miércoles, 18 de septiembre de 2013

Piojos y Piojosos I. (Reposición)

Desde la más remota antigüedad, en cualquier país o civilización, tanto mujeres como hombres, han sentido la necesidad de acicalarse para encontrarse bellos ante los demás.

Cleopatra se bañaba en leche de burra mezclada con miel, y para disimular las arrugas de sus ojos, usaba una crema a base de pulpa de albaricoque, se pintaba los párpados de color verde y usaba pestañas postizas. A los labios les daba carmín, en sus mejillas se mezclaban el rojo y el bermellón; las venas de su frente y de sus manos remarcadas en azul.

Las meretrices griegas se ponían mascaras de albayalde y miel durante la noche. Al levantarse se lavaban la cara con agua fría y volvían a pintarse con otra capa de albayalde muy diluido. Sobre las mejillas se aplicaban un producto procedente de una flor espinosa de Egipto diluido en vinagre. En los labios y en los pezones ponían carmín y el pelo lo teñían con zumo de azafrán.

Dicen que los romanos se lavaban los dientes con orines, siendo los más apreciados los que llegaban de Hispania. No me extraña, si eran de los astures seguro que los recogían al salir de los "chigrorun" tras trasegar unas buenas "sidricilinas". El transporte hasta los puertos de levante en ánforas de barro les confería nueva sustancia. Luego, el viaje por mar, agitado suavemente por las olas del mediterráneo debían de darle el bouquet final. Supongo que los orines andaluces procedentes de los "finus amontillatus", los castellanos de los vinos "gordum y oscurum" de "Toribus" o los "alvariñus" de la Gallecia y los procedentes del "acua Valencianorum", no eran menos apreciados.

Al igual que Cleopatra, Popea en sus viajes, se hacía seguir de trescientas burras para ser ordeñadas para el baño de cada mañana. Luego, una esclava llenaba su boca de perfumes que aventaba a modo de spray sobre el rostro y el cuerpo de la dama. No sé si Popea al igual que otras mujeres de su época, consideraba hermoso que las cejas se juntasen sobre la nariz, de ser así, se usaba un compuesto a base de huevos de hormiga machacados con cadáveres de moscas que abonaban y teñían la zona.

Según Petronio, "el as de la elegancia", en su Satiricón, dice: "Sobre su frente bañada por el sudor fluía un torrente de aceites, y en las arrugas de sus mejillas había tal cantidad de yeso que se hubiese dicho que era una vieja pared decrépita surcada por la lluvia."

Con el cristianismo la condena de las "artimañas del diablo" empleadas por las mujeres para seducir a los hombres se convierte en máxima; Tertuliano, san Jerónimo y san Cipriano hablan en contra de los ungüentos y los perfumes, San Clemente de Alejandría autoriza los baños pero sin abusar y, condena los establecimientos que de día y de noche se ocupan de masajear, untar y depilar.

Hablando de baños, los llamados "baños árabes" de la Edad Media eran objeto de condena, no por el uso que se hacía de ellos, el culto del cuerpo, sino por la promiscuidad que en ellos se daba. Eran muchas veces centros de reunión y contratación de favores eróticos y siempre hablamos con algo de recelo de los baños turcos. En España la costumbre del baño no fue muy extendida, tan católicos nosotros, llegamos a confundir la limpieza del cuerpo con las abluciones rituales del Islam.

A los bizantinos les gustaban los ojos redondos cual búho, pintándose al lado del lagrimal una gota de carmín como una lágrima. La emperatriz Irene casada con el emperador León IV, fue emperatriz gracias a ganar el concurso de belleza donde el emperador era el premio. Irene para conservar su belleza y la blancura de su piel, se servía de un ungüento a base de pepino machacado y excrementos de estornino. Casi igual que ahora.

Los árabes adoptaron de los bizantinos el gusto por los baños y los perfumes. Tal vez la escasez de agua en el desierto les empujara al baño, en cuanto a los perfumes, el moro Albucaste descubrió el alcohol a partir del vino y de ahí nació la perfumería. A las mujeres musulmanas que pasaban horas y horas en el harén maquillándose y depilándose, este invento les vino de perillas. Utilizaban - aún hoy- henna para pintar de rojo los dedos y las palmas de las manos, así como los talones y los dedos de los pies. Los dientes se los limpian con una mezcla de nácar, cáscaras pulverizadas de huevo y polvo de carbón.


Este año es santo para Santiago de Compostela, el botafumeiro funciona a todo ritmo pero ahora no lo hace con el objetivo de la Edad Media. Todos sabemos que su origen se encuentra en la necesidad de purificar el ambiente producido por el hacinamiento de los peregrinos. Estos, tras meses de caminata, llegaban sucios y malolientes al lugar llamado Lava Colla. Esta palabra deriva del latín Zava, "lava" y "coleo", que significa testículo. Dicho sea en Román paladino; Se lavaban los bajos fondos. Es posible que algún guarrillo pasase, la poca costumbre, el agua fría... y por otra parte la ropa utilizada durante todo el viaje también tendría su tufillo con el añadido de piojos, pulgas y garrapatas.

Juan de Milán escribió un libro donde da los siguientes consejos: para conservar una tez fresca y lozana se recomienda "tomar tres o cuatro puñados de flores de saúco, un cuarterón de jabón de Francia, tres hieles de buey y tres vasos de vuestra orina, haced que reposen tres o cuatro días en un recipiente de arcilla y lavaos la cara con dicho líquido".

Alberto el Grande en el "Tratado de las heces" dice: "Como el hombre es la más noble de las criaturas, sus excrementos tienen también una propiedad particular y maravillosa", y en otro lugar explica: "Aunque naturalmente se siente repugnancia en beber la orina, no obstante cuando se bebe la de un hombre joven y de buena salud no hay remedio más soberano en el mundo."

Recuerdo, un reportaje de la tele, en que un ministro hindú o persona muy principal, bebía todas las mañanas un vaso de su orina.

Por hoy nada más, continuaré mañana donde contaré el motivo del título.

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