viernes, 14 de junio de 2013

Puta Muerte.

El coche recorre la calle despacio, junto a la acera. Las prostitutas se enseñan, tratan de acercarse, pero el vehículo continúa su camino; a quien va dentro, ninguna le parece lo suficientemente atractiva. Ya casi al final, dos rubias de piel lechosa hablan animadamente mientras fuman un cigarrillo. Ni siquiera prestan atención al coche que se detiene. Por fin, una de ellas, arrojando el cigarrillo al suelo se acerca, introduce la cabeza por la ventanilla abierta y habla con el conductor. Instantes después, se retira, en la mano lleva un billete de 20€. Una breve charla con la compañera, toma un taxi y se va.

Ante la mesa del inspector, una joven que dice llamarse Luvianja, está cursando una denuncia por desaparición.
- Nombre de la que dice estar desaparecida…
- Maia Anzelin, se escribe Maja Anselin.
- Altura, peso, foto, fecha desde que se la echa en falta… profesión…
- Un metro y ochenta centímetros, entre sesenta y dos, sesenta y cinco kilos, en esta foto estamos las dos, es reciente. Hace cinco días, la noche del quince, alguien le dio dinero para que cogiera un taxi. Debía encontrarse con el sujeto frente al casino.
- ¿Sabe por qué no la llevó él en su coche?
- Supongo que tendría miedo a que alguien lo viera o lo siguiera.
- Me has dicho que trabajáis en…
- Perdimos nuestro trabajo, ahora nos dedicamos a lo que ya sabe, ¿para que lo pregunta?
- Para asegurarme. ¿Tenéis protector? ¿Sois familia o solo amigas?
- No tenemos, sabemos defendernos solas, y no mezclamos amor con trabajo. Nos conocemos desde pequeñas.
- ¿Había desaparecido alguna vez?
- No, nunca. He buscado en los hospitales y nada, seguro que ese tipo la tiene secuestrada. La última comunicación que tuve con ella fue el sábado por la mañana, me decía que lo estaba pasando bien, que no la esperase en unos días, que me llamaría, aunque se estaba quedando sin batería. El martes la volví a llamar, pero el móvil ya no funcionaba.


El coche ha dado vuelta de inmediato y no ha perdido de vista a la rubia. Sigue al taxi, a cierta distancia, cuando la chica se apea en el sitio convenido, se coloca a su altura y abre la portezuela. Arranca raudo haciendo una recomendación: ¡Colócate el cinto, por favor!

- Soy Maia. ¿No es esto un tanto precipitado? ¿A donde vamos?
- No te inquietes, soy escritor, hombre público y casado, he de andar con cuidado. Ya sabes, por aquello del que dirán. Me llamo Bernardo, vamos a mi casa.
- ¿Te vas a montar un trío? Por la alianza, digo.
- No, estaremos solos. Mi mujer ha ido a Inglaterra, su hermana va tener un niño.

La joven se relaja, no obstante, tiene la mano en su bolso y acaricia un spray.


La casona está en una suave colina desde donde se divisan las luces de la ciudad. El jardín parece bien cuidado; parterres con flores diversas y algunos árboles de gran porte. El coche entra en el garaje donde se apean. Cuatro peldaños y están en el hall. La puerta de la calle a la derecha, madera de roble con cristales emplomados y dibujos de colores. Varias puertas y una escalera que conduce al piso superior.
- Tomemos algo, pasa por aquí.
- Aún no hemos hablado del precio… aunque haga la calle, no soy barata.
- Eso lo diré yo, depende del grado de satisfacción. Hablas bien el idioma para ser… no sé, tienes acento italiano, pero no lo eres…
- Soy de Eslovenia, de una ciudad llamada Koper, cuyo pasado hunde sus raíces en la cultura italiana.

