viernes, 28 de junio de 2013

Expectativas.




Alguien escribió, que el amor es igual que el agua, siempre se abre camino entre los dedos. Aunque suene melifluo, tal vez cursi, yo creí que era para ti la fuente de donde manaba el agua del amor. Más, y quizá con distinto sentido del que quería reflejar aquél que lo dijo, ese amor que te entregué, lo dejaste escapar entre tus dedos. Gota a gota al principio, como río embravecido después.

- ¿Sigo siendo el mismo de antes?

- Si, fue la contestación. Pues entonces eres tú la que ha cambiado. Ya no hay dulzura en ti, ahora solamente aspereza. ¿De que me culpas?

- No has cumplido las expectativas que en ti deposité.

Aún no habían transcurrido dos años de casados. Cogí la trolley, metí algo de ropa, me eché al hombro las fundas con mis trajes y, hasta luego cocodrilo.

Cada cual tiene sus expectativas, pero al matrimonio se va con todo hablado. No vale decir, después de pasado un tiempo, que las expectativas resultaron hueras. Más, sin saber en que coño estabas pensando.

Tampoco supe nunca, cual fue el impulso, o las expectativas que sus amigas sintieron o esperaban de mí. Solo sé, que apenas pasados unos días de nuestra separación, una a una se fueron cayendo por mi cama. Solteras o casadas, maníaco depresivas, neuróticas, viciosas, o de ego subido… Una de ellas, después de unos días de desenfreno, me dijo -¡bah, tampoco era para tanto! Así quiso tranquilizar su conciencia, tapar el remordimiento por haber puesto los cuernos a su marido.
Peor fue la última, me abrasaba a preguntas de cómo lo hacíamos cuando éramos matrimonio, y, el morbo que sentía, inquiriendo los detalles más ínfimos, hacían que con solo tocarla, se derritiera. Tras remedar el kamasutra casi al completo, harto de ella, le dije que ya tenía bastante, que buscase a mi ex, ya que tanto la ponían sus cosas, que tal vez con ella se cumpliesen las expectativas de ambas.

Me concentré en el trabajo con ahínco, olvidándome del mundo y de tanta banalidad, y, un día cualquiera, mi secretaria, abriendo la puerta, pidió permiso.

- Don Juan…
- ¿Si, Irene?

Se vino hacia mi mesa; zapato de medio tacón, piernas perfectas, falda de tubo tres dedos por encima de la rodilla, una rebequita sobre camisa de cuello que dejaba ver el principio del canalillo, pelo con gracioso moño traspasado por un lápiz y aquellos miopes ojos azules tras sus gafas.

- Verá, es que tengo dos entradas para el teatro… ¿quiere acompañarme? -dijo mientras un conato de rubor asomaba en sus mejillas.
Salí de detrás de la mesa y me coloqué frente a ella, apoyado. Nuestras miradas no habían dejado ni por un segundo de escrutarnos. ¡Dios, que guapa era!

- ¿Y que expectativas tienes acerca de mí?

- Don Juan- un rojo casi granate afloró ahora hasta la raíz del pelo- esto es una triquiñuela, pero no veía otra forma; estoy enamorada de usted. Mi expectativa se resume en seis palabras; espero compartir su vida para siempre.

6 comentarios:

El sastrecillo valiente dijo...

¡¡ QUE GOZADA !! Algo que pasa todos los días, perfectamente descrito, con final feliz. Mola.

Maria do Sol dijo...

Me gusta el cuentino.

Abrazo

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Lo primero, siento haber confundido tu nombre con el de Humberto en mi último relato.
Qué bien explicas los "intríngulis" del matrimonio. Las expectativas hay que adaptarlas a aquello sobre lo que las tenemos. Yo no puedo tener expectativas de correr la maratón de Barcelona, seguro que siento un gran desengaño. Ocurre igual con las personas y más si es la pareja. Las espectativas hay que crearlas a lo largo de la vida, no a priori, es muy peligroso. Un beso, Alfredo y siento mis escasas visitas.

Alfredo dijo...

El sastrecillo valiente.
Los finales han de ser felices, ya sufrimos bastantes penurias para amargarnos con un cuento.
Salu2.

Alfredo dijo...

María do Sol.
No sabes lo que me presta.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Aún no lo he leído y no sé de que va la confusión.
Lo menos que se puede hacer, si existen esas expectativas, es confrontarlas con las de la pareja.
A ver si tengo tiempo y me paso
luego.
Salu2.