomar su primera comunión. A nuestro hombre, le salió una manga de la chaqueta muy larga y la otra muy corta, lo que causa la risión del vecindario. Cantinflas echa la culpa a la vecina por haber elegido tela de mala calidad, causante de que una manga se hubiera dado de si, y la otra de no.


Cierto amigo de un amigo, recomendó a mi amigo, que a la sazón había de ir a una boda, un lugar donde en poco tiempo podía adelgazar unos kilos para estar más estilizado: él era el padrino.

El local, con letrero sobre la puerta se anunciaba así: "Quitagrás" y en letra menuda; "Devolución del dinero si el método no surte efecto".
En la recepción había un señor, igualito a Xan das Bolas, aquél que entre otros muchos personajes, solía hacer de sereno u autoridad de baja graduación.
- ¡Buenos días!
- Buenos días tenga vostede.
- Vengo por lo del anuncio, para adelgazar unos cuantos kilos.
- Yo le explico- dijo poniendo sobre el mostrador cuatro llaves- Esta chave con el número un, pertenece al piso primeiro como indica a tabliña branca, costa mil pesetas, o vermello ao segundo, dous mil, a amarela ao terceiro, tres mil, a negra ao cuarto, cinco mil. Eu doulle a do primeiro, previo pagamento, e vostede esta alí o tempo que queira. Se desexa a do segundo, baixa e paga, así ata a do cuarto, comprende?
- Ya. Tenga las mil pelas y venga la llave. Oiga, ¿y no hay ascensor?
- ¿Non dixo que quería adelgazar?

Nuestro amigo, con su llave, sube hasta el primero y entra en una habitación: luces indirectas, música suave… y una morenaza en ropa interior que se deja ver tras una de las cuatro columnas. Lleva un cartel al cuello que dice: "Si me coges, me montas".
Una hora después, sudoroso y casi sin aliento, el sujeto baja y pide la llave del segundo piso abonando las dos mil. Abre la puerta y se encuentra en una habitación de tres columnas. Decoración parecida, y una pelirroja en tanga con el mismo cartel. Al cabo de media hora más o menos, vuelve a bajar agarrándose los pantalones y con la lengua fuera.
Tercera llave y misma jugada. La habitación tiene solamente dos columnas y una rubia despampanante en pelota. Pero no hay manera. Baja al recibidor, tira la chaqueta sobre una silla, se ajusta el cinto y paga las cinco mil por la cuarta llave.
Casi a gatas sube hasta el cuarto, aquí solamente hay una columna, detrás aparece un negro alto y fornido que lleva otro cartel al cuello: "Si te cojo, te doy por…"
La terapia de adelgazamiento ha dado su fruto. El hombre, ha perdido parte de la grasa, es decir; ha dado de no. Respecto de la parte que ha dado de sí, no se tiene en cuenta, no pesaba, era un agujero.

¿Hay paralelismo, o no?

No hay comentarios: