jueves, 11 de julio de 2013

El extraño caso del robo del Santo Sudario.


Plantado frente al escaparate de la librería, Rodolfo contemplaba absorto la portada de un libro colocado en lugar preferente. A la derecha del atril donde estaba colocado el volumen, un cartelón con la foto del autor hacía propaganda de los premios obtenidos. Rodolfo comparaba a aquel hombre que le miraba sonriente, con la propia imagen reflejada en el cristal; piel tersa, ojos vivarachos, barbita arreglada, pelo negrísimo y ondulado, contra pelo alborotado y algo cano, ojos mortecinos y ojerosos que la abundante barba enterraban aun más.

Siete años hacía en que comenzara pergeñar aquél libro, tres desde que lo acabara. Aun era un éxito; numerosas ediciones corroboraban que a la gente le gustaba. Vinieron los premios, se hablaba de hacer una película, pero era necesaria una segunda parte. Y en este punto se hallaba.

Él sabía que tenía un compromiso para con los lectores que le habían hecho rico. También para consigo. Sabía que tenía potencial, que lo suyo no había sido como lo del burro, que se creyó músico porque la flauta tocó al dar un resoplido. Pero estaba vacío. Ni una idea para continuar aquel libro, ni otra que pudiera presentar como sustitución.
Y es que a su libro; "El extraño caso del robo del Santo Sudario", no le quedaba nada por añadir. La historia que narraba, trataba de un hombre, enfermo de cáncer, que como último recurso para librarse de su mal, piensa en robar el pañolón para colocarlo en su cabeza al igual que debieron de hacerlo con Cristo. Si él había obrado el milagro de sanar a aquella mujer que solamente tocó la borla de su manto, ¿qué no haría el sudario?
La trama relata las vicisitudes por las que el enfermo ladrón, ha de pasar para introducirse en la Cámara Santa, tras una detallada planificación.

Pagina a pagina se fue conformando el libro. Se lo sabía de memoria de tanto leerlo; palabras repetidas que era necesario eliminar, buscar los sinónimos, aquellos acentos que siempre se comía, alguna letra de más al pulsar dos teclas a la vez, una nueva idea que encajaba más arriba y que había que acomodar…

El protagonista había conseguido su propósito, pero tal vez, aquellos que aseguraban la procedencia del sudario, como aquel que fuera recogido por los apóstoles Pedro y Juan, junto con la Sábana Santa, en la tumba de Cristo, se equivocaron; podía ser santo, pero no obrar milagros. El milagro pues, no se había realizado y el hombre había muerto allí mismo con el paño colocado cual taled judío.

Ahora, aquél famoso director de cine, exigía una segunda parte con más enjundia, con hechos fantásticos que demostraran lo sobrenatural del paño. Era muy plausible, que en una ciudad provinciana, los rumores se convirtiesen en leyenda, y que la leyenda comenzara a circular. Un hecho no natural sería; como había abierto la reja de la capilla de San Miguel donde estaba el pañolón. Como lo había sacado sin destrozar el relicario donde se exhibía, ni cual fue el motivo por el que el hombre había bajado hasta la cripta de Santa Leocadia donde sentado apareció muerto. Allí había mucha miga y muchos efectos especiales que encandilarían al público. Habría que hacer modificaciones en el texto, comparar el poder del sudario a la lanza de Longinos, al Arca de la Alianza o al Santo Grial.

¡No! No haría una segunda parte ni modificación alguna. Pero, tras tanto tiempo tratando de dar forma a una idea que no cuajaba, allí estaba, ante el cristal y a punto de ceder.

Una joven se colocó a su lado. Miraba con curiosidad los libros expuestos. Todos, menos el suyo.

- Es muy bueno, le dijo, cómprelo que no se arrepentirá.

- Si, lo sé, respondió él volviéndose hacia ella.

Entonces la chica creyó reconocer al escritor. A pesar de su extrema delgadez, de sus hundidos ojos, lo reconoció.

- ¡Usted es… usted es… Rodolfo Valentino! Lo recuerdo bien, estuve en la presentación del libro y usted me lo firmó. ¿Qué es de su vida, ha publicado algo más?

