martes, 25 de junio de 2013

Juicio paralelo.

María fue a casa de sus padres. Igual que todos los días, al finalizar la compra. La puerta estaba abierta, como siempre, solo la cortina de bambú defendía la entrada.

- ¡Madre, estoy aquí! ¿Dónde estás tú? llamó, dejando la bolsa en el pasillo. Fue revisando las estancias; en la cocina, no, tampoco haciendo las camas, ni en el baño. Estaría en la huerta, con el padre.

Al final del pasillo, una puerta a medio cristal daba paso a la huerta. Guisantes en primer lugar, lechugas y pepinos luego, el enramado de fréjoles y de tomates a los lados, pimientos y repollos… Tres caminillos, algo de prado con varios frutales y un poco de maíz. En las esquinas, la caseta de aperos, el gallinero y las conejeras. Junto a la tapia del fondo donde también había una puerta de hierro que daba al campo abierto.

El silencio solamente era interrumpido por el piar de los gorriones, el cacareo de las gallinas, y a lo lejos el ruido que se acercaba y alejaba de un tractor.

Aurora pensó que sus padres estarían afuera, a veces quemaban junto a la tapia la broza que no servía para compost, y hacia allí se encaminó. La chabola de aperos estaba a la izquierda, cuatro riegos de maíz medianamente crecido, ocultaba en parte el parche de cemento donde Arturo reparaba sus herramientas. El tajo donde hacía la leña y la tajuela donde se sentaba.

Aurora creyó ver algo raro. Su corazón dio un vuelco, un mal presentimiento cruzó su mente mientras las sienes le latían con fuerza. El hombre yacía boca abajo. A un par de metros apenas, su madre yacía también, boca arriba. La mujer tenía incrustada en el cráneo un hacha. La espesa sangre empapaba sus cabellos y había formado un charco del que libaban grandes mosca negras y otras más pequeñas, de un verde fosforescente. Al hombre no se le apreciaba herida, pero sin duda estaba muerto.

La hija, gritando presa del horror, salió a vocear ayuda a su cuñado, el tractorista, pero este, lejano, no la oía. Entonces corrió a la calle, llamó a las puertas de los vecinos y ellos a la guardia civil.

El sargento, reparte a sus hombres; solo cuatro tiene, el pueblo es pequeño. Uno a la puerta que da al campo, nadie pasará por allí, otro junto a la chabola y los dos restantes a la puerta principal. Él, avisa a la ciudad para que envíen a los investigadores.

- Si, parce un asunto de violencia de género. Dos muertos, matrimonio de entre sesenta y setenta. Ella tiene clavada el hacha de la leña en el cráneo, decúbito supino. Él decúbito prono, no se aprecia herida. Posiblemente en el tórax, la mujer tiene un cuchillo en la mano. No, nadie ha tocado nada, al menos desde que nosotros llegamos.
- Bien, comenzaré investigación rutinaria. No, no había denuncia. Si, si, seguro, en el cuartel no hay ninguna denuncia por este motivo, es un pueblo tranquilo.

El sargento ha cumplido con su cometido, ha investigado someramente al vecindario y a la familia, y así se lo expone al inspector, sus ayudantes y forense venidos de la capital.

- El matrimonio se llevaba bien, jamás se oyó una voz más alta que otra en la casa. Él sesenta y seis, ella, sesenta. Dos hijas casadas, ambas viven en el pueblo, la mayor con dos hijos menores, el marido trabaja en la ciudad. La pequeña sin hijos, también trabaja en la ciudad, el marido ganadero y agricultor. La relación entre todos era buena, también con los vecinos. No parece que haya enemigos ni rencillas.
La herencia no será mucha; la casa y unas pocas perras en el banco.

- Gracias sargento, buena labor. Tendremos que utilizar sus dependencias en el cuartel para los interrogatorios. Ahora vamos a echar un vistazo.

