martes, 4 de junio de 2013

¿Que los sueños, sueños son?



Anoche soñé. Como casi todas las noches, pero si casi todos los olvido apenas levantado, algunos, los que juzgo premonitorios, no. Es un mecanismo que no depende de mí, que sucede así, sin más.
Esos que recuerdo, son siempre pesadillas. Quizá algún entendido diga que es normal; es posible. Pero a mí no solo me acongojan, me preparan para lo que ha de venir, y eso si me asusta. ¿Serán premoniciones, o simples coincidencias?

Anoche soñé. Iba por un camino hollado por ruedas de carro. En las márgenes la hierba crecía feraz y el campo abierto. Las lomas se sucedían y el sol brillaba en lo alto dando alegría al paisaje. Delante de mí caminaba mi hija que llevaba un pequeño perro por la traílla. Los bordes del camino se iban poblando de árboles, que a medida que avanzábamos, tupían el cielo con su enramado. Aquello ya era un bosque.

Al doblar un recodo, nos topamos con un túnel. Parecía húmedo y lóbrego. Ganas me dieron de dar la vuelta, pero, la chiquilla, en la confianza que da el llevar al padre en pos de si, o tal vez, que los niños desconocen lo que es el peligro, ya se adentraba en la tenebregura.

Un trecho adelante, se veía la luz que se proyectaba por un agujero en lo alto. Había allí, en el centro de aquel pasadizo, una sala grande, y a un lado, una charca no muy profunda; un mozalbete bañaba a su perro en ella. Nuestro perrillo corrió a zambullirse tal y como viera al otro, pero este, molesto, le lanzó un mordisco. Los tres gritamos al unísono, el perro grande, comprendiendo el mal que había hecho, salía del agua y, acobardado, mirando hacia atrás, trataba de escapar del agujero. La niña lloraba, el chico reñía a su can, mientras, yo recogía al nuestro, que cual muñeco de trapo, ladeó la cabeza con el cuello roto.
Aquí acabo el sueño; desperté agitado y gritando.

Lo cierto es, que no tengo ninguna hija, ni tampoco perro, pero lo primero que pensé, sin poder apartar aquellas imágenes de mi mente, fue que debía de andar con cuidado en los próximos días; estos sueños me suelen traer consecuencias.

Hace tiempo, le levanté una chabola de esas de madera que venden para los jardines. Hoy fuimos a comprar un estor para las ventanas. Cuando llegamos, cogí las cortinas, la caja de herramientas y el taladro y me dispuse a colocarlas. Metí todo dentro echando en falta un listón de madera que necesitaba. Cuando regresaba con él, tropecé en un paso de la escalera, me caí hacia delante, me dí un coscorrón en la frente y me clavé la llave en la mano, que estaba colocada en la cerradura. ¡Ya empezamos! dije para mí pensando en el sueño. Restañe las heridas, unas tiritas, y al tajo. Pero el llavín se había roto quedando un trozo dentro, la puerta solamente abre con la llave. Saqué el trozo y me fui a buscar la de repuesto, pero no apareció. Entonces pensé, en que quizá con aquello que había sacado, me podían hacer un duplicado. Subí al coche y me dirigí al centro comercial. En una recta, de aquella carretera no muy transitada, un coche estaba parado en el arcén y una rubia minifaldera me hacía señales para parar. Precavido miré a todos lados, el camino estaba despejado, nadie en los alrededores. Se había quedado sin gasolina y necesitaba que alguien la llevara al centro comercial para comprarla. La dejé subir. Mientras ella iba a lo suyo, yo a lo mío, quedando a la entrada para llevarla de vuelta. El Mister Minit estaba cerrado, esperé un cuarto de hora, pero como no abría, me fui. A la salida ya me esperaba la rubia, junto al cajero. Fue entonces, cuando llegué a su lado, que me puso algo punzante en los riñones, me obligó a sacar mil euros -el tope- con los que se quedó, y vuelta al coche. De la gasolina, nada; no hacía falta. Me ordenó tirar la batería del teléfono, las llaves de mi coche y se largó. Para cuando hube recuperado las llaves, ya estaba lejos.
Ni siquiera me molesté en denunciar, no quería más líos. Durante la semana siguiente practiqué el sillón-bol viendo pelis de vaqueros y esperando a que escampase.


4 comentarios:

El sastrecillo valiente dijo...

TErrorifico cuento, amigo Alfredo, me ha gustado y desazonado al mismo tiempo. Creo que deberías hacer una selección de tus mejores cuentinos y presentarla a una editorial,

Un abrazo

Alfredo dijo...

El satrecillo valiente.
Me alegro que te haya gustado.
Me siento abrumado por tus palabras. Algunos de mis cuentinos creo que son pasables, pero alguien que apenas sabe que la p con la a dice pa, ni por asomo puede pensar en lo que dices.(Y no es falsa modestia)
Salu2.

Maria do Sol dijo...


"O sonho é a infinita sombra da verdade."
Giovanni Pascoli

Abrazos

Alfredo dijo...

María do Sol.
La verdad, no sé que decir.
Es muy cierto que casi nunca recuerdo mis sueños y tan solo una vez tuve una pesadilla. ¿Querrá decir esto, que mi vida es una mentira?
Salu2.