- No. Estoy con los trámites del divorcio y no tengo la cabeza para escribir.

- Lo siento. Venga, le invito a un café.

Y allí cerca, en una terraza, se sentaron a conversar. El pidió un descafeinado de sobre, ella un té. Las cosas comenzaban a cambiar…

- ¿Qué le parecería una segunda parte?

- ¡Ni se le ocurra, está perfecto! ¡Que suerte, le ha salido un sobre de oro!

- Tenga, para usted que es la que va a pagar la cuenta.

- ¡Pero si es un montón de pasta! No lo puedo aceptar.

- Es mi regalo, la zorra de mi mujer no se lo llevará. Solo una condición le pongo: Mañana, a esta hora, tomaremos de nuevo café, yo invito.

Si, las cosas comenzaban a cambiar.


5 comentarios:

Alfredo dijo...

Como supongo que no todos los que lean este cuento, saben de la Cámara Santa y del Santo Sudario de Oviedo, me he permitido este escueto resumen sacado de Wikipedia.


La Cámara Santa de Oviedo, es un edificio situado dentro del conjunto de la Catedral. De estilo prerrománico asturiano, construida en el siglo IX, siendo, su función, prácticamente desde su construcción, la de guarda de las reliquias y tesoro catedralicios.

Se articula en dos capillas superpuestas y sin comunicación entre ellas. La capilla inferior, llamada Cripta de Santa Leocadia, y la superior o Capilla de San Miguel.

Se custodian en el interior; las cruces de la Victoria y de los Ángeles, símbolos de Asturias y de la ciudad de Oviedo respectivamente, la Caja de las Ágatas y el Arca Santa que contiene un gran número de reliquias entre las que se encuentra el Santo Sudario.

El Santo Sudario de Oviedo (conocido también por pañolón de Oviedo) es un pañuelo de lino manchado de sangre y alguna quemadura de velas, de forma rectangular con una medida de 83x53 centímetros venerado como una de las prendas funerarias descritas en Jn 20, 7. San Juan menciona un «sudario» que cubría la cabeza, y una «prenda de lino» o «vendajes» cubriendo el cuerpo. Se cuenta que el sudario de Oviedo fue la prenda que cubrió entonces la cabeza de Jesús y que según el Evangelio encontró el apóstol S. Pedro junto al apóstol S. Juan al llegar a la tumba vacía de Jesucristo y que recogió junto con la Sábana Santa de Turín (Jn 20, 6).
Salu2.

Maria do Sol dijo...

Olá Alfredo
Mais um momento de aprendizagem. Obrigada por isso.
Estarei ausente uns dias pois vou fazer uma cirurgia. Vou sentir falta deste espaço.
Abraços

Alfredo dijo...

María do Sol.
¿Sabias, que un compatriota tuyo se atrevió a robar en la Cámara Santa?
Lo cogieron después de un tiempo.

Espero que salgas con bien de la reparación, que no tenga mucha importancia y que después seas más feliz.

Yo acabo de salir de urgencias, con esta ya son dos las veces que fui en ocho días. Al final, también tendré que pasar por el quirófano. Estoy esperando a que me avisen.

Gracias por tu comentario y espero que te recuperes pronto.

Maria do Sol dijo...

Olá Alfredo
Estou de volta. A cirurgia correu bem (olho esquerdo - cataratas), voltarei ao bloco operatório em Setembro para tratar o olho direito.
Relativamente ao meu compatriota desonesto, há que lamentar...odeio desonestidade, apropriação indevida do que não nos pertence...terrivel.
As tuas melhoras.

Abraços

Alfredo dijo...

María do Sol.
Me alegro de que todo haya ido bien.
En cuanto al robo mencionado, perdona, no fue un portugués, fue un gallego al que cogieron en Portugal. De eso hace ya más de treinta y cinco años y no lo recordaba muy bien. Al final el robo sirvió para reforzar las medidas de seguridad que eran bastante precarias.
En lo que queda de mes tengo tres citas, espero que entre todos me arreglen.
Salu2 y gracias.