- Aparentemente, ella lo mató a cuchilladas. Benítez, mira si en la cocina hay algún taco de cuchillos y si falta alguno. Que tomen las huellas y vean los restos de sangre en la hoja. Huellas del hacha…¡cuidado! no pises la tierra de maíz. Ahí hay una marca profunda.

- Parece de una bota de goma, Teo.

- Si, pero el muerto no las lleva, mira dentro del cobertizo. Toma una muestra de lo que hay pegado junto al tacón y que saquen un molde. Dame una bolsa, la hoja del cuchillo tiene una hebra de hilo.

- ¿Cuántas cuchilladas hay, Amadeo?

- Solamente una Teo. Lo dejo como estaba y te digo lo que pienso. Le acertaron en medio del corazón, poca sangre, un mete y saca con fuerza. Tenía que estar de pie, con el hacha en la mano, al recibir la embestida, lanzó el golpe que descerebró a la mujer.

- No me convences forense, habría caído de bruces por la inercia. Ella si tiene una postura más natural.

- Oye, quizá se giró. ¿Ya le estás buscando tres pies al gato?

- Hay que ser riguroso Amadeo, tú cuéntame lo que veas en la autopsia y deja para mí las conjeturas. ¡Beníteeez!

- Voy Jefe.

- Mide la altura de la banqueta, que saquen las huellas de las manijas de las puertas, entrada, pasillo y de ésta. Vamos fuera. Llama al fotógrafo, hay que sacar este rescoldo, luego apaga ese trapo a medio quemar y mételo en una bolsa.

- Bien, parece que ya está todo, hay que avisar al juez, mientras viene, veremos a la familia y comenzaremos el papeleo en el cuartel. ¿De acuerdo sargento?


Dos días después, y a la vista de los resultados preliminares de la autopsia, de las pruebas y declaraciones recogidas, el inspector Teodoro expone a sus colaboradores las conclusiones a las que ha llegado.

- Me temo que este caso aún tiene cosas que aclarar, pero lo que no cabe duda, es que fue un doble asesinato. El robo está descartado, no falta nada.
Las relaciones de pareja y familiares eran buenas, con una excepción en la que incidiremos más tarde. Las apariencias parecían indicar, que la mujer atacó al marido. ¿Cuál fue la motivación? No se encuentra. Pero supongamos que la había:
La puñalada tocó el esternón y una costilla antes de atravesar el corazón. Dejando a un lado la fuerza que se requiere, cosa que la mujer no parecía tener, se pueden dar dos casos; a) el hombre estaba sentado; la trayectoria sería de arriba abajo. b) el hombre estaba de pie; la trayectoria sería de abajo arriba, a tenor de la estatura de ambos. El resultado de la autopsia dice que fue horizontal.
El arma, cuchillo de grandes dimensiones, es ajeno a la casa. En el taco de la cocina no faltaba ninguno, y las hijas no lo reconocen. La hoja estaba limpia, lo que no quiere decir que no fuera el arma homicida, lo es, pero alguien la limpió. ¿Motivo? Eliminación de posibles huellas. No tiene más que las de la señora. Había un hilo que podía pertenecer a la camisa del occiso, pero no se corresponden. La composición de la hebra se corresponde con el trapo hallado en los restos de la hoguera y a medio quemar. Este trapo, tiene restos de sangre, se empleó en la limpieza del cuchillo y también de la manilla y canto de la puerta que da al campo.

- Eso debía de bastarle al fiscal para presentar una acusación. Pero, ¿tenemos sospechoso que presentar?

- Lo tenemos, Benítez,  el yerno, el marido de la hija pequeña tiene todas las papeletas. Su mujer quiere la separación. Hipótesis: él supone que el padre la apoya. Los hechos debieron transcurrir así:
Ramiro, el yerno, está empacando la hierba segada detrás de la casa, acerca el tractor a la puerta de su suegro, lleva escondido el cuchillo. Discute con él y lo mata. La mujer aparece y la mata también. Limpia las huellas en hacha y cuchillo que coloca en las respectivas manos. Sale por la portilla no sin antes limpiarla. Arroja el trapo al fuego y continúa empacando.

- Ahora el sargento va a detenerlo, nos traerá también las botas de goma que dejaron su marca. La tierra que tenía adherida, junto con el excremento de vaca, corroborará que es de su finca. Solamente necesitamos su confesión.

- Inspector, me asalta una duda: ¿Si el cuchillo era del yerno, cómo es que su mujer no lo reconoció?

- Esa es una de las cuestiones a aclarar. En el interrogatorio trataremos de ponerlo en claro. Veremos también si la mujer reconoce el paño.


Tantas horas de permanencia en el cuartelillo, las idas y venidas a la huerta para comprobar la coartada, hacen que Ramiro sea declarado culpable en el juicio paralelo del pueblo. Ya algunos gritan ¡asesino, asesino! El clamor asciende como el agua del mar por los riscos en días de tormenta y algún objeto vuela hacia él. ¿Por qué motivo? se preguntan los guardias; ni siquiera le han puesto las esposas.

El presunto asesino, no confiesa. Se le han presentado las pruebas, pero él niega que el cuchillo sea de su propiedad y tampoco reconoce el trapo. Su mujer también dice desconocer la procedencia de esas pruebas de vital importancia. La huella de la bota, es intranscendente; es la casa de su suegro y él está allí a menudo.

El sargento presenta un nuevo sospechoso. Parece que eso de que el criminal siempre vuelve a la escena del crimen, es cierto. El sujeto no tiene muy buena pinta; el pantalón vaquero, a pesar de llevarlo bien apretado con el cinto, aún le sobra, pero le falta una cuarta para llegarle a los tobillos. La cazadora y la camisa, tan sucios como el pantalón. El bigote y la perilla; rubio, casi rojizo, le darían cierta semejanza con un orangután, sino fuera por lo delgado. Quizá sean los ojillos, redondos y dilatados en esa cara huesuda. Las manos de dedos nerviosos, como sarmientos negros, no paran de mover el casco casi vacío de una coca cola.
Los guardias, buenos observadores, han visto detrás de la gente que vocea, esa cara desconocida - Documentación, por favor- y la disculpa suena a sospecha: Nada tengo que ver con los crímenes.

Aquél merodeador, ejecutivo en otro tiempo y venido a lo que es, por culpa de su adicción, confiesa casi sin presión. Él solamente buscaba una gallina, pero Armando lo amenazó hacha en alto y él se defendió. La mujer salió de la casa al oír el jaleo y recibió el golpe con el arma que su marido enarbolara hacía un instante. Él elega que fue un acto reflejo.

Teodoro quiso ser riguroso, pero tal vez la conclusión fuera precipitada. A veces, el ser riguroso no basta.
También el pueblo, nosotros, los de a pie, solemos hacer juicios precipitados y condenamos antes que la justicia.


2 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Alfredo
As características mais importantes do conto policial podem resumir-se nas seguintes:

Narrativa linear e curta, tanto em extensão quanto no tempo em que se passa;
Linguagem simples e direta, não se utilizando muitas figuras de linguagem ou de expressões com pluralidade de sentidos;
As ações encaminham-se diretamente para o desfecho;
Poucas personagens, e as que existem movimentam-se em torno de uma única ação,
As ações passam-se num só espaço, constituindo um só eixo temático e um só conflito.
O teu conto obedece a estas regras, está bem estruturado e a personagem que desencadeia as investigações, chama-se Maria... :-)
Um bom conto. Gracias.
Abraços

Alfredo dijo...

María do Sol.
El cuento no sé si será bueno, pero la investigadora, si. Es complicado leer un cuento largo, para una persona con simples nociones del idioma en que está escrito. Es más, yo diría que para algunos lo es, aunque el idioma sea el propio.
La investigadora ha tenido que traducir, tal vez buscar alguna palabra poco clara, comparar y valorar para dar un resultado. ¡Chapó! Espero que al menos le haya resultado entretenido.
Salu2.