martes, 2 de julio de 2013

A las claras del día.




A las claras del día yo me levanto llorando
a las claras del día por que siempre ando pensando
que corta se hace la vida y que largo se hacen los años

Con setenta y ocho tacos a la espalda, veintiocho pastillas diarias y cuatro  chupitos de aerosol, no es de extrañar que cantase esta canción. Pero hoy me he levantado alegre. No sé el motivo.
Me fui a la cocina a prepararme el desayuno, así, en calzoncillos y camiseta. Me sentía ligero, como si el cuerpo no me pesase; sin un dolor y con la necesidad perentoria de dejarle a mi nieto esta nota. Por si venía y mi yo no estaba.

¡Qué cosas, mi yo! ¡Cómo se me ocurrió escribir esto! ¿Y como no iba a estar, si nunca salgo de casa? Algo me ronda por la cabeza que no acierto a discernir.

En fin, prosigamos. Espera, me he dejado en la mesita el avisador de emergencia. Si se enteran los de la Cruz Roja, que me lo quito por las noches, me echarán un rapapolvo.

La habitación está en penumbra; aún no he levantado la persiana. ¡Anda coño, pero si Alberto está en mi cama! ¡Que manía tiene de acostarse conmigo cuando vuelve de sus giras! Es mi nieto predilecto. Vive aquí, pero lo veo poco, siempre anda de un lado a otro, la música… Seguro que hoy hace la comida; fetuccini, como de costumbre.

La habitación está fría para el tiempo en que estamos. Y él, está raro. ¡Cagoenla! ¡Pero si soy yo! ¿Entonces…?

Querido nieto:
Cuando llegues estaré muerto, tal vez maloliente, ya sé que es un mal trago, pero no te preocupes demasiado, lo mío fue cosa de la edad. Lo que no acierto a comprender, es como he sido capaz de escribir a posteriori. Tu etéreo abuelo que te sigue queriendo.

P.D.

Ya puedes coger el saxo.

5 comentarios:

Maria do Sol dijo...

Não sei porque razão me é familiar este texto...talvez porque a modernidade se esqueceu de melhorar os afectos e esses cada vez estão mais escassos. Há tantos filhos e tantos netos que visitam os pais ou os avós apenas com o intuito de tirar proveito econmómico disso...que pena tenho de todos: dos pais que não são amados (talvez não tenham ensinado a amar) e dos filhos ou netos que não sabem amar....
Abraços

Marta C. dijo...

Alfredo, soy incapaz de seguir tu ritmo de publicaciones. Si puedo volveré. Un beso.

Alfredo dijo...

María do Sol.
María, el nieto del cuento, vive con el abuelo, algo que hay que agradecer. Solamente anhela el saxofón. A cambio de algo que no ha recibido, le hace compañía e incluso duerme con él en la misma cama o hace la comida. ¿Que más se puede pedir?
He intentado en pocas lineas, que se apreciara el cariño mutuo; el viejo- bueno, el espectro- no escribe la nota a sus hijos, se la manda a él. Y, ¿que veinteañero, se preocuparía de esa manera por un abuelo?
Solamente si hay algo especial entre los dos.
Salu2.

Alfredo dijo...

Marta.
A veces las ideas se amontonan y hay que darlas salida, que luego se me olvidan y tampoco es cuestión de llenar el blog de borradores.
Ya sé que podía aguantar un poco y redondear o pulir mis cuentos, pero soy incapaz.
Salu2.

fus dijo...

Impresionante como tus ideas vuelan por tu relato.

un abrazo

fus