Tras las copas, ella parecía tener prisa, pero yo no. Gustaba de admirar su belleza, su espléndida figura… cosa vuoi? repetía quedo mientras mordía el lóbulo de mi oreja izquierda. Su cálido aliento subía por mi oído hasta el cerebro, como la marea. Su lengua hizo que sin más preámbulos, me la echara a la espalda, a caballito la subí escaleras arriba.
En una de las habitaciones, la que ella escogió, hicimos el amor, comimos lo que pillamos en la nevera, bebimos cava, fumamos unos porros y volvimos a repetir… de todo.

-¿Me recuerda, inspector?
- Si, eres Luvianja y vienes a preguntar por tu amiga. Desgraciadamente no tengo ninguna noticia que darte.
- Pues yo si la tengo.
-¿Ha aparecido?
- Tenga, lea esta novela. El que la escribió, es su asesino. Gracias por nada.
- ¿Cómo lo sabes?
- La foto de portada es la suya, su boca, sus uñas, la historia está dentro.
- ¿En menos de un mes, y ya hay una novela? ¡Deliras! ¿Y se titula, Puta Muerte?
- El cabrón no se atrevió con "La Muerte de la Puta". Adiós inspector, espero ver a ese hombre en la cárcel.
- Espera un poco, apenas son doscientas páginas, no tardo una hora.



El sábado ha transcurrido placentero, sé que voy a pagar bastante, pero no importa; entre nosotros ha nacido una amistad, hay confianza y el placer parece que ha sido mutuo. Maia ha preparado hoy la comida; una especie de empanada que llama Gibanica, con queso fresco, espinacas y carne. Para aprovechar la pasta sobrante hizo una Prekmurska, casi lo mismo pero en capas como el milhojas, con nuez, manzana, pasas, queso y miel.
Le dejé un chándal de mi mujer y paseamos de la mano por la finca. Creo que me estaba enamorando.
Por la noche, en la cama, ella me pidió que le rodease el cuello con mis manos; suave al principio, un poco más fuerte a medida que los empellones se hacían frenéticos, hasta dejarla sin respiración casi.
Cuando hubimos tomado el aire suficiente, ella me dijo:
- Me vas a salir caro, no voy a cobrarte… y si quieres, puedo ser tu amante.
Nos quedamos dormidos.

Hacia las dos, tuve que ir al baño. Aparté su brazo que rodeaba mi cintura, ella ni se movió siquiera. Cuando volví, la débil luz de la lámpara sobre la mesilla iluminaba su rostro. Noté algo extraño, encendí la de techo y observé horrorizado que tenía los labios y los dedos cianóticos. La puse boca arriba moviéndola por los hombros. No respondía. No había respiración, ni pulso. Inicie maniobras de reanimación; masaje cardiaco, insuflé aire como un poseso. Nada. Estaba muerta.
Lloré amargamente sin darme cuenta del panorama que se me avecinaba. De inmediato, mi mente maquinó un plan.
Lo más complicado, en un asesinato, es deshacerse del cuerpo. ¡Que dices estúpido, tú no la mataste! Pero si fui cooperante necesario. ¿Quien le proporcionó aquellas rayas? ¿Quién fue el que casi la estrangula? ¡Ella te lo pidió, majadero! ¡Tendría algo de corazón! Sea como fuere, ¡menudo pancho!

La deposité en la bañera y deje correr el agua caliente. Con mi navaja de afeitar le di un corte en las muñecas. La sangre comenzó a fluir despacio. Tenía que recoger todas sus cosas, las quemaría en la caldera de la calefacción, era grande y había carbón bastante. Pasaría la aspiradora una docena de veces, quemaría sábanas, almohadón, la maría y la nieve, todo. Nadie sabía de ella, sería una desaparición más. Luego, la trocearía, quemaría sus restos y esparciría sus cenizas por los parterres. Lo que tenía en el estómago se me vino a la boca.
La miré otra vez. Parecía como si el agua cliente hubiera activado la circulación. Su cara ya no estaba tan pálida ni los labios azules. La sangre fluía ahora más aprisa. Me incliné sobre ella, ¿era pulso lo que notaba?. Rápidamente busque gasa, vendé fuertemente las muñecas y puse mi oreja en su boca.
Dijo algo que no entendí, seguramente en su idioma, luego, cuando fue comprendiendo, musitó en español; ¿qué me ha pasado? -¡No lo quieras saber! le respondí llenando su cara de besos.

- Oye, Lubianja, aunque todo fuera tal y como se relata, no hay ningún asesinato. Es más, yo diría que le ha salvado la vida.
- De alguna forma debía acabar la novela, pero... ¿donde está Maia? 
- No lo sé. Llamaré al escritor y concertaré una cita.

- Hola, le habla la policía, soy el inspector Manuel Pradera. ¿Conoce a una mujer llamada Maia Anzelin?
- Si, la conozco.
- Hay una denuncia por desaparición, he de hablar con usted.
- Ella no está desaparecida, está en mi casa. Fue intervenida de urgencia en la clínica Salus Infirmorum. Una operación a corazón abierto, lo pusieron sobre una bandeja y le cambiaron unas cuantas venas que previamente extrajeron de una pierna. Ya va mejor, pero aún tiene lagunas; su cerebro estuvo cuatro o cinco minutos sin oxigeno…


Le he dicho a mi mujer que tengo una amante; te quiero Elena, pero también estoy enamorado de otra, si quieres la separación, lo comprenderé. Se enfadó, al cabo de tres días me dijo; mejor compartido que perdido, tendrás dos mujeres.



9 comentarios:

Marta C. dijo...

Ya lo he leído. Volveré a leerlo una segunda vez y te comento. Mi primera impresión es muy buena. Besos.

El sastrecillo valiente dijo...

No te cansas de publicar buenos relatos, Alfredo, yo de mayor quiero ser como tú ;-))

Éste me parece especialmente brillante, con dos o tres giros que te enganchan aún más. Enhorabuena.

Abrazos.

El sastrecillo valiente dijo...

No te cansas de publicar buenos relatos, Alfredo, yo de mayor quiero ser como tú ;-))

Éste me parece especialmente brillante, con dos o tres giros que te enganchan aún más. Enhorabuena.

Abrazos.

Alfredo dijo...

Marta.
La primera impresión es la que vale.
Casi mejor que no lo leas de nuevo, no vaya a ser que me pongas un montón de pegas.
Salu2.

Alfredo dijo...

El satrecillo valiente.
Gracias mil. Hoy escribí uno cortito. Espero que te resulte gracioso, lo subiré la semana que viene, cuando tenga una idea para el siguiente.
Ya ves, yo cuando sea mayor, quisiera ser pequeño.
Salu2.

Maria do Sol dijo...

Mais uma história com contornos estranhos. Na verdade tudo é possivel e a ficção por vezes pode ser real... estranha é também a generosidade da mulher que prefere metade do que nada...mas será que vale a pena ter algo apenas pela metade?

Abraços

Humberto Dib dijo...

No sé por qué razón en estos días estoy leyendo sobre muertes en los blogs amigos, parece que todos estáis macabros... o policíacos.
Me gustó la historia, pero tengo absoluta certeza de que ganaría mucho si la extendieras. Cada una de las partes que separas podría ser un capítulo. No sé si una novela, pero sí podría convertirse en un cuento largo. El argumento está, sería cuestión de ampliar los detalles, colocar algún que otro personaje secundario, esas cosas.
Claro, tú puedes hacer lo que mejor te parezca.
Un fuerte abrazo.
HD

Alfredo dijo...

María do Sol.
Hay países donde se permite la bigamia. Hay hombres que tienen un harén; ¿no comparten? ¿a cuanto tocan?
Si en la realidad, es posible, también en la ficción. A veces pienso que la ficción es solamente el reflejo de la realidad.
Gracias por el comentario.
Salu2.

Alfredo dijo...

Humberto.
Tendré que pensarlo con calma. Bastante lío tengo con Marta; he perdido las respuestas a sus comentarios. Tendré que empezar de nuevo.
Gracias Humberto por los consejos, y para que veas que no todo son muertos, voy a subir un cuentin algo más relajante. Tal vez.
Salu2.