miércoles, 12 de junio de 2013

Nemesio y su gato Gatuñon.


Hoy me he levantado temprano. Casi como de costumbre; apenas podía respirar. Agobiado, me puse la mascarilla, empuje la botella y salí a la terraza. Zapatillas sin calcetos, el pantalón del pijama y una bata fina. Nada más. Me senté en mi mecedora a contemplar como venía el día.

El malvís cantaba en el zarzal, otro, que buscaba gusarapos por el prado, levantó la cabeza y respondió. Un mirlo inspeccionaba las cerezas aún verdes lanzando trinos al aire. También los raitanes se llamaban, esperando, con una familia de pegas a que diese de comer al gato. Los pequeños ladronzuelos, iban a diario a buscar aquellas pocas piezas que Gatuñón dejaba.

El día se presentaba incierto, para estar a mediados de junio, algo fresco y húmedo, quizá lluvioso. Mejor para mí. Mis bronquios me lo agradecerían.
Hablando de bronquios, no estaría mal que los investigadores descubrieran la forma de que células madre los reparasen. Me presto voluntario para los ensayos.

¡Que cosas! Antes era pescador; sargos, aligotes, lubinas, tiñosos, picas, incluso los humildes sarrianos... cualquier cosa que se viniera a la caña. Pero a raíz de mi mala respiradera, empecé a fijarme en cómo se ahogaban los peces que cogía. Su agonía era la mía, por eso lo dejé, por solidaridad.
Me fui al rastro a vender mis bártulos, pero me dí la vuelta con ellos. Alguno de aquellos que preguntó precio, quiso regatear. Me pareció mal que se quisieran aprovechar, la mejor oferta para una caña casi nueva de 150€, fueron 25, por los carretes, más caros que las cañas, ofrecían 30 o 35. Hasta las plomadas querían a menor precio que en la chatarrería. ¡Hala, a rascala!

Ahora me paso la mayor parte del día en esta terraza, con mi Gatuñón en el regazo, que ya tiene casi diez y seis y dormita tanto como yo quisiera. Si, ya sé que no me conviene, que me exacerba la alergia, pero, está a gusto, aunque de vez en cuando saca las uñas que suavemente clava en el pantalón. Sin duda sueña que caza.

Aquí estoy, escuchando música enlatada, que la radio no me gusta; todo son desgracias. Para llorar, es un decir, prefiero escuchar rancheras; hombres en cama de piedra, y que mueren de cinco balazos. Yo fui uno de esos, de los que tenían un chorro de voz y eran amos del falsete, pero que por cantar, beber y fumar, solo me quedo un chisguete. Mujeres ingratas, lindos ojos, lindas formas de una Chavela cualquiera. 
Fue regalo de la Adelita, la chava que me atiende. Ya estoy por llegar, ahorita mismo, me dice, señal de que aún tardará media hora.

- Adelita, si tú quisieras…
- ¡Hay señor Neme, si usted pudiera…!
- ¡Condenada, si llegases más temprano, ya te diría yo!

Hasta el gato ronronea frotándose contra sus piernas. No me importaría morir en el intento. Al fin y al cabo, la desnarigada está a la vuelta de la esquina; cualquier día se da cuenta de que estoy aquí y se me lleva. Me gustaría ser yo el que eligiera el momento y, que ese momento, fuese entre los brazos de tan hermosa damisela.

10 comentarios:

Alfredo dijo...

Alfredo.
En este cuento he colocado alguna palabra oscura para algunos, veamos.
Calcetos= calcetines.
Gusarapos=gusanos.
Raitán=petirrojo.
Pegas=hurracas.
Gatuñón= que gatuña, que araña
!Hala, a rascala!= expresión netamente asturiana utilizada para mandar a alguien a la m…..

Que os entretenga un poco.
Salu2.

Maria do Sol dijo...

Neste conto impera a nostalgia. Lidamos mal com os achaques da idade e por vezes, ficamos absortos a imaginar maleitas futuras. Um gato fica sempre bem no cenário de um doente.
Ainda bem que colocaste o significado de alguns vocábulos...não os tinha compreendido e o google tradutor é péssimo a ajudar.
Interessante reflexão.
Abraços

Humberto Dib dijo...

Me pareció un cuento con mucha ternura y que expresa lo que todos querríamos: decidir cómo irnos de este mundo. El problema es para la otra persona que... Uf, mejor ni hablar.
Un fuerte abrazo.
HD

Marta C. dijo...

Hola, Alfredo. Qué relato tan tierno, desgarrador y gracioso, todo en unas líneas. Has pintado con palabras un hermosa imagen de la vejez, de una persona que acepta su final con buen humos, que no con resignación.Un beso.
¿Para cuándo ese guión?

Alfredo dijo...

María do sol.
María, cuando no puedas con algún significado, pregunta. A veces uno escribe según habla, y se habla según de donde es.
¿Nostálgico? Si, lo es. No conozco a ningún viejo/a, por muchos años que tenga, que no eche de menos su juventud, sus fuerzas o sus amores.
Gracias por estar ahí. Salu2.

Alfredo dijo...

Humberto.
Supongo que serán una minoría aquellos que consiguen irse para el otro barrio tal y como lo planearon. A la mayoría les/nos cogerá por sorpresa, o sin la facultad de decidir por ellos/nosotros mismos.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
Gracias Marta C. Voy a cambiar tu apellido, en vez de C. pondré B. de benevolente.
Mañanaaaaaaa. Es un thriller que iba a finalizar muy mal. Pero no tengo remedio.
Salu2.

El sastrecillo valiente dijo...

Más que con la evidente melancolía que destila, me quedo con la perfecta comunión con la naturaleza que expresa. El segundo parrafo, y la mención a la pesca con caña, me han emocionado. La naturaleza es una constante en tus cuentinos, eres como un naturalista del XIX.

Un abrazo!

Alfredo dijo...

El sastrecillo valiente.
Juego con ventaja, sastrecillo. Vivo en un entorno donde todo eso es el pan de cada día, soy pescador de caña, voy a la mar casi a diario y me gustan rancheras y corridos. Mis vecinos son casi todos mayores, algunos van desapareciendo… el cuento estaba casi hecho.
Gracias por el comentario.
Salu2.

Marta C. dijo...

Espero impaciente. ¡Es que eres un buenazo, Alfredo!
